Masacre en La Chinita

Mié, 15/02/2012 - 00:02
La otra historia de las bananeras que no tiene importancia para los académicos ni para la izquierda ortodoxa, porque no fue cometida por tropas oficiales ni eran traba

La otra historia de las bananeras que no tiene importancia para los académicos ni para la izquierda ortodoxa, porque no fue cometida por tropas oficiales ni eran trabajadores al servicio de una empresa gringa como en Aracata, 1928, es la masacre de obreros de las bananeras de Urabá el día 23 de Enero de 1994 en el Barrio La Chinita de Apartadó, fundado dos años antes. Esta masacre la causaron las Farc y las milicias de su partido político.

En el Barrio Obrero o La Chinita se encontraban de fiesta comunitaria los habitantes con el fin de recoger fondos para los útiles escolares de los niños. En las callecitas destapadas se comía, se reía y se bailaba al ritmo de vallenatos y salsa curtida de amistad. Una solidaridad práctica reunía a los trabajadores de las fincas bananeras concentrados fraternalmente en su barrio. Un grupo de hombres camuflados con prendas militares y cubiertas las caras con pasamontañas ingresaron disparando a los pobladores y a los gritos de “Esperanzados hijos de puta”. Portaban armas largas, pistolas y granadas. El primer objetivo fue acallar el equipo de sonido que cambió por los ayes de los heridos y las exclamaciones de clemencia de las mujeres. Pero el “comando” asesino no dejó de expresar su odio a los inermes y dejó un reguero de muerte antes de huir hacia las plantaciones cercanas y carreteras comunales bajo la sombra encubridora de la noche.

¿Quiénes eran los esperanzados a los cuales se dirigían exterminadores los guerrilleros y milicianos que disparaban? Así se denominaron los desmovilizados del EPL, el maoísta Ejército Popular de Liberación, que modificó, para la paz, por la sigla EPL, Esperanza, Paz y Libertad, nombre de una organización política que agrupó a la mayor cantidad de sindicalistas y civiles de Urabá, luego de firmar un acuerdo de paz que les abrió las puertas de la Asamblea Constituyente de 1991. Este luctuoso hecho conmemora, pues, 18 años de haber sucedido: 37 muertos, más de 100 heridos y 2.000 desplazados que desde esa misma noche iniciaron el éxodo a otros lugares. En La Chinita nadie tenía armas para defenderse ni trincheras para esconderse.

Urabá fue tierra de la militancia liberal hasta los años 80.-Los últimos triunfos de ese partido fueron atribuidos al MRL de López Michelsen que anduvo aliado con los comunistas en Urabá. Luego vino el crecimiento de la UP y del Frente Popular que traducido al español colombiano significan el Partido Comunista de Gilberto Vieira y el Partido Comunista (ML) clandestino y maoísta, que tenía el brazo armado del ya nombrado EPL.- Urabá, llanura de promisión, creció en medio del contrabando y una violencia y desorden institucional que solo ahora alcanza a verse la superación y el esfuerzo de sus habitantes y de la clase obrera bananera. Pero aquel empoderamiento de la izquierda que llegó a tener la mayoría de las alcaldías de la zona y la acción inmisericorde de la guerrilla que asaltaba los corregimientos, invadía tierras y repartía hectáreas a sus militantes, quemaba haciendas y fusilaba los ganados, desató la furia de las Autodefensas de Córdoba y Urabá (ACU) de los hermanos Castaño. La guerra llegó a copar todos los espacios. La Iglesia Católica habló por intermedio del Obispo corajudo Isaías Duarte Cancino, el mismo que años después asesinó las Farc en Cali.

El EPL tomó la decisión de desmovilizarse, entregó las armas y se volcó a la legalidad. Una fracción dirigida por Caraballo se unió a las Farc y declararon la guerra a muerte a los esperanzados. Por eso la masacre de La Chinita se enmarca dentro de esta estrategia que tuvo como uno de sus objetivos eliminar a los obreros sindicalizados y sus dirigentes como Alirio Guevara, para apoderarse de Sintrainagro. Es el mayor genocidio de sindicalistas en la historia de América Latina cometido por una organización de izquierda que se dice defensora del proletariado, al igual que su partido madre. Un exalcalde de Apartadó, Nelson Campos, fue vinculado al proceso, a la par que algunos de sus funcionarios del P. Comunista. Hoy están presuntamente asilados en Europa.

Las masacres fueron de mucha ocurrencia desde 1988 hasta 1996 en el Urabá antioqueño y en el bajo Darién en donde las Farc autorizaron a las AUC su ingreso y su matanza. Abarcaron no solo militantes del PCC (ML), sino a militantes liberales y de la UP, por las armas de los distintos grupos armados: Farc, EPL y paramilitares. Entre masacres y asesinatos individuales, los trabajadores bananeros de la zona cuentan cerca de seiscientas cincuenta víctimas. Ni el Barrio La Chinita ni la organización obrera Sintrainagro han recibido reparación colectiva alguna. Y es obvio que a las Farc los tribunales no las van a sentenciar a pedir perdón en la plaza principal de Apartadó.

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