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¿Qué hacer con siete millones de neonazis?

Vie, 20/06/2014 - 17:43
Pasada la jornada electoral la pregunta que surge es ¿cómo va pagar el presidente Juan Manuel Santos tanto compromiso? Las cuentas por pagar se volvió el tema de discusión entre periodistas preocu
Pasada la jornada electoral la pregunta que surge es ¿cómo va pagar el presidente Juan Manuel Santos tanto compromiso? Las cuentas por pagar se volvió el tema de discusión entre periodistas preocupados que pretenden interpretar el sentir de esa clase política que se la jugó y le ganó la partida al uribismo. ¿Cuántos ministerios se necesitarán para satisfacer el apetito burocrático del Partido Liberal, Cambio Radical, Partido de la U, conservadores lentejos, verdes desteñidos de Lucho y Alfonso Prada y de la izquierda que apoyó a Santos en la idea de salvar el proceso de paz? Su lógica indica que el apoyo a Santos no puede ser gratuito y que sus alianzas programáticas tienen que verse reflejadas en prevendas burocráticas. Hay que recordar que con esta votación se derrotó la perspectiva de la guerra pero aliados al clientelismo. Triunfó la idea de lograr la paz pero en causa común con la politiquería. Ganó el miedo al terror pero de la mano de la corrupción, la compraventa de votos y las prácticas tradicionales que se traducen en la nefasta ecuación votos por puestos. El presidente Santos tiene un mandato para sacar adelante el proceso de paz y para lograrlo tuvo que aliarse hasta con los Ñoños. Pero eso no significa que deba dedicarse a pagar a todo el que le sumó. De hecho, no puede pagar doble lo que ya había pagado. Liberales, vargaslleristas, y hasta Lucho y Prada ya habían recibido su pago burocrático por anticipado. En plata blanca no le debe nada a nadie, en materia burocrática. Por eso el presidente no debe caer en la trampa de gobernar con sentido de compensar a la clase política que lo ayudó. Tiene que concentrarse en gobernar para lograr la paz social y eso se hace cambiando de tercio. Ahora debe ser el abanderado de las profundas reformas sociales. No debe pagarle a los intermediarios sino a esos casi ocho millones de colombianos que le apostaron a la paz. Que esperan que superado el conflicto armado con la guerrilla se camine hacia la paz social, que ese sí es un déficit. Si hay alguien a quien cumplirle es a la gente, que fue la que votó. En estas elecciones los colombianos con sabiduría se aferraron a su filosofía popular de mejor malo conocido que bueno por conocer. Los intelectuales optaron por escoger el mal menor porque prefieren un mal arreglo a un buen pleito en la negociación con las FARC. Y la izquierda, que casi siempre es autodestructiva, confirmó que aún tiene vigencia esa consigna suya universal de la izquierda unida jamás será vencida. Ojalá se haya enterado de una vez por todas que eso funciona hoy si la izquierda se corre hacia el centro, si renuncia a perpetuarse en su orilla, si entiende que ser de izquierda pasa por abandonar la extrema. Si para derrotar a la derecha extrema, la izquierda supo comprender el papel de la táctica y apoyó a la derecha para enfrentar a la extrema, es probable que de cara a la tercera vuelta, la de las alcaldías y concejos municipales, se puedan producir las rectificaciones necesarias para avanzar hacia la democracia social. Esa que aún se les debe a los colombianos, más allá del conflicto con los insurgentes. Los colombianos con esta decisión en las urnas mostraron que están en la onda de la paz y la reconciliación. Y si la izquierda es capaz de diferenciar entre el centro derecha, derecha y extrema derecha, es porque ha aprendido a moverse en las aguas del centro izquierda, de la izquierda no sectaria, de la izquierda constructiva, de la izquierda democrática. Si tuvo grandeza para salvar el proceso de paz, si hubo capacidad para diferenciar la concepción de Álvaro Uribe de la de Santos frente al conflicto armado, significa que aún hay capacidad para rectificar y retomar los caminos solidarios. Si los petristas pudieron apoyar a Santos sin sentir que perderían su dignidad podrán rectificar y reconocer que fue un error no haber apoyado al candidato de su partido Alianza Verde, Enrique Peñalosa, que es más de centro que Santos y está mucho más a la izquierda que Vargas Lleras, por ejemplo; que en esta contienda se deslindó del uribismo y se alió a Claudia Lopéz, la mas furiosa antiuribista que existe desde una posición no mamerta, de centro. O sea que de cara a la tercera vuelta por la paz se hace necesario buscar la reconciliación del centro con la izquierda. Mockus, Lucho, Peñalosa, Fajardo, Clara López, Petro y Sanguino, para mecionar algunos nombres, deben empezar a pensar en el posconflicto y en las inmensas posibilidades que se abren para consolidar una fuerza que logre que en las elecciones del año entrante no toque resignadamente votar por el menos peor sino que se pueda dignamente hacer por el que mejor sume las voluntades democráticas y sociales. Por el que mejor comprenda que la unidad de la izquierda es con la centro izquierda; con el que mejor se comporte desde el punto de vista de sacrificar su proyecto personal o parroquial y sume sus fuerzas a un proyecto que congregue. La derecha se va a realinderar y a reorganizar. La izquierda democrática y el centro deben saber eso. Aunque parezca prematuro, es necesario identificar que aquí existió un triunfo de la izquierda y del centro, que la clientela necesitó de estos aliados para ganar y que lo que quiere Colombia es pasar la página de la guerra. Pero no es prematuro pensar en que la izquierda unida con el centro izquierda si pueden ser vencedores y derrotarán el clientelismo. Se deben pulir unos egos y superara uno que otro rencorcillo. Pero si se va hacia la reconciliación, hay que saber que se camina hacia el perdón. Y si en aras de la paz se va a perdonar a la extrema izquierda, hay que prepararse para perdonar también a la extrema derecha. Y ojalá se comprenda que debe ser más facil y más coherente perdonar al centro y a los aliados naturales. Que el canibalismo lo aprovechan bien en en el otro bando. Por eso, a partir de reconocer que nos equivocamos, que todos desacertamos, lo que hay que buscar es lo que nos une. Lo perfecto es inhumano. No hay remedio, nos toca repensar en la unidad de la izquierda con la centro izquierda y ganar al centro para avanzar hacia la construcción de un sociedad democrática y con preocupaciones por lo social. Pero eso no lo pueden hacer solos los izquierdistas y menos los radicalistas. Nos toca aprender a sumar como lo hizo Santos, que sumó a todos por la paz. Ya la izquierda resultó determinante y sumó por la paz. Sumemos ahora con el centro para el posconflicto. Pensemos en sumar por la democracia, por la equidad y por el desarrollo sostenible. Y poco a poco construiremos todos lo que unos pocos han creído que pueden solos, por actos voluntaristas, ayer guerreristas y hoy caudillistas. Y si vamos por la paz, el perdón y la reconciliación hay que pensar en la convivencia con la otra orilla. No podemos pensar que puede haber gobernabilidad si seguimos creyendo que los de la otra orilla son siete millones de fascistas, neonazis o guerreritas. Santos tiene que pensar en pagarle a la ciudadanía y no a los políticos y la izquierda tiene que pensar en que los otros siete millones de colombianos pertenecen a la sociedad civil y hay que incluirlos.
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