La otra Radio

Lun, 01/10/2012 - 00:31
Hay una realidad poco o nada atendida: el desarrollo de contenidos de las cadenas radiales comerciales guarda relación estrecha con los intereses de sus propietarios.

A esa, se suma otra realidad:
Hay una realidad poco o nada atendida: el desarrollo de contenidos de las cadenas radiales comerciales guarda relación estrecha con los intereses de sus propietarios. A esa, se suma otra realidad: en una sociedad de cotidianidad radial como la colombiana, el protagonismo reconocido a la radio comercial no deja ver la calidad de emisoras ajenas a ese circuito. Amantes fieles de la radio, deambulan de noche y de día por el dial, en búsqueda de esos contenidos que la radio convencional no ofrece. Sin necesidad de preguntarles, ellos dan fe permanente de la existencia de esa otra realidad radial. Es la ley de los contrarios, de la que no escapa ni la radio: lo que más se escucha no es lo mejor, y viceversa. Tal es el reino de las cadenas de varios de los grupos económicos más poderosos del país en la programación radial de las mañanas hábiles, que uno de ellos, arrepentido de haber salido, volvió a ingresar, así tocara con marca nueva; eso sí, a hacer más de lo mismo. Otro, ausente de esas lides enfila baterías para entrar al negocio. Eso dicen. También dicen que no es por dinero sino por poder. Poder, en virtud del cual estas organizaciones empresariales hacen su juego: reproducen tal cual la información oficial (sin contexto, sin historia y sin confrontarla con la realidad); promueven opinión que no llega al fondo; dan protagonismo a unos temas menospreciando otros de mayor utilidad para la comunidad, y ponen a discutir sobre problemas que afectan el bienestar general a los menos indicados: políticos, dizque de politólogos. Politólogos opinando como políticos, y analistas con la camiseta del interés particular puesta. Monda y lironda es esta verdad: Desde hace rato, a periodistas directores les interesa más sentirse parte de los círculos del poder socio económico, que su compromiso con el credo periodístico. Poquísimas son las excepciones. A la mayoría la determina en su trabajo el arribismo social. En la medida en que tal anomalía persista, la defensa del bien común seguirá quedando en entredicho. En ese congracie con los poderosos, ésta sale perdiendo y, finalmente, la sociedad. Se agrega aquí otra explicación al flujo de oyentes reflexivos, descreídos de lo que escuchan cada mañana, moviéndose a buscar otras alternativas. Y debe ser así. Cuando se emula en los horarios matinales a esos navegadores del espectro radial, podemos encontrarnos con programas de análisis sobre problemática nacional, puestos a la mano por la radio universitaria, discutidos por académicos, sin otro sustento que el conocimiento y sin más interés que el general. Atreverse a comparar es constatar este vacío en la radio comercial. Ni qué decir de la buena factura y del aporte formativo de propuestas radiales sobre libros y autores, música de la buena (no por dictamen del mercadeo), medio ambiente, ciencia e investigación. La diferencia radical está en la construcción de conocimiento cierto y arraigos auténticos. Realizaciones, hechos y personajes son narrados en sus contextos y con su historia, cosa que aporta credibilidaden lo que se escucha. En estas y otras materias hacen su contribución,la Radio Nacional (que cubre todo el país), UN Radio (emisoras de la Universidad Nacional de Colombia), la red colombiana de radio universitaria, y varias que desfilan sin arrogancias por el dial. Como en la mayoría de actividades humanas destinadas al consumo masivo, los contenidos se están nivelando por lo bajo. Es el sello característico de la época. Es también el de las cadenas comerciales de radio que en su convencimiento no ven la necesidad de cambiar. Como si sólo ellas poblaran el dial colombiano, persisten en su actuar. Esa otra radio, con sus realizadores casi anónimos y su compromiso con la sociedad, tiene con qué desmoronarles el pedestal.
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