En todas las sociedades se forman roscas entre grupos de personas que así aseguran su sostenibilidad en el poder y muchas veces, sus ingresos, y vale repetirlo, Colombia no es la excepción. Aquellas que más preocupan son las roscas que se instalan en las instituciones y que sin importar lo que hagan, permanecen en ellas. Nadie las saca porque en este país la rendición de cuentas es generalmente una farsa y además solo se le exige al sector público, cuando en el sector privado pasan cosas iguales o peores. No se trata de trabajar con el enemigo, ni más faltaba, pero sí que la evaluación social funcione en todos los casos.
Gracias a estas roscas, Colombia es un país en donde todo tiene dueño. Esa democracia que tanto se cacarea muere rápidamente cuando los grupillos se apropian de las organizaciones. Por tener menos vigilancia; por estar expuestos en menor grado a la opinión pública, las roscas florecen por ejemplo en las entidades sin ánimo de lucro. El más vivo de la rosca se apodera de todo y nadie dice ni mu porque esperan alguna vez tomarse el poder y hacer lo mismo. Para empezar, una mirada a los partidos políticos permite anotar que quienes llegan a la dirección de los mismos hacen lo que les parece y nadie les toma cuentas. Alguien ha preguntado, fuera de los corredores, ¿cuánta plata le cuesta al Partido Liberal su dirección y el equipo de Rafael Pardo? Secretarias que se ganan 4 millones de pesos, un director que gana más que un senador y un grupo de sus súbditos con altos salarios como asesores. Antes, los directivos del Partido lo hacían sin retribución económica porque lo consideraban un honor. Eso sí, se sabe que a algunos se les pagaban sus guardaespaldas y los gastos de su oficina. Pero si se trata de conseguir algún apoyo del partido, lo que dicen sus militantes, que no es mi caso, es que nunca hay plata para nada. Obviamente distinto a los intereses de Pardo y su rosca.
Pero otro caso que parece increíble es lo que sucede con el Observatorio del Caribe. Recibir del gobierno nacional, hace catorce años, un capital semilla de 1500 millones de pesos, y hoy estar reducido a su mínima expresión, es una historia difícil de entender. Pero ese no es precisamente el punto, porque explicaciones puede haber muchas, como no entender que un capital semilla es para multiplicarlo y no para gastarlo. Pero el punto va a qué mirando la última publicación de AGUAITA, su revista, resulta que el Consejo Asesor del Observatorio es prácticamente el mismo desde hace 14 años. Gente de muy alto perfil, nadie lo duda, de probada honradez, de acuerdo, pero si bajo su dirección se diluyó este que debía haber sido el centro de pensamiento para cambiar el rumbo de la Región Caribe, ¿cómo siguen ahí? Y si después de estar 14 años en su grupo directivo, ¿no sería necesario que rindieran por lo menos explicaciones? Con mucha pena porque creía que las roscas eran más cachacas que costeñas tengo que afirmar, con la autoridad que me da el haber asignado como Directora de Planeación Nacional y con el apoyo del Presidente de la época, ese capital semilla para cambiar el destino de la región, que este es un caso más de las roscas colombianas. ¿Qué hacer? Denunciarlas por lo menos, para confirmar si contra las roscas, el antídoto es la sanción social.
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@CeciliaLopezM
Las roscas: ¿qué hacemos con ellas?
Lun, 11/07/2011 - 00:03
En todas las sociedades se forman roscas entre grupos de personas que así aseguran su sostenibilidad en el poder y muchas veces, sus ingresos, y vale repetirlo, Colombia no es la excepción. Aquellas
