Por sus frutos los conoceréis

Por sus frutos los conoceréis

1 de julio del 2016

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”, estas sabias palabras de Mateo el Evangelista por desgracia las olvidamos con facilidad.

Sino veamos lo ocurrido la semana pasada: Raúl Castro, Juan Manuel Santos y Timochenko, vestidos de inmaculado blanco como si fuesen mansas ovejas y no lobos rapaces, se mostraron ante el mundo como profetas portando en sus sucias manos carpetas rojas impresas con el escudo de… ¡Cuba!

Que se entienda bien, la cosa se cocina en Cuba y quienes mueven los hilos son los Castro, y no otra cosa dan a entender con sus arrogantes gestos. Para poner un ejemplo menciono lo que se dice por ahí, que Timochenko se puso firmes y le brindó saludo militar a Raúl diciendo: “sin novedad en el frente”… ¡Caramba! la cosa es en serio ¿o será en broma?

Y lo que trae esa carpeta -que no se por qué me recuerda tanto al Libro Rojo de Mao, tal vez por su color y su repujado o porque son muchos los que lo han visto y pocos los que lo han leído-, 29 páginas repletas de concesiones a las FARC con lo que se cimienta la terrible construcción que pretenden levantar para encerrarnos como lo han hecho con pueblos enteros cuando los condenan a vivir bajo regímenes comunistas.

“Por sus frutos los conoceréis”. Con sólo leer las 29 páginas podemos ir viendo la clase de frutos con los que podremos conocer de verdad a Santos y sus aliados de las FARC. Por suerte hay quienes cuidadosamente han leído esas páginas tan enredadas y nos han dado sus opiniones, como es el caso de Fernando Londoño quien, en editoriales que retumban, nos ha mostrado la gravedad de lo que se firmó el jueves pasado en La Habana. Es para quedar aterrado.

“¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” Sería de locos salir a recoger frutos ahí, pero eso es justo lo que pretenden quienes creen que de unas negociaciones entre un gobierno corrupto y una banda de criminales pueda salir algo diferente a la destructiva e invasiva maleza que no da fruto alguno.

Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”, dice el evangelista. Ni siquiera alguien que sepa poco de cultivos podría esperar frutos buenos de un árbol malo. Del suelo en que está plantado -una tierra estéril desgastada por haber sido sembrada en ella durante sesenta años una horrorosa dictadura comunista-, y de los cultivadores -los representantes de un gobierno ilegitimo y traidor y unos terroristas que han hecho inmenso daño a su pueblo-, no se puede esperar que brote sino un árbol malo.

“No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos”, insiste Mateo el Evangelista. El árbol malo de las conversaciones no dará ningún buen fruto. Lo poco que se han dignado sacar a la luz pública demuestra que nada bueno saldrá de ahí.

“Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego”. Es así de sencillo y sin comentarios.

Así que, por sus frutos los conoceréis.”

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