El mamertismo izquierdoide transformó del todo nuestro lenguaje. Yo, que nunca he tenido prejuicios de raza, sexo o condición social, creo que todo empezó cuando los oprimidos dejaron de tragarse sus amarguras, y para "desacomplejarse" buscaron expiar sus frustraciones gritándolas en positivo.
Las primeras fueron todas las mujeres que usaban el apellido del marido con la preposición "de". Ellas, en vez de pensar que el "de" correspondía a una preposición de pertenencia, en el sentido de la propiedad, debieron haber comprendido que el "de" era un asunto de lugar, de incorporación, en el sentido de "formar parte" de una familia.
Pero no, con toda la elementalidad, dijeron "no somos de nadie" y se quitaron el "de". Por lo tanto, ante hospitales, hoteles, aerolíneas y bancos, se volvieron madrastras de sus hijos, y novio-mozas de sus esposos, porque todos en la familia llevan el apellido del papá, menos las mamás.
Siguieron los nativos, que aburridos de que rotularan a toda persona traicionera, con su denominativo histórico genérico, dejaron de permitir que les llamaran "indios", y exigieron que les denominaran indígenas. En realidad, en los clubes estrato 20, ya no dicen "no sea indio" pero a veces si dicen "no sea tan indígena". Y quedaron en las mismas, porque fue como si pasaran de que los discriminaran los forasteros a que los maltrataren los "forasterígenas"...
Yo, que hice primaria en colegio popular de pueblo Caribe, recuerdo con cariño la gente de piel oscura y facciones africanas con las que estudié y siento nostalgia de la época en que, jugando futbol, pedía el balón gritando "¡negro pónmelo!" ...Ahora no podría. Tendría que decir "respetado afrodescendiente, por favor colóqueme la pelota" y me demoraría tanto que perdería la jugada…
Tampoco mi papá habría podido decirle —tantas veces— a mi mamá "Negra, como estás de bonita con ese traje". Porque, siendo él de piel tan clara y ella mulata, lo considerarían racista, a pesar de la dicha de ella. Ni que decir, de indicarle una dirección a alguien diciéndole "por allá, por donde viene aquel negro". Eso sería Troya, lo considerarían a uno un troglodita... Sí, ¡nos acomplejamos del todo! ya no se puede ser natural ni coloquial, por miedo a ser "políticamente incorrecto".
Mucho menos dirigirse a "los ciudadanos". Toca ´doblarse´ y decir "las ciudadanas y los ciudadanos", porque si no, discriminado el género femenino. De modo que ahora todo se demora más. Tanto, que no hay Presidente que no haya cedido a la bobaliconería del "Colombianos y Colombianas". No demoran en adicionarle el femenino a las proclamas de Bolívar. Es más, Chávez, portaestandarte del "mamerticulismo" del lenguaje ya debe andar recomponiendo los textos, como hizo Constantino con los Evangelios.
Una parte grande de aquello que no se puede decir para no quedar OUT y ser "políticamente incorrecto" tiene que ver con todo lo homosexual. Desde el ocaso del Renacimiento, en el siglo XVII, los homosexuales aguardaron prudenticos en el closet, pero ahora todo explotó, y ser homosexual se volvió un plus. Perdón, ser gay (vocablo inglés que traduce -más o menos- "contentón"). Así que toda la comunidad "contentona" se unió, y homosexuales discretos, amantes del BDSM, travestistas, lesbianas, transgeneristas, y toda pose social o vocación corpórea, no heterosexual, quedó contenida en siglas —que fue necesario ir ampliando— Primero eran LG, después LGB, luego LGBT, ahora LGBTI, y se irá extendiendo.
Me parece muy bien, pero en la medida que el derecho al libre desarrollo de la personalidad permitió esa eclosión tan pintoresca, los demás nos fregamos. Yo antes podía decir "No, marica, estoy triste…" Ahora no. Ni siquiera así, en tono de nostalgia. O cuando a uno alguien lo tomaba por tonto, le decía "¡No me crea tan marica!" Uy, decir eso hoy en día es un imposible social, (sería más taquillera una Swastika como logo de campaña presidencial)
Extraño la época en que uno no hablaba asustado. Hoy no se puede decir negro, marica, indio, ni nada de eso… Lo único bueno es que ya los infantes bogotanos dejarán de ser "chinos", porque China, la potencia mundial, mandó una nota diplomática de protesta. Dicen que en Bogotá el gabinete analiza si empezar a decirles "Chinígenas" ¡a los niñitos!
Esta columna es mi manera de desahogarme, porque los heterosexuales no ultraizquierdistas nos hemos ido acomplejando. Solo espero que mis amigos LGBTI (tengo muchos) no empiecen a odiarme y decir "Mucho indio ese Araújo, se la vamos a poner negra" Porque, nada es peor que caer en desgracia con "la comunidad"; ahí sí saben lo que es solidaridad de género.
Y a propósito, una pregunta: ¿Cuantas parejas homosexuales, formalizadas y estables, trabajan en el servicio público, en condiciones que para matrimonios legales sería imposible desempeñarse? Creo que una pareja de mujeres, o de hombres, que trabajen con el Estado, debería declararse impedida en temas contractuales y de gestión que invadan la órbita del otro. Hay varios casos, algunos del más alto nivel…
Debería ser "políticamente incorrecto" escudarse en la ausencia de normatividad expresa, para eludir lo que para una pareja heterosexual resulta impracticable. ¿No?
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De otro tema: No conozco a José Obdulio Gaviria y lo leía poco. Pero la libertad de expresión de los columnistas ha dado para especular y mentir tanto, que ejercerla no debió volverse —ahora— pretexto para sacarlo. No parecen cosas de Roberto Pombo...
@sergioaraujoc
¿Políticamente incorrecto?
Jue, 04/10/2012 - 00:32
El mamertismo izquierdoide transformó del todo nuestro lenguaje. Yo, que nunca he tenido prejuicios de raza, sexo o condición social, creo que todo empezó cuando los oprimidos dejaron de tragarse s
