“Mami, ¡me dijeron mamerta!”

9 de marzo del 2019

Opinión de Ignacio Arizmendi

“Mami, ¡me dijeron mamerta!”

Un juez preguntó al acusado: “¿Usted acepta que llamó ‘imbécil’, ‘estafador’ y ‘estúpido’ a este hombre”? “Así es, señor juez”, contestó. “¿También lo llamó ‘ladrón’”?, interroga el togado. “No, señor juez. Se me olvidó…”.

La historia viene a propósito de una noticia, en la semana que termina, según la cual la Corte Suprema de Justicia pide investigar al abogado Abelardo de la Espriella por haberle dicho “mamerta” a misiá Ángela María Robledo, excandidata de Gustavo Petro a la vicepresidencia de Colombia. Si a dicho jurista se le pregunta en sala si “usted acepta que llamó ‘mamerta’  a esta ciudadana”, con toda seguridad contestará: “Sí, claro”. Sin que olvide afirmar alguna cosa más.

No obstante, al ser la investigación harina de otro costal, mejor divaguemos acerca de lo que tal palabreja significa en este país y tratemos de hacerle caso a Erich Fromm, quien, en “El amor a la vida”, proclama que “cuando se comprende el significado, el sentido auténtico de una palabra, es frecuente que ya se entiendan mejor ciertos problemas designados con esa palabra”. Por lo tanto, digamos que, en Colombia, mamerto es quien hace parte del “mamertismo”, corriente ideológico-emocional formada por mujeres y hombres que posan de libres y demócratas, casi siempre de estratos altos, y que se portan como “ovejas” ante la izquierda y “lobos” ante la derecha.

¿Por qué como ovejas ante la izquierda? Porque saben que si algún Petro o alguna Petra triunfa en Colombia, ellos perderían los privilegios, por lo cual, para evitarlo, buscan construir una amistad cordial y cercana con los jerarcas y líderes de esa izquierda, y lograr, en reciprocidad, que se abstengan de afectarlos el día de mañana. Eso explica que nuestros mamertos los inviten a sus casas de ciudad, a sus casas de campo, a sus casas de playa, y a otras casas. A esta tendencia mamerta, algunos la denominan “izquierda caviar”. Además, nuestros mamertos apoyan las posiciones de la izquierda y “comprenden” las marchas sociales, el adoctrinamiento en las aulas, los actos terroristas y demás expresiones subversivas al considerar que se deben a las desigualdades. A esta tendencia mamerta otros la denominan “social bacanería”.

La verdad es diferente: el mamertismo es oportunista y carece de sinceridad y juego limpio. Es que en sus socavones se registran profundas frustraciones de quienes lo integran: periodistas, columnistas, ensayistas, investigadores sociales, novelistas, poetas, artistas, directivos universitarios, docentes, políticos, youtubers. ¡Incluso clérigos y generales en retiro! No son mamertos porque crean en la necesidad de realizar cambios de estructuras o realidades, sino porque los anima el deseo de que “el Partido” no les expropie sus estatus y prebendas. Aparte de eso, nuestras glorias burguesas suponen que el nuevo régimen también se beneficia de su apoyo, pues así proyecta la imagen de no ser excluyente, resentido, irresponsable, totalitario. Rasgos, estos y más, del ADN de la izquierda.

¿Y por qué como lobos ante la derecha? Porque necesitan mostrar a sus futuros amos que es real y continua la aversión por la derecha. Es lo que explica que se vuelvan violentos y la llamen retardataria, injusta, clasista, deshonesta, matona, etc., y que al expresidente Álvaro Uribe no lo bajen de “paraco”, enemigo de la paz, criminal, corrupto y otros epítetos. De ello, el novelista Juan Gabriel Vásquez da un pequeñísimo ejemplo en El País, de Madrid, el 20 junio de 2018: “Durante los últimos 16 años, nadie ha atizado como Uribe el odio entre los colombianos, dividiendo a los ciudadanos entre amigos y enemigos, entre ‘buenos muchachos’ y ‘malos patriotas’”. ¡Hombre!

Dicho lo dicho, ¿se proscribirá el empleo de la palabra ‘mamerto/a’? Lo pregunto porque en 2012, el Departamento de Educación de Nueva York ordenó a los estudiantes que en los exámenes de los colegios no usaran, entre otros, términos como ‘dinosaurio’, porque podía molestar a quienes no creen en la evolución, y ‘riqueza’ y ‘pobreza’, por ser palabras clasistas (cfr. Semana, 2abril2012). ¿Pedirán las cortes asesoría a Nueva York?

¿Qué he pretendido sugerir? Que la mamertería es una verdadera “sindemia”, vocablo ya aprobado, consistente en “una sinergia de epidemias que comparten factores sociales y que coexisten en tiempo y lugar, interactuando entre sí”.

Imposible finalizar sin recordar lo que sucedió hace años en un bar, cuando un antisocial entró disparando y gritando: “¡Afuera, marranos asquerosos! ¡Fuera!”, a lo que los parroquianos echaron a correr, excepto un inglés, que se quedó muy tranquilo con su trago. “Bueno, ¿y usted… qué?”, le preguntó el matón mientras blandía la pistola. “¡Hijueldiablo si olían mal esos tipos, ¿no?”, atinó a contestar. El cuento viene a cuento porque a mí los tipos también me huelen mal. Los mamertos, no los marranos.

INFLEXIÓN. Debo pedirle cita a un otorrino. ¿Y si sale mamerto?

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO