La sapería de los liberales

21 de marzo del 2011

Para aquellos que vivimos y participamos de las peleas del Partido Liberal con el ministro de defensa Juan Manuel Santos, la sapería del Liberalismo, tiene algunas explicaciones nada estimulantes. Solo un partido que dejó la ideología en la caneca de la basura, puede dar esos virajes de odio a amor que están dando los miembros del Partido dirigido por Rafael Pardo. Nadie niega que Juan Manuel Santos Presidente sea mucho más amable y más receptivo que Santos Mindefensa. Pero pensar que las motivaciones del Partido de la U, del cual el Presidente es fundador, son las mismas del verdadero liberalismo, es inaceptable para los que seguimos las ideas de la equidad como norte y no solo limosnas para los  pobres; que creemos que sin Estado no hay mercado y que es imposible construir una sociedad menos injusta que la colombiana si los impuestos y el gasto público no son realmente progresivos. Tampoco un verdadero liberal habría propuesto algo distinto a fortalecer la universidad pública con recursos fiscales y no ese enredo que planteó el Gobierno; y la absoluta prioridad sería hacer de toda la educación pública un verdadero factor de homologación de la población. Sin duda, hay puntos de convergencia como la Ley de Víctimas, pero siguen existiendo grandes distancias en las posturas del mercado como rey a las del Estado como responsable del bienestar de todos.

Fue tal la entrega de los jefes del Partido Liberal, que al Presidente se le fue la mano en entusiasmo y declaró: “(…) si me consideran su Presidente, yo los considero como mi partido”. Obviamente se le prendió la U que fundó, y tuvo que salir a afirmar en twitter: “Nadie se equivoque. Compartir ideas de otros partidos no significa abandonar al que es y seguirá siendo mi partido, el partido de la U”. Este episodio no puede pasar desapercibido porque es el preámbulo de lo que seguramente vendrá: El presidente Santos dueño del Liberalismo. Quedará en el olvido la definición de Carlos Lleras de que el Partido Liberal era un conjunto de tendencias de izquierda y con ello, gran parte de los que creemos que llegó la hora del “crecimiento compartido”. El glorioso Partido Liberal, bien bajo Germán Vargas o bajo el presidente Santos, será de derecha, de centro derecha para ser justos y diferenciarlos de los conservadores.

Lo positivo de estas señales es que se aclara el panorama a los que nos sentíamos cómodos en un liberalismo de centro izquierda. Pero estas ubicaciones no son gratuitas. Peligrosamente el Liberalismo está dejando atrás su gran objetivo de proponer reformas estructurales en la política social y más bien, se inclina por algunas claramente populistas. Sin duda, Colombia no puede seguir con 70 por ciento de su población sin pensión de vejez y es inhumano condenar a nuestra creciente población de tercera edad a seguir en la incertidumbre y la mayoría en la pobreza. Pero una verdadera reforma liberal es la que replantaría el sistema de pensiones en Colombia. La Ley 100 fracasó no solo porque no redujo el costo fiscal, como se arguyó en su momento, sino porque seguimos con la misma precaria cobertura en pensiones, menos del 30 por ciento. Pero en vez de proponer ese gran debate, la nueva propuesta liberal es la del ahorro subsidiado. No se puede seguir tratando de poner parches a un sistema tan complejo y peor aún, esta propuesta puede terminar en otra más populista, propia de otras ideologías. Que dolor, además de clientelista, se nos vuelve populista el actual Partido Liberal.

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