Los millennials y la paz

Mar, 13/09/2016 - 03:31
Como ciudadano responsable me he leído el acuerdo de paz. Ha sido una lectura aburrida, indigesta y poco agradable. Me propuse hacerlo en seis jornadas tratando de agotar en cada una de ellas uno de
Como ciudadano responsable me he leído el acuerdo de paz. Ha sido una lectura aburrida, indigesta y poco agradable. Me propuse hacerlo en seis jornadas tratando de agotar en cada una de ellas uno de los puntos del texto. No fui capaz. Me tardé diez días y cuando concluí sentí el enorme respiro de haber terminado de tragarme el ladrillo. Habiendo cumplido con mi deber, me senté a repasar las notas que había tomado durante la lectura. Confirmaban mi sensación general. ¿Puede un documento de naturaleza confusa y enredada trazar una guía de ruta para el futuro del país? Por mi formación cartesiana, siempre he creído que los buenos acuerdos son aquellos que se hacen alrededor de pocos principios y no de cláusulas. Si se necesita tanta letra menuda, detalle inútil, comisiones y lagartos para que Colombia tenga paz, pues no creo que sea posible. En un país sin instituciones fuertes, crear una burocracia paralela que puede intervenir en todos los temas nacionales, sólo traerá un infinito desorden y confusión. Me impresionó la pobreza del lenguaje sumado a la insoportable jerga de género donde abundan y sobran “los campesinos y las campesinas, los obreros y las obreras, los ciudadanos y las ciudadanas” que tanto me recuerdan a las intervenciones de Angelino Garzón muy bien imitadas en La Luciernaga. Para quienes creemos que el lenguaje es más que un vehículo de comunicación y es una ventana al alma de las personas, la verborrea  del acuerdo resulta sospechosa y preocupante. Al comentar mi lectura con algunos estudiantes me sorprendió su pragmatismo. Ninguno se lo había leído pero todos votarían a favor. Cuando los interrogué sobre su posición varios estuvieron de acuerdo que no era necesario ponerle atención al documento pues era “algo simbólico”. Están convencidos que el establecimiento dominará a las Farc y logrará digerir sus peticiones. En el fondo creen que los guerrilleros lo que desean es entrar en  el mundo institucional y que por lo tanto no debemos preocuparnos por el futuro. Si estos millennials tienen razón, Santos es un genio. Yo fui formado en la Guerra Fría y no creo que las Farc sean unos burgueses en potencia que quieren disfrutar su vejez como tales. Si esa la verdad, qué inmensa decepción la de haber desperdiciado tantas vidas y recursos en una guerra cuyo resultado es el de dejar todo igual.
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