La paz, los gremios y el Consejo Gremial

Mié, 26/09/2012 - 09:00
El país no puede llamarse a engaño en cuanto a la investidura de los personajes que han sido llamados para “negociar” la paz. Resulta de la mayor trascendencia para asegurar los fines propuestos
El país no puede llamarse a engaño en cuanto a la investidura de los personajes que han sido llamados para “negociar” la paz. Resulta de la mayor trascendencia para asegurar los fines propuestos por los promotores de la iniciativa, establecer de una vez por todas, cuál es la naturaleza y cuáles son las características que configuran la representación de todos aquellos a quienes el Presidente de la República ha decidido llamar, para que tomen asiento alrededor de una mesa en la cual se van a decidir aspectos tan trascendentales como la Justicia que es el valor supremo de la Nación, la moral futura del país, el comportamiento ético de la administración en el transcurso de los próximos años, las contraprestaciones o sea el do ut des del negocio en cuestión y todo los demás que está expuesto sobre la mesa de juego. Los generales en su condición de oficiales retirados, quienes por hacer parte de la denominada reserva activa de las fuerzas, al aceptar el encargo que se les ha hecho nos hace suponer que de nuevo están en condiciones de acatar solo las instrucciones, las órdenes y sugerencias impartidas por quien los ha vuelto a reenganchar a una extraña forma de servicio, pues si de alguna manera se busca hacer que tales oficiales representen algo del pensamiento existente en las plazas de armas y casinos, sus aportes conceptuales dejarían de estar signados por todo lo que les fue caro en su vida profesional y es la no deliberación en materia política; y que ni por chanza se diga que el negocio de la paz no es la sucesión de actos que exigen como condición la absoluta libertad de opinión. Lo contrario sería pedirles que como especialistas en el manejo de situaciones de guerra y de conflicto que en su momento lo fueron, sus personales opiniones como que no resultarían de mayor utilidad para los propósitos de conseguir la paz. Contrasta con lo anterior el llamamiento a los empresarios quienes desde hace muchas décadas resolvieron crear sus grupos de presión para sacar adelante sus particulares opiniones, en ejercicio de su natural derecho a deliberar sin sujeciones ni condiciones, en torno de todo lo que se les antoje, incluidas las cuestiones políticas y hasta sus desafectos respecto del gobierno. La representación de los empresarios y del denominado Consejo Gremial, sin que esto pueda implicar descalificar su vocería, por la complaciente precipitud de la aceptación podría terminar restándole solidez y coherencia al pacto, si es que este se llegare a producir. Después de las declaraciones inaugurales con las que la contraparte anuncia la aceptación pública de su intención de negociar con condiciones, la agresión deliberada y cargada de furia contra la inversión extranjera y las multinacionales, no le pueden dejar dudas a nadie y mucho menos al Jefe del Estado, que sobre este capítulo del negocio es esencial cerrar filas, toda vez que la presencia de la inversión extranjera en nuestro país no solo es una valiosa tradición, que nace antes de la guerra misma, en desarrollo de la voluntad expresada por el pueblo en la Constitución Nacional, reiterada por las leyes de la República y promovida por el propio Presidente de la República y buscada por quienes lo antecedieron en el cargo. Así pues, la defensa del capital extranjero no es faena para un único y rubicundo espadachín sino que es tarea que a todos nos obliga y corresponde. No ha dejado de sorprender a algunos empresarios lo intempestivo de la comunicación recibida por los afiliados al gremio, suscrita por la señora presidente y el vicepresidente de la Junta de Dirección General, en la cual se les anuncia que han impartido su aprobación a la designación de su presidente en el equipo negociador del proceso con las Farc, que esto no implica su separación del cargo, y que este servicio será semejante a aquellos que sobre el mismo tema prestó en el pasado, como la atención de grandes desastres como el terremoto del año 1999 o la ola invernal del año 2010. Para finalizar la lacónica circular se reitera que la participación del presidente del gremio en la negociación no implicará su retiro ni temporal ni definitivo de la presidencia del gremio y que el equipo de funcionarios continuará prestando los servicios a los afiliados. Si bien es cierto que nadie puede poner en duda los buenos oficios cumplidos en la recuperación de los desastres mencionados, también es necesario recordar que se buscó con ello encomendar el manejo rápido y eficiente de los recursos económicos, poniéndolos en manos privadas a fin de evitar corruptelas, inejecuciones, obras extras, obras adiciones y en fin todo lo que ha sido el rompecabezas de la contratación pública. Y también es útil recordar que ni el terremoto ni la ola invernal tuvieron causa u origen de naturaleza política y que la restauración de las ruinas de igual manera debía guardar una distancia de la cuestión y los asuntos políticos, pues ella tenía como fuerza dinamizadora la solidaridad expresada en buena medida por las donaciones realizadas. El comunicado no expresa en manera alguna que la aceptación de la designación del presidente del gremio en la mesa de negociaciones, provenga de la deliberación o del análisis de algún órgano estatutario competente, como lo es la propia Junta de Dirección General la cual no habría sido convocada para examinar tan delicado encargo. Las dos personas que suscriben la circular dicen “dimos nuestra aprobación con entusiasmo y comentamos sobre la necesidad de infinitas cautela y prudencia”. Alguien podría concluir que se trata de un encargo precario. Respecto del otro título que se invoca para tomar asiento en la mesa de marras es el de Presidente del Consejo Gremial Nacional. Al parecer por este lado tampoco se realizaron las consultas obligadas con los gremios asociados, pues no se entiende cómo el presidente de los comerciantes, en su congreso anual de la semana pasada, resulte abogando en forma pública, vehemente e imprecisa por una reforma sustancial al régimen laboral colombiano para abaratar la mano de obra, tema de especial sensibilidad en una negociación como la que pretende adelantar el Presidente de la República. Estos aspectos creemos que ameritan ser precisados y definidos en beneficio del negocio proyectado para que el día de las celebraciones no resulten muchos alegando su derecho al retracto de lo pactado.
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