Los malentendidos sobre la socialdemocracia

15 de mayo del 2012

En la medida que la confrontación moderna dejó de ser entre capitalismo y socialismo y pasó a ser entre neoliberalismo y socialdemocracia, se vuelve más necesario definir qué se entiende por esos términos. De hecho sobre el neoliberalismo las definiciones han sido relativamente fáciles justamente por lo vacías: es la falta de un modelo económico […]

En la medida que la confrontación moderna dejó de ser entre capitalismo y socialismo y pasó a ser entre neoliberalismo y socialdemocracia, se vuelve más necesario definir qué se entiende por esos términos.

De hecho sobre el neoliberalismo las definiciones han sido relativamente fáciles justamente por lo vacías: es la falta de un modelo económico o de desarrollo y su sustitución por la soberanía del mercado. Su manual de instrucciones es el ‘Consenso de Washington’. En su momento se exaltó como sus fuentes y ejemplos las teorías liberales de Von Hayek; las propuestas económicas de Milton Friedman y la Escuela de Chicago; los reaganomics y las políticas de Margaret Thatcher; y los aparentes éxitos económicos de Chile durante el periodo de Pinochet. Pero nunca tuvo un desarrollo teórico que permitiera deducir sus posibles resultados: su fuerte o su imposición fue la descalificación de lo entonces vigente —las teorías keynesianas, el modelo Cepalino, el proteccionismo— y sobre todo el fracaso de los modelos socialistas con la caída del muro de Berlín y la desaparición de los regímenes no capitalistas ni democráticos; se habló entonces del ‘fin de la historia’ porque imperaría un modelo único de orden político y de sistema económico.

La dialéctica de la historia dio la respuesta a ese proyecto cuasihegemónico dando relevancia a la alternativa de la socialdemocracia. Sin embargo, hoy ésta parece sufrir de igual falta de claridad sobre su ubicación ideológica. Ejemplo es el problema que tiene el Partido Liberal cuando quienes ilegalmente usurparon la personería del partido son caracterizados defensores del neoliberalismo, o sea del extremo opuesto del espectro político, ya que a la socialdemocracia lo acercan y lo definen su filiación e ideología tanto estatutaria como histórica.

Como tradición histórica por esta corriente se entiende la hoy definida como la Internacional Socialista. La ubicación de ésta a su turno es la derivación de la Cuarta Internacional que rompiendo con las anteriores —la primera lanzada por Marx; la segunda por Engels; la tercera por Lenin con una división que inspirada por Bernstein adoptó o aceptó el modelo democrático capitalista, pero preservando los objetivos políticos y sociales que defendía el socialismo— que después de ser fundada por Trotsky  y después de prácticamente desaparecer en varias ramificaciones ha existido en su forma actual desde 1951 cuando fue reestablecida en el Congreso de Francfurt. Sus promotores y principales figuras fueron Willy Brandt, Olaf Palme, Bruno Kreisky, Francois Mitterrand, Mario Soares, Felipe González, etc.

Por contraste al decálogo del Consenso de Washington (Establecer una disciplina fiscal; llevar a cabo una reforma tributaria; establecer tasas de interés positivas determinadas por el mercado; una mayor apertura a la inversión extranjera; privatizar las empresas públicas; llevar a cabo una profunda desregulación; etc.), en los seis puntos de la ‘Declaración de Paris’ (noviembre 1999) se resumió el Proyecto Global de la Socialdemocracia:

1) La lucha contra la pobreza y el hambre.
2) La lucha por los Derechos Humanos y la Democracia.
3) La construcción de la paz y la seguridad a través de un nuevo orden internacional.
4) Un orden económico y financiero global que exige la adaptación de los organismos existentes, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio.
5) La protección activa del ecosistema.
6) El regionalismo abierto como una realidad económica y monetaria, pero también política y civilizatoria.

Y la conclusión:

—“Esas respuestas pertenecen al dominio de la política”.
—“Reivindicar el papel de la política…”

La dinámica del péndulo ha llevado poco a poco a subir al poder a gobiernos que se han identificado como socialistas o socialdemócratas en varios países como Grecia, España, la misma Alemania, etc., pero que en realidad corresponden más a partidos de centro izquierda —al igual que a sus contradictores se les puede calificar como de centro derecha—: son corrientes políticas y alternaciones que se dan en países desarrollados económicamente y establecidos políticamente, donde esos órdenes ya están asentados, y la orientación del Estado y su conformación no está en construcción.

Eso llevó a que los partidos socialdemócratas de América Latina marcaran una distancia con los europeos, creando el Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe el cual a su turno además de precisar sus propios objetivos proclamó su propia hoja de ruta.

Hoy esa Socialdemocracia Europea es vista por algunos como entregada al neoliberalismo por haber seguido los lineamientos generales de las autoridades monetarias internacionales y las teorías académicas del momento; por eso entre nosotros se oye una crítica no tanto a sus resultados —que si es lo que los afectados como Grecia o España cuestionan— como al abandono de sus principios y de su sentido progresista de defensa del bienestar antes que del desarrollo económico.

Sin embargo es bueno aclarar que el pensamiento socialdemócrata no propende por el Estado Bienestar entendido como el de subsidios o amparo a los marginados —más correctamente llamado asistencialista— sino de garantías a todos los ciudadanos —salud, educación, pensiones, empleo—.

Los gobiernos de izquierda que hoy dirigen varios países de nuestra región parecen tener más de movimientos sociales que de proyectos socialdemócratas. Coinciden por supuesto en varios aspectos pero no las sustenta una teórica política o económica, sino son claramente respuestas protestatarias a una situación intolerable; son una de las facetas que a veces se entienden como socialdemócratas por ser manifestaciones antineoliberales pero también criticadas por los posibles aspectos populistas que las acompañan. Y sin duda es el caso de la discutida ‘Marcha Patriótica’ que tiene más de movilización de masas inconformes que de propuesta política.

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