Los apáticos

Mié, 12/10/2011 - 00:00
Los apáticos tienen un ego superior al de Peñalosa y superan sin mayor dificultad la arrogancia de Petro, a la que se refirió Abad, con sutileza, en la W. Para ellos

Los apáticos tienen un ego superior al de Peñalosa y superan sin mayor dificultad la arrogancia de Petro, a la que se refirió Abad, con sutileza, en la W. Para ellos Montesquieu fue un aparecido en la historia, y la política una “cosa” ajena y jarta, exclusiva de los aburridos. Los apáticos son “machos”, las apáticas las más “astutas”. Eso de la democracia lo miran de reojo, con desprecio y desinterés. A los electores, a los que nos inquieta eso de elegir gobernantes, nos tildan de charros y desocupados. Cuando votan lo hacen por una valla bonita, y cuando no votan, por guayabo o por pereza. Son rebeldes de raca mandaca, de tiempo completo, de día y de noche. Para ellos Colombia, y eso de ser colombianos, fue casi un accidente. De vez en cuando les interesa la Selección o la “última” de Shakira, lo demás, lo del Estado Social de Derecho, lo de la participación ciudadana, lo de la Constitución del 91, les parece de lo más out. El 30 de octubre del 2011, para ellos, es solo el día antes de Halloween. En estos días no les preocupa lo que ofrece el tarjetón, pero si la oferta de disfraces.

Los apáticos se creen más vivos que cualquiera. Ellos “no le siguen el juego a los políticos”, los dejan jugar. Con una inentendible prepotencia, creen que Angelino es senador, que Noemí es candidata a algo, que Gina es ministra, que Petro es todavía guerrillero, que la Cosa Política el programa de análisis más profundo del país, y la Asamblea ¿Qué es eso? Los debates electorales les parecen una tontería a lado de “Yo me llamo”, “Factor X” o una serie gringa. Cuando hablan de elecciones, las pocas veces, y logran identificar candidatos o alternativas, tildan de “cucho” a Jaime Castro, o de “pichones” a Luna o a Galán. Para ellos las propuestas no valen, y si por algún motivo extraordinario deciden escucharlas, las reales y viables les parecen malísimas, y las que carecen de cualquier viabilidad buenísimas, tanto que a veces logran que se dignen a votar.

Los apáticos más nobles quieren ignorar los corruptos, los politiqueros y los clientelistas. Sin embargo, ignoran que ellos, por indiferentes y pasivos, resultan ser los mejores aliados de los antagonistas de la cosa pública. Nada diferente prefieren esos personajes, a que las mayorías, los apáticos, sigan observando con tranquilidad que la crisis, como decía Garzón, es una profunda redundancia. Nada mejor para los actores de la corrupción, que los apáticos sigan convencidos de que Colombia no les pertenece, de que exigirle al Estado no es un derecho ni tampoco un deber. De esos viven los corruptos, de los que no tienen intereses sobre el destino final de sus impuestos y brillan por irresponsables y ausentes a la hora elegir a los protagonistas que decidirán cuál será ese destino de los recursos públicos. (¿O bolsillo?)

Colombia necesita dejar bailar con la indiferencia, con la apatía, ese baile solo le sigue el ritmo a la orquesta que aquí ha montado una minoría, corrupta e inmoral, que desde posiciones agazapadas, como Concejos y Asambleas, o incluso Alcaldías y Gobernaciones, financiada en alianza con criminales, decide el futuro de la mayoría.

manoloazuero@hotmail.com

@ManoloAzuero 

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