Con la cercanía de la Feria de Arte de Bogotá ARTBO del 21 al 24 de octubre el mundo del arte se mueve con más revoluciones de la cuenta. Importantes eventos suceden en la ciudad. Ojalá, la exposición de arte joven "Recamara" tenga algo esta vez que sorprenda porque todas las otras versiones han sido desafortunadas. Esperemos también que la feria paralela que se realizará en el viejo Teatro Odeón, mueva al público a semana del arte.
Tengo que reconocer que tengo una especial aversión por la obra de Ana Mercedes Hoyos. La conocí copiando a un Caravagio para las guías telefónicas, porque supo que la comercionalización es el síntoma más preciado de su arte: dentro del uso diario, había un eterno público cautivo para la venta de una marca. Quisiéramos saber si le pagaron por la magia de hacerse publicidad. Y ahora, en la galería Garcés presenta una exposición de moños de los delantales de las negras de Palenque que venden frutas en las playas de Cartagena. Obra de gran formato, sofisticadamente perversa. Pensemos que ha pintado por años a la negras que viven la hora sol sin misericordia, donde el calor acosa a la pobreza y, que ahora, un buen tiempo más tarde, viene a reivindicar sin causa la esclavitud con su exposición que tiene como titulo conceptual: Lazos de sangre. ¿Dónde tuvo la artista conciencia social durante todo éste tiempo? Ahora su mala pintura, sus trucos de siempre, tienen una versión conceptual de la conciencia histórica.
Ana Mercedes Hoyos compra opiniones mientras sus modelos se mueren
de hambre. El tema del torso femenino de espalda con su uniforme de
vendedoras es el tema. Lo raro eso es que llame la atención. En vez
de crear conciencia social la diluye en el tratamiento de un lienzo
fino que es lo que al final se vende por ser lo más atractivo de la
obra. En la serie queda recortada la silueta en acrílico en oro o
plata y, muestra la riqueza superflua pintada con técnicas obvias. Da
vergüenza que la pobreza se dignifique en riqueza, que la artista
ahora valore la idea conceptual del esclavismo cuando ella se ha
hecho rica contando la historia de sus modelos. Y, para completar
tenemos ahora vajillas Carulla con sus frutas horribles. ¿Quién
quiere comerse un pollo sobre las frutas de mujeres que vivien la
pobreza sin remedio? Comer sobre el hambre y la necesidad, es una
impertinencia. ¿Quién come sobre frutas pintadas en cerámica
industrial, que provienen de una pobre mujer que se gana la
vida sudando la sangre de esclava?
En contraste, el MAMBO expone a Gaudi Esté, una venezolana que hace
tallas en madera. Inmediatamente uno la asocia con el trabajo
maravilloso de Marisol Escobar, una gran artista que reside en Nueva
York y que ha trabajado la talla en madera como nadie. Gaudí Esté
construye rompecabezas de madera y hace animales, o recorta las
figuras de Devoción -que es el título de la exposición- Un trabajo
interesante, lleno de conjeturas de animales que fueron mitos
ancestrales con la magia de los santos devotos. Ella busca una
sintaxis de la fuerza interna, de las ilusiones puestas en ritos de
iniciación mediática. De fragmentos que crean vacios. De los vacios y
los fragmentos construye su obra.

