Los reyes de la selva

30 de agosto del 2011

Dicen que se está “cocinando” un diálogo entre Santos y las guerrillas, pero todos los presidentes de Colombia, en su primer año de gobierno, han abierto o mantenido un diálogo tácito o explícito con la insurgencia. Por ejemplo, Uribe continuó el diálogo con el ELN en Cuba, porque era una herencia de Pastrana. También se […]

Dicen que se está “cocinando” un diálogo entre Santos y las guerrillas, pero todos los presidentes de Colombia, en su primer año de gobierno, han abierto o mantenido un diálogo tácito o explícito con la insurgencia. Por ejemplo, Uribe continuó el diálogo con el ELN en Cuba, porque era una herencia de Pastrana.

También se podría decir que a las guerrillas les interesa el diálogo y a Santos la “paz”, porque las Farc y el ELN son el principal escollo para la locomotora de la minería y los hidrocarburos. Pero Santos no tiene Comisionado de Paz  porque ese es el único cargo donde él no delega, mientras que las guerrillas exigen un proceso de paz “incondicional”, ignorando que hasta el Caguán tenía condiciones.

Y creo que se podrían resolver los argumentos políticos del conflicto, pero no sus agravantes como el negocio del narcotráfico, porque el componente religioso de la barbarie en Colombia es la droga. Hasta el punto de que existen dudas razonables de si los señores Cano y Gabino tienen poder sobre sus frentes o si hay que negociar con las bases.

La pregunta es: ¿negociar qué? Porque las guerrillas no tienen ninguna legitimidad para exigir cambios estructurales en la sociedad y la lucha armada ya no es válida para alcanzar objetivos políticos. Lo paradójico del asunto es que nuestra histórica inequidad no justifica la violencia y en cambio la violencia sí agranda la brecha de nuestras contradicciones sociales porque impide resolver las “causas objetivas” del conflicto.

Ya no es tan fácil salir del monte derechito para el Congreso porque los crímenes de lesa humanidad no prescriben, no son amnistiables o indultables y son igual de graves que las masacres cometidas por el paramilitarismo. Por eso, si algún día se desmovilizan éstos señores, deben elegir entre la justicia transicional, la Corte Penal Internacional o una cárcel en Estados Unidos.

Pero las guerrillas nunca hablan de reparar a las víctimas porque se sienten víctimas; cuando hablan de justicia, ajustician; cuando hablan de verdad, mienten; cuando hablan de tierras, la restauración no puede empezar sin ellos y cuando de reparación se trata, aceitan los fusiles. Por eso “los tiempos” en un eventual proceso de paz no pueden estar sujetos a los tiempos de las cavernas, o la vida de todo un país sujeta a los reyes de la selva.

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