“Más endeudado que el presidente Santos”

Lun, 16/06/2014 - 15:46
Me declaro en deuda con el autor de esta frase en Twitter, a quien no busqué para su autorización, por el déficit de tiempo que mantengo.

No creo que haya otro colombiano más endeudado que el p
Me declaro en deuda con el autor de esta frase en Twitter, a quien no busqué para su autorización, por el déficit de tiempo que mantengo. No creo que haya otro colombiano más endeudado que el presidente Santos, después de tantos compromisos asumidos para ganar las elecciones. La diferencia, a su favor, es que él paga con la chequera del Estado y usted y yo -enclenques ciudadanos- tenemos que llorarle al banco por más plazos, aunque nos aplasten los intereses. Santos se plegó a los políticos, empezando por los más voraces. Le habían demostrado su poder en primera vuelta, negándose a sacar a la calle la maquinaria electoral. Presionaron entonces un sinfín de compromisos, que han bautizado como “mermelada”, en vez del desgastado “aceite”. El presidente candidato le dijo sí a todo, como pretendiente encarnizado en su presa. Lejos de ser, sin embargo, un estupro (prometer para meter y después de haber metido no cumplir lo prometido). Fueron pactos y compromisos entre adultos y casi todos tahúres profesionales. Si se roban o se engañan, si se mienten o se fallan, si fingen, se ultrajan o se matan…allá ellos. Pero no le será fácil al gobierno cumplir tantas promesas, a los agricultores, a los maestros, a los ricos y los pobres, al Caribe y al Pacífico, a los rojos y los verdes, a los godos mermelados, a la derecha y a la izquierda, a Mockus y a Petro, a quienes tienen cargos y a los que hacen cola para obtenerlos. Santos pasó de tres millones de votos en la primera vuelta a casi ocho en la segunda. Y esos “nuevos” sufragios fueron muchos por cuenta de sus promesas de paz (que ojala llegue) pero buena parte resultaron de ardorosas ofertas, melcochudos ofrecimientos y fogosos presentes. Al fin y al cabo, el Estado es fértil y anchuroso. La piñata debe repartirse rápido y en forma equitativa: un ministerio para Simón Gaviria, por haberle entregado el Partido Liberal. Y si había dudas, su padre -el expresidente- se puso las botas y se metió al barro para redondear la faena del muchacho. Otro ministerio para Juan Fernando Cristo, algún detalle para Serpa, un guiño para Samper, un homenaje para Clara López. Los verdes reclamarán su obsequio; Petro regalos para Bogotá y lealtad en la defensa de su puesto; los antiguos miembros del PIN (que hicieron su esfuerzo en Santander) querrán sentarse al lado de Santos, después de recibir un trato despectivo, social y políticamente. Millones de trabajadores estarán a la espera del retorno de las horas extras. Gobernadores y alcaldes reclamarán los ríos de dinero de las regalías petroleras, haya o no haya producción. Los colombianos -todos- esperamos la paz, mientras los guerrilleros pedirán lo suyo (¿?). Nos declaramos ilusionados: que la determinación tomada por la mayoría de colombianos se convierta en un gozoso y consentido estupro. Y no en un doloroso estupor.
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