Me duele el país

Mié, 06/07/2011 - 00:00
“A través de la línea 106 alrededor de 52.400 niños han solicitado ayuda por casos de abuso sexual, maltrato infantil, violencia intrafamiliar y conducta suicida
“A través de la línea 106 alrededor de 52.400 niños han solicitado ayuda por casos de abuso sexual, maltrato infantil, violencia intrafamiliar y conducta suicida. La coordinadora de la Línea 106, Carolina Torres, señaló que se han atendido casos de niños y adolescentes “que nos llaman a decirnos, miren mi tío, mi papá, el señor x me está mirando de una forma rara, me está insinuando cosas, nosotros hacemos una acción de prevención inmediata para que eso que ya es una violencia no se vuelva más complicada de manejar y más compleja". Así registró el diario El Espectador el día de ayer en su página Web. Más de 12.300 casos han sido reportados en lo que va corrido del año. Estas cifras, que no pueden ser vistas de manera fría y desapasionada, como lo hacen la mayoría de los ciudadanos, lo que demuestran es que este país está realmente enfermo. Y esa enfermedad, como quiera que se llame, es absolutamente demencial. Si nos ponemos a mirar, son los  pequeños los que han llamado, asustados, aterrorizados, abusados, apaleados. En fin no se me ocurren más calificativos para este monstruoso fenómeno que se ha convertido en una epidemia y que, tristemente, parece incontrolable. A estos datos, agréguenle los miles de menores que acuden anualmente a medicina legal cuando ya efectivamente han sido abusados. Solamente la fiscalía reporta más 200.000 niños o niñas maltratados anualmente. Y, como todo lo que suele pasar en este país que no cuenta con estadísticas confiables, es posible que las cifras aumenten sin que nunca sepamos realmente la dimensión de esta tragedia nacional, que, irónicamente, no parece serlo tanto, pues realmente son pocas las personas que se preocupan por el tema, como no sea que se trate de los mismos menores o sus familiares cercanos, cuando no son estos mismos los que los abusan. Pero si se trata de abusos no podemos circunscribirlo al tema de los menores. También miles de mujeres son tratadas, literalmente a las patadas, por sus esposos o compañeros. Son discriminadas, maltratadas como si se trataran de un objeto más. Y nadie las oye. Son victimas silenciosas de una sociedad enferma que tiene completamente invertidas la escala de valores. Si bien en un principio no estuve de acuerdo con el proyecto de referendo  para imponer cadena perpetua a los violadores, lo cierto es que ese es solo un paso, que no el único, hacia lograr condenas ejemplarizantes en contra de los depredadores sexuales. Pero la ley tiene que ser mucho más estricta en lo que toca a las mujeres del país. Cómo hacer para que las autoridades que aplican las normas  entiendan que este monstruoso fenómeno es tan o más grave que la misma corrupción. Los niños y las mujeres son la base de la sociedad, son el futuro de un país, de la comunidad. Y son pocas esperanzas las que nos quedan pues nunca, absolutamente nunca, podremos alcanzar niveles permitidos de convivencia, mientras todo esto siga pasando. Me duele el país, me duelen sus niños, me duelen sus mujeres.
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