Lo que está sucediendo en Colombia amerita un verdadero sacudón de las normas de comportamiento aceptadas por todas y todos como normales en lo público y en lo privado. Al país no solo se lo han robado sino que lo más probable, si no se hace un verdadero alto en el camino, es que el saqueo continúe y sirva de pretexto para algo gravísimo: para que no paguen impuestos los que pueden y deben hacerlo. Y un gobierno sin recursos fiscales se quiebra. El país no desaparece, ningún país lo hace por mal manejado que esté, pero los gobiernos sí se quiebran. La disculpa generalizada de que fue el narcotráfico el que le cambió los valores a esta sociedad no es una excusa válida. Llevamos décadas de este flagelo, de identificar sus males, y si esto fuera verdad, nada se ha hecho. La vida chévere, fácil, sin esfuerzos y rapidito se volvió algo absolutamente aceptado, a pesar de que la sanción social ha mejorado al menos frente a los grandes capos, pero los pequeños gozan aún de buena salud.
No se trata solo de los inmensos escándalos que en buena hora este gobierno está sacando a la luz pública y que sin duda continuarán. La justicia colombiana está atiborrada de casos, y de continuar la limpieza, puede colapsar a menos que la nueva reforma a la Justicia encuentre fórmulas adecuadas para evacuar semejante cargamento de delitos. Ojalá que los delincuentes no sean solo los peces pequeños y que pronto aparezcan los jefes de las bandas. Que enredada que se están pegando los funcionarios del gobierno anterior cuando se les pregunta donde estaban mientras pasaba lo que ahora sabemos en la Dian, en la salud, en vías, etc. Da pena ajena escuchar sus tartamudeos. Esa gran maraña debe despejarse y ojalá el presidente Santos continúe así le de otro infarto a los uribistas. Sus argumentos sobre lo mal que se rodeó el presidente Uribe se agotó. Pero que sea la Justicia la que actúe.
Pero hay más, con dolor lo menciono, ojo con lo que pasa con los cónyuges de funcionarios, mujeres en su mayoría. Antes, las esposas de los ministros, de los altos funcionarios del Estado y de las empresas, eran solamente amas de casa y madres modelo. Pero ahora que las colombianas están más educadas que los hombres, trabajan, tienen cargos de poder en el sector privado sobre todo, no existen claros límites sobre las incompatibilidades. ¿Cómo así que la esposa o novia de un senador maneja un gremio y cuando se discuten leyes que afectan a su sector, se sienta como un senador más y a punta de cuchicheos saca lo que le sirve a su gremio, que no siempre es bueno para el país? ¿Cómo así que las esposas de los ministros tienen contratos con empresas privadas bajo la órbita de control de su pareja? Defiendo que las esposas y los pocos esposos de funcionarios del Estado tienen derecho a trabajar, pero no con el activo bajo el brazo del poder de la almohada.
Me da mucha pena, pero nadie esculca de donde viene el dinero para las grandes fiestas mientras los inviten. Se usan las páginas sociales para tener cercanía con los que mandan en el país y consolidar monopolios que le hacen mucho daño a la Colombia profunda. Todas y todos, debemos revisar nuestro comportamiento porque nos hemos vueltos tan tolerantes y tan permisivos que ya tratar de ser correcto parece una debilidad y no una virtud.
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@CeciliaLopezM
A mi me da mucha pena, pero…
Lun, 18/07/2011 - 00:00
Lo que está sucediendo en Colombia amerita un verdadero sacudón de las normas de comportamiento aceptadas por todas y todos como normales en lo público y en lo privado. Al país no solo se lo han r
