¡Milagro papal!

¡Milagro papal!

12 de Septiembre del 2017

La llegada del Papa ha sido un respiro en esta Colombia martirizada por la corrupción y el desgobierno.

El Papa logró lo que parecía imposible. Aún los más escépticos en temas de fe se daban codazos para estar al lado del Obispo de Roma. Los que atacan a la Iglesia y su doctrina se desvivían en elogios por el máximo representante de la Iglesia. Quienes con su actuar y pensar contradicen diariamente las enseñanzas del catolicismo han sido los más entusiastas con la visita. ¡Es un verdadero milagro!

Lástima que no sea una conversión, en otras palabras un cambio radical, de todos estos bandidos oportunistas que hoy se entusiasman con el Papa. Apenas decole el avión los discípulos del Ñoño y de Prieto regresarán a sus andanzas con el presupuesto. El gobierno volverá a mentir diciendo que todo está bien. Las Farc seguirán jugando su juego cínico y burlándose de los cientos de miles de víctimas. Todo volverá a la triste normalidad de esta sociedad moralmente en crisis.

Porque lo que el Papa dice no cala con la ética de nuestra sociedad. Queremos la riqueza por encima de todo. El dinero es rey sin importar cómo se hizo o a quién se le quitó. Esta es un sociedad donde Samper posa de humanista, Santos de estadista y Popeye de moralista. Ellos son los que marcan la pauta en esta sociedad sin Dios a pesar de que con su actuar desvirtúan todas las enseñanzas de Cristo.

Los mensajes de Francisco son hermosos y profundos pero están en contravía de lo que los colombianos deseamos. La austeridad, el valor del trabajo, el respeto del otro, la primacía del bien común sobre el egoísmo particular y la justicia no cuadran con la ética de nuestros líderes políticos, nuestros empresarios ni nuestros periodistas. El poder, la gloria y la pompa son el faro de una sociedad materialista y superficial, que se entusiasma con el Papa pero no quiere escuchar sus enseñanzas.

Queremos una “fe a la carta” donde acogemos lo que nos conviene y nos resulta fácil pero rechazamos lo que exige esfuerzo y sacrificio. Queremos que la fe diga sí a todos nuestros deseos y no aceptamos cuando nos dice No a nuestros caprichos y comportamientos. La idea de que la fe debe ser coherente con el hacer, que los principios son para aplicarlos en la vida cotidiana nos resulta incomprensible.

El Papa ya está en el Vaticano. Que todo vuelva a la normalidad. ¡No habrá milagro!

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