Se fue el caimán

Publicado por: admin el Jue, 31/05/2012 - 01:02
Share
Desde hace tiempo y para la burla de muchos, Hugo Chávez se ha sentido una especie de nueva encarnación de Bolívar. La verdad es que quienes mejor representan hoy las dos fuerzas que hicieron posib
Desde hace tiempo y para la burla de muchos, Hugo Chávez se ha sentido una especie de nueva encarnación de Bolívar. La verdad es que quienes mejor representan hoy las dos fuerzas que hicieron posible la libertad de América —Bolívar y Santander— son Uribe y Santos. Eso lo evidencia la última mano de poker político, donde el expresidente Uribe puso sobre la mesa sus cartas para posibles contendores del uribismo con miras a competirle a Santos por la reelección, y allí estaba un as bajo la manga, el exalcalde de Barranquilla Alex Char. Santos — que no es precisamente un principiante en estos temas — respondió nombrándolo Consejero Presidencial para las Regiones. Queda así trunca la aspiración de Char, a quien le cobrarían como deslealtad una renuncia para salir a competir contra su ahora jefe. Tendrá que esperar en fila india. Es una lástima en la medida en que Alex Char representaba la oportunidad cierta de un presidente costeño, algo que no se ha visto en Colombia desde Núñez en 1894. Su obra de convertir en luz el agujero negro de la política barranquillera y salir con más de 90% de aprobación en las encuestas le daba todos los méritos. Ya tenía los galardones, además del "dedazo" de Uribe, tenía el más importante que necesita alguien para ser candidato: haber dado una entrevista en El Tiempo diciendo que no le interesa. Barranquilla, con el desempleo más bajo del país y la única ciudad colombiana que pareciera haberse tomado en serio aprovechar su situación geográfica para sacarle jugo al TLC, tendrá que esperar. Se fue el caimán. La pregunta es si Santos, la nueva encarnación del santanderismo cachaco, va a seguir los pasos del prócer aprovechando su capital político para hacerle la guerra a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Uribe y apostarle al "no dejar hacer". Porque detrás del pragmatismo jurídico legalista del santanderismo, se escondió siempre una excusa para cortarle las alas a los sueños de grandeza del Libertador, que no era un mesías socialista como lo han querido pintar. Bolívar quería liberar a Cuba del yugo español, y consolidar el poder latinoamericano construyendo el Canal de Panamá, todavía hoy el lugar más estratégico del comercio mundial. A Santander, que le antojó más interesante apostarle a quedarse con Hatogrande y volverse terrateniente sabanero, le pareció que el país ya estaba harto de guerras y utopías geopolíticas. Ahí se sembró la semilla de nuestras catástrofes futuras: la disolución de la Gran Colombia, la pérdida de Panamá, y el papel que ha desempeñado Cuba promoviendo la lucha armada en Colombia, desde que Castro echando bala en El Bogotazo, hasta la fundación del ELN...hasta hoy. Las cuentas pendientes en la vida y en la historia, siempre se pagan. O en términos futbolísticos, el que no mete goles, los ve hacer. Esa pregunta de qué hará Santos con el poder es más relevante ahora que nunca. Porque mientras está ganando las partidas contra Uribe, pareciera estar perdiendo las del país. Y no voy a entrar en el tema de seguridad, del cual todo el mundo ha hablado. El tema grave se llama infraestructura. Ya es evidente que el santanderismo santista hizo de Colombia Humanitaria y la reconstrucción del invierno, un anuncio muy bonito que se quedó en eso. Muchas salvaguardas, mucha transparencia, mucho ojo a la contratación y ningún resultado. Excepto un nuevo anuncio, el de la Contralora, de "investigar exhaustivamente" las irregularidades del no hacer nada, para que la cultura del burócrata que cuida el puesto sin mover un dedo para que no lo puedan empapelar, subsista. Santosantanderismo puro. Curiosamente talvez el principal desafío de este gobierno se reduce a un tema que ha mojado poca prensa: la reglamentación de la ley de APP, las Asociaciones Público Privadas. Ya lo dijo Gabo, a Bolívar lo derrotó fue la geografía, cuando llegaba a lomo de mula a Quito para poner orden después de meses de cabalgar, ya se habían levantado en Caracas, y viceversa. ¿Y cuánto hemos avanzado en infraestructura en estos 200 años? Perdimos Panamá cuando el Senado colombiano pidió subir el peaje a 25 millones de dólares, frente a la oferta inicial de Estados Unidos de 10 millones. Roosevelt no era muy amigo de negociar con los débiles que se creen fuertes. Los pocos ferrocarriles que se hicieron los abandonamos. Las carreteritas que hacemos hay que rehacerlas cada invierno. Vigente el TLC con la economía más grande del planeta, hoy Bolivia es una potencia en infraestructura comparada con nosotros. La grandeza de Bolívar sigue hoy prisionera del santanderismo. Las constructoras en Colombia tienen más abogados que ingenieros y antes de hacer los estudios técnicos, ya tienen listas las demandas. La ley de APP prometía ser la salida. Pero algún genio santosantanderista se le ocurrió la idea de limitar al 20% la inversión del estado en un APP por iniciativa privada. En conclusión, si la reglamentación no dice lo contrario, ni una sola carretera o ferrocarril, ni un solo puente o túnel, ni un solo puerto o terminal aéreo, se podrá construir por iniciativa privada, a menos que los colombianos estén dispuestos a pagar 100.000 pesos de peaje por cruzar un puente. En momentos en que todas las estrellas se alinearon para que los inversionistas del mundo finalmente quieran invertir en infraestructura en Colombia, nuestro mantra sigue siendo...no dejar hacer. Lo mismo va para la minería. Mientras la minería ilegal va viento en popa financiando guerrillas y bandas emergentes por todo el territorio, las empresas mineras que creyeron en el cuento de la locomotora hoy reciben tratamiento de segunda. La solución del santosantanderismo ahí también es el no dejar hacer. Si no les gustan las multinacionales, ¿dónde está la Ecopetrol de la minería, que nos convierta no solo en potencia energética sino minera? Recordemos que Ecopetrol acaba de superar a Petrobras como la empresa latinoamericana de mayor valoración en la Bolsa de Nueva York, gracias al esquema público-privado que Uribe copió precisamente de Petrobras, y que hoy propone imitar Peña Nieto con Pemex en México. El santosantanderismo cachaco no parece amainar en ningún frente y en el mismo espíritu las ciudades del Pacífico colombiano siguen sin darse cuenta que tienen el gigantesco desarrollo económico de Asia a salto de charco. Lástima Char, le hubiera dado un aire fresco y arenoso a una campaña que ahora pinta desganada. ¿Angelinizará y veremos?