El Partido verde ha tenido dos grandes bajas en las últimas semanas que generan un desafío singular de encontrar un norte y construir reales posibilidades de ver la luz al final del túnel en materia de supervivencia. La dolorosa partida de una completa dama, la senadora defensora radical de los niños, Gilma Jiménez y la intempestiva salida de Carlos Fonseca de la Dirección de Colciencias, al parecer por una jugada burocrática, que aún no está muy claro si responde a una movida interna de los verdes, que se reacomodan a los trancazos en la Unidad Nacional, así sea cabalgando en la inusitada necesidad del gobierno de aplicar la ley de cuotas, o si las presiones de los sectores damnificados con el romanticismo de Fonseca y sus concepciones verdes sobre la ciencia para la paz y para el bien de la humanidad lograron encontrar el resquicio para que pudieran sacarse el clavo.
Lo deplorable es que a todas luces el Presidente Juan Manuel Santos deja ver que para cumplir con cuotas burocráticas, así sea por equidad de género, bien vale la pena sacrificar la ciencia, la innovación o la tecnología, tres metas distintas que para cualquier país con ganas de superar el umbral del atraso serían una urgencia verdadera; por desgracia en el país del Sagrado Corazón el gobierno muestra una vez más que tristemente esos siguen siendo cargos “comodines” y que en el mejor de los casos son apenas alfiles que se pueden mover o sacrificar para satisfacer enroques burocráticos.
Ya lo ha dicho la comunidad científica de todas las formas posibles, no es serio que en un mismo gobierno hayan rodado por lo menos tres cabezas en la dirección del ente que debería garantizar la prosperidad científica. No genera la confianza inversionista, dirían los uribistas, en escenarios internacionales relacionados con los asuntos del desarrollo científico, la transferencia tecnológica o la competitividad creadora, que un gobierno que dice querer impulsar la locomotora de la innovación en la práctica prefiera echarle carbón a los ajustes burocráticos antes que a los vagones del conocimiento.
Es probable que la nueva directora, Paula Arias, logre sacar la cara y amortigüe estos remiendos improvisados del gobierno y que pueda hacer que no se afecten la ciencia, la tecnología o la innovación. Ella es una ejecutiva de buen nivel competitivo y con un poco de amplitud de pensamiento puede ayudar a desempañar este penoso episodio. Lástima que su llegada queda como parte de una conspiración y no como la selección calificada que su estatura directiva merecería. Su primera tarea será tratar de mitigar las embarradas y ojalá que sólo sean del gobierno. Porque si llegan a ser también del Partido Verde, pocos electores van a perdonar ese nivel de irresponsabilidad y oportunismo. Lo único que el verde sacará de haber sido protagonista en este caso es disminuir la fe en sus directivas, lo cual por supuesto afectará sus urgencias electorales en momentos en que requiere grandeza y no mezquindad para no desaparecer como Partido.
La nueva Directora tiene como salir adelante a pesar de que la suerte la puso en esas condiciones confusas e incomodas. Su gestión puede resultar eficiente porque es una mujer de retos y ambiciones. Menos mal que la tacada de la barahúnda politiquera recayó en alguien con criterio de emprendimiento, con respeto por la academia y con trayectoria en el mundo empresarial. Es sensible y comprometida. Y como mujer ya ha iniciado transformaciones culturales y de presentación en la institución que heredó en esa caída temprana del exdirector verde. Y aunque no entrara por ella puede salir por la puerta grande porque tiene alma de torera y porque es de resultados. Pero sobretodo si le sabe poner el freno a ciertos apetitos burocráticos de algunos verdes que han demostrado que en esa materia hacen lo mismo que critican, codean mejor que los tradicionales y se atornillan sin ningún rubor por no ejercer como hombres nuevos, con prácticas nuevas o con ilusiones renovadoras. Que tenga mucha suerte y mucho pulso, la doctora Arias, por el bien del país, del conocimiento y de las mujeres.
El problema señores, dice Silvio Rodríguez, aunque ahora habrá que decir señoras y señores al tenor de la famosa cuota femenina, sigue siendo sembrar amor. Con herencias verdes y con sueños planetarios aún no se vislumbra el camino limpio. No se ara en tierra fértil si no se asume como prioridad de nación el asunto de la educación, si no se prioriza la ciencia, si no se le apuesta a la sociedad del conocimiento. Pero claro, menos si no se intenta cambiar la cultura burocrática y politiquera que cree que los temas de construcción de nuevos aprendizajes y de novedosos enfoques en la formación de pensamiento deben seguir a la saga de las componendas y las movidas clientelistas. Qué pesar que no sea que la nueva directora haya sido escogida como la mejor en un abanico de personas comprometidas con la ciencia o con la tecnología o con la innovación. Qué pesar que sus calidades hayan sido opacadas por trapisondas oscurantistas.
El Partido Verde no tiene más remedio que aclarar esta situación. Y debe aprender sin rodeos y con vergüenzas de esta lección. Debe seguir insistiendo en las banderas que hicieron que la inconformidad con las prácticas politiqueras lo dieran a luz. Debe mirar autocríticamente si su participación en la Unidad Nacional lo puede estar llevando a sacrificar sus concepciones distintivas, si el oxígeno clientelista no está asfixiando su espíritu renovador, si las dádivas burocráticas se pueden convertir en el harakiri para su sostenibilidad y si sus dirigentes aún están a la altura de los sueños de la Ola Verde. Debe mirarse al espejo y preguntarse si quiere tener realmente una agenda verde, si quiere tener cuadros verdes y si quiere inscribirse en unos marcos filosóficos que lo muestren como una alternativa sustentable frente a las prácticas tradicionales de ejercer el poder. Porque por ese camino errático lo único que está garantizado es que se dilapidará el caudal electoral y se perderá el umbral en la próxima contienda.
Porque si la sal se corrompe apague y vámonos. Si hay alguien a quien le preocupe sinceramente introducir una nueva forma de mirar el futuro desde las instituciones encargadas de fomentar la investigación y el conocimiento tiene que preguntarse sin engaños cuál es realmente la apuesta verde respecto del futuro del país en este terreno. El partido tiene que revisar sus aliados y sus convicciones frente a las ausencias en temas de educación, de democratización del conocimiento y de empoderamiento social de las nuevas tecnologías. Sobre todo ahora que regresan el Mockusismo y el fajardismo a las toldas verdes, el partido no puede ser ajeno a la suerte de la educación en Colombia ni hacerse el de las gafas frente a la manera en que el gobierno quiera manejar el futuro de la formación investigadora. La ciencia para la paz es una premisa verde y la educación como antesala de la equidad es un principio innegociable. Nunca el acomodamiento clientelista puede estar por encima de estos estandartes. Si no, mejor ser liberales para no parecerse tanto a los politiqueros conservadores.
La triste partida verde: Pierde la dama, sacrifica un alfil y hace un corto enroque
Vie, 05/07/2013 - 01:01
El Partido verde ha tenido dos grandes bajas en las últimas semanas que generan un desafío singular de encontrar un norte y construir reales posibilidades de ver la luz al final del túnel en materi
