Petro: a preguntas incómodas, respuestas cómodas

Sáb, 21/04/2018 - 04:17
Cuando la entrevista surgió como formato periodístico a mediados del siglo 19, suscitó muchas críticas al considerarse que era una trampa para que el entrevistador se lucrase o hiciera quedar mal
Cuando la entrevista surgió como formato periodístico a mediados del siglo 19, suscitó muchas críticas al considerarse que era una trampa para que el entrevistador se lucrase o hiciera quedar mal a quien sometía a sus preguntas, pues, más que una entrevista, parecía un interrogatorio. El instrumento fue evolucionando y hoy encierra, a pesar de todo, un gran potencial de beneficio para la divulgación de ideas, hechos, etc. En buena parte, la naturaleza de una entrevista tiene una clave, que Rosa Montero, escritora y periodista española actual, resume así: “Al entrevistado le interesa, por lo general, quedar bien ante el público, y para ello se esfuerza en soltar los mensajes que más le convienen y en silenciar los temas espinosos, pero lo que le interesa al periodista suele ser lo contrario”. Aplicados a los tiempos electorales colombianos, los temas espinosos a veces van en “preguntas incómodas” del entrevistador, aquellas que ponen al candidato contra la pared en un asunto que no quisiera contestar porque lo que diga puede usarse en su contra al no ser un experto en el tema, no estar preparado, haberse contradicho en otras ocasiones, descontrolarse con facilidad, etc. En esos casos, un mecanismo de defensa es dar “respuestas cómodas” (evasivas), las que no lo comprometan, le permitan salir de la turbulencia, lo dejen contento al proyectar astucia, puedan evitar que mañana se las echen en cara, etc. Lo ilustro en la presente columna, basado sólo en dos entrevistas, del diario El Colombiano el 21 de julio de 2017 y la revista Semana el 14 de abril de este 2018, a Gustavo Petro, el mayor generador de miedos e incertidumbres para quienes no son afines a sus aún oscuras honduras ideológicas, el único candidato populista de la paleta de aspirantes a la presidencia. Y el más apto para dar respuestas “cómodas”. Por ejemplo, El Colombiano lo interroga sobre si comparte con el presidente Santos que la Revolución Bolivariana fracasó. Claro que es una pregunta incómoda para el caballero Petro, que contesta cómodamente: “Todas las economías sustentadas sobre el petróleo y los combustibles fósiles, independientemente de si son de izquierda o de derecha, han fracasado […]”. Comodidad que muestra enseguida cuando lo indagan acerca de si existe democracia o no en Venezuela. Al responder, entra a su zona de confort: “Tenemos que guardar el debido respeto porque no vivimos allá ni somos venezolanos […]”. Por su parte, Semana le pregunta: “Usted menciona nombres que le gustan mucho al establecimiento: Galán, Gaitán, Álvaro Gómez, López Pumarejo. ¿Por qué, entonces, le tienen tanto miedo?”. Es Petro el que no muestra miedo: afirma que “el establecimiento respeta a estas figuras igual que respeta la estatua de Bolívar en la plaza de Bolívar, vuelta piedra o cobre, pero no viva…”. Luego la revista se avispa y le comenta: “Otro sector, el de los empresarios, también tiene miedo de su llegada al poder…”. Pero don Gustavo copia y se avispa: “[…] Ese miedo de los empresarios es porque el uribismo ha dicho que voy a expropiar y a cerrar empresas […] No voy a hacer nada de eso”. Confieso que con esta respuesta recordé dos entrevistas de televisión: una a Fidel Castro, recién llegado al poder, en la que sostenía enfáticamente que “nosotros no somos comunistas”, y otra a Hugo Chávez, disponible en las redes sociales, en que niega absolutamente que fuera a expropiar algo. ¡Ay, país! Semana prosigue: “Pero ese miedo es real. Mientras más se acerca [usted] al poder, más se paraliza la economía. Si llega a ser presidente, ¿cómo le va a quitar el miedo a los empresarios para evitar una crisis económica?”. La contestación no podía ser más confortable: se dedicó a dar una visión majestuosa de su cuestionada alcaldía y mandó la pregunta para donde le gustaba a García Márquez, pa’l carajo. La revista agrega: “Ese miedo se ha construido alrededor de su presunta cercanía ideológica con Maduro y Chávez…”, afirmación a la que Petro comenta con menta fresca: “Eso no tiene sentido. Uribe y Santos abrazaron a Chávez más veces que yo y eso no significa que están coincidiendo en un proyecto político o económico con Maduro. Pastrana era íntimo de Fidel Castro […]”. Pero, señor Petro, ¡de la cercanía de que se habla no es la física, sino la ideológica! Pues nada: impera la ley de la falacia, lo que no deja de ser cómodo. A mediados del siglo 20, George Urban, escritor y periodista húngaro, opinaba que “la entrevista debería beneficiar tanto al entrevistador como al entrevistado”. No obstante, en los casos expuestos aquí, uno como lector queda con un sabor “pétreo”… Es decir, en estos ejemplos, el beneficiado fue el aspirante populista porque los entrevistadores experimentaron un efecto hipnótico con las respuestas confortables de aquel (el confort embelesa y adormece) y no elaboraron repreguntas “incómodas”, por inadvertencia u otra causa, cuando la dinámica de la entrevista las pedía. Es una señal más de lo que muchos colombianos, asiduos de los medios, pensamos cuando periodistas y conductores de foros entrevistan a los candidatos y reciben a cambio una sucesión de respuestas cómodas, al estilo de Petro, con las cuales se olvidan de las preguntas incómodas, envuelven y confunden a los entrevistadores y los llevan a un estado casi de inconsciencia, dejándolos tendidos en la lona por KO. INFLEXIÓN. Un debate es, por definición acomodaticia, un certamen de participación al que los invitados van “de bate”. Si éste no aparece, será un foro, un simposio, una clase múltiple, un encuentro “TEDioso”, pero no un de-bate.
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