Reconciliación o un infierno indefinido

10 de diciembre del 2010

Una de las más importantes e inaplazables tareas en los países que han vivido en guerra, y en donde tantos ciudadanos se han visto enfrentados a diversas contiendas, es realizar el trabajo del duelo. Ese proceso fundamental que ayuda a liberar las emociones de impotencia y dolor, a sanar las heridas y a construir nuevos proyectos de vida.

En buena parte del siglo XX, Colombia experimentó diversas confrontaciones de carácter político, económico y social, episodios que fueron dejando una estela creciente de muertos y lesionados, viudas y huérfanos, y que además de los dramas humanos y daños materiales ocasionados dejaron sentimientos de inmenso dolor y venganza.

En las últimas tres décadas los enfrentamientos por el dominio del territorio, así como las operaciones de control de los cultivos conocidos como ilícitos y su comercialización, han ocasionado la muerte de miles de campesinos, de maestros y periodistas, así como el desplazamiento de sus sobrevivientes. Continúa el círculo vicioso de odios y resentimientos, y diversas señales indican que es el momento de iniciar el proceso de trascenderlos. Uno de estos caminos es el duelo.

La periodista María Jimena Duzán, quien vivió la difícil experiencia del asesinato de su hermana, la también periodista e investigadora social Silvia Duzán, reconstruye en su reciente libro “Mi viaje al infierno” las vivencias alrededor de su drama familiar. Refiere que durante estos años se propuso borrar lo sucedido con su hermana hasta intentar desaparecer de la mente su imagen… Y que un día visitando en Belfast, las Casas de Paz, escenarios donde víctimas y victimarios se reconocieron tras el proceso de reconciliación en la guerra de Irlanda, conoció a Claire, una trabajadora social que había pasado su infancia observando atentados, eludiendo persecuciones, asistiendo a funerales y visitando en las cárceles a su padre y a sus hermanos.

En los encuentros de duelo y reconciliación, Claire confrontó a su victimario cara a cara.  Se trataba de un antiguo policía que había matado a uno de sus hermanos, experiencia que la llevó a embarcarse en un profundo viaje a los sótanos de la condición humana.  Sólo este  proceso terminó de liberarla de los odios que la atormentaban, y a pesar de encontrarse frente al asesino de su hermano, Claire asumía frente a él una actitud tranquila. Maria Jimena, inspirada en esta vivencia, siente el impulso de ir, como ella lo dice, hasta su propio infierno, para sacar su dolor y sanar sus heridas.

Existe en nuestro ser una capacidad inmensa a la que podemos acudir para sanar nuestro territorio interno de paz. Y sin duda la primera condición para trasladarnos a esa dimensión es aspirar a recibir al bálsamo único de la liberación de nuestro dolor.  No se trata de asumir una actitud resignada o pasiva. Por el contrario, en un trabajo de duelo llegamos incluso a comprender la herida misma del victimario y la triste condición que lo llevó a desplegar su sombra.  A ser conscientes de que continuar llevando encima del dolor la carga del rencor, no nos permitirá nunca recuperar la alegría interna de la vida.

Estamos en capacidad de elegir: reconciliación o infierno indefinido. Siempre habrá un corazón dispuesto a acompañarnos y nada puede reconstruirse de fondo si no comenzamos por sanar nuestro territorio interior.

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