¿Paisas corronchos?

Vie, 24/06/2011 - 23:58
El juego de palabras de la pregunta que titula esta columna hace alusión al impacto del reciente triunfo del Atlético Nacional como campeón del fútbol colombiano y a su celebración desbordada y d
El juego de palabras de la pregunta que titula esta columna hace alusión al impacto del reciente triunfo del Atlético Nacional como campeón del fútbol colombiano y a su celebración desbordada y desaforada en algunas ciudades y pueblos del Caribe colombiano. Al día siguiente del triunfo hice este comentario en mi Muro de una Red Social: “De dónde diablos sale tanto "hincha paisa" en estas tierras de impuros, esto de la identidad es cosa bien jodida, nosotros no tenemos ni idea como nos desprecian allá por el hecho de ser de acá y vaya que celebración como si hubiese ganado el Atlético Mochila! Nojoda, jodidos.” Aclaraciones 1: el Atlético Mochila no existe, pero sería el caso hipotético de un equipo de futbol representativo de Sincelejo, por aquello de llevar el nombre de un barrio muy popular en la ciudad. Aclaraciones 2: Sincelejo no es la capital del Cesar, sino de Sucre. A más de cuarenta personas les gustó mi nota y cerca de un centenar dejaron sus comentarios (incluidas frecuencias repetidas de opinión) a favor o mostrando disgusto por lo que consideran que no tiene nada que ver ser hincha o fanático de un equipo de fútbol (en este caso) con el lugar de origen de la persona. En las ciudades y pueblos intermedios del Caribe colombiano hemos estado por influjo cultural y de los tiempos pasados, de dos ciudades paradigmáticas del desarrollo regional: Cartagena y Barranquilla. A ellas les rendimos tributos tanto por proximidad geográfica como por su legado urbano y como centros económicos que concentran riquezas. De tal forma que festejamos los carnavales en febrero y las fiestas de noviembre de la independencia. Guardamos reverencias políticas con ambas ciudades y muchos de nuestros sueños se han realizado en alguna de ellas, ora con los estudios, ora con un trabajo productivo. Ora con la camiseta del Junior de Barranquilla. Pero de unos años recientes para acá, el centro de dominación política, cultural, social y económica se ha desplazado hacia Medellín y en forma generalizada, bajo el influjo de la cultura paisa; con sus arquetipos de trabajo, costumbres, pensamientos y dominio comercial hasta la saciedad. Sino que lo digan los dueños del comercio y los servicios hoteleros en el Golfo de Morrosquillo, los del comercio al por mayor y detal en Sucre y Córdoba y en la compra reciente de tierras masivas en lo que algunos con clara sorna denominan los “Montes de ehh ave María”. Lo del festejo del triunfo del equipo paisa es una muestra más de cómo la colonización de este siglo XXI llega en otra forma. Más sutil y de la mano de íconos masivos que homogenizan preferencias impuestas y con poca racionalidad. Para muchos –y lo manifestaron en el Muro- ser hincha del Nacional y vivir en la costa Caribe no genera contradicción, según ellos, se es fanático del buen fútbol y de la trayectoria del equipo a lo largo de su historia. Otros en cambio, recordaron unas desafortunadas frases de dos jugadores estrellas del Equipo (Arístizabal y Serna) respecto a que “Nacional no necesitaba de hinchas babosos de la costa” (a mi no me consta el comentario). En el fondo, el debate se traslada a las coherencias o no entre identidad regional o territorial y la manera como se expresa y manifiesta cuando se trata de sentir las pasiones y sentimientos que la refuerzan. En el Caribe colombiano hemos venido perdiendo un poco el tributo cultural que solía representarnos y a cambio, nos vienen controlando desde la economía y sus negocios, hasta las pasiones deportivas como en este caso. No se trata de acusar de falta de identidad a nuestros “paisas corronchos”, porque  es apresurado; y elogiar a ciegas a quienes defienden lo “Caribe como expresión genuina de nuestros intereses culturales”. Tampoco darle la razón a la pasión que desbordan este tipo de manifestaciones masivas que esconden otras intenciones de negocios, de desfogue irracional, de necesidad de sentirse representado con algo, de llenar vacíos existenciales en cierta forma. Hay una ausencia de patrones culturales en lo que estamos consolidando como región Caribe y la prisa se manifiesta más por los político y administrativo, antes que lo cultural. La autonomía deseada no será posible si seguimos apasionándonos por lo que otros hacen y dejamos a un lado lo poco que hemos construido a lo largo de la historia. Hay veces que recurrimos a vanagloriarnos por los triunfos aislados y personales de ciertos artistas, deportistas y literatos, pero eso no es otra cosa que recurrencias de consuelo: ellos, trascendieron el lugar regional y son más íconos nacionales o mundiales. Mientras, seguiremos a expensas de lo que la cultura paisa nos induzca con su manera efectiva de ver el mundo y nosotros, consumidores pasivos de su “ejemplar actitud”, asombrados como quien conoce al hielo por primera vez. Coda: Esta nota no hubiese sido posible sin la sugerencia de Mauricio Esquivia y el apunte certero inicial de Lourdes Rojas Salcedo, la posición férrea de Carlos Gómez y luego los que siguieron con la polémica y el debate. Esto no termina todavía.
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