Se fue enero

Publicado por: admin el Lun, 27/01/2020 - 05:29
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De pronto, haciendo mis cálculos mentales para verificar qué día era el de hoy, me vi diciendo, no sin cierta inquietud, “se fue enero…” Como seguramente muchos, daba por terminado el primer
Se fue enero
De pronto, haciendo mis cálculos mentales para verificar qué día era el de hoy, me vi diciendo, no sin cierta inquietud, “se fue enero…” Como seguramente muchos, daba por terminado el primer mes del año antes de tiempo. Cuando nos anuncian que algo se va a ir ya comenzamos a extrañarlo, quedando unos días, con sus horas y minutos por transcurrir, ya le he dicho adiós a enero. Habitamos un mismo planeta pero la geografía tan variada de la tierra significan distintos modos de vida de donde han surgido una inmensa variedad de culturas que hacen tan diferentes unos pueblos de otros. ¿Ocurre lo mismo con el tiempo? El de Cronos tiene idéntica duración y acá o en las antípodas acostumbramos a medirlo de la misma manera, un día de veinticuatro horas, cada una de sesenta minutos, cada uno con sesenta segundos. Me pregunto si en esta geografía variada, con culturas distintas y múltiples concepciones de la vida, percibimos el tiempo igual. En el actual proceso de globalización hay quienes consideran que sí. El filósofo de Corea (del Sur, por supuesto, ¿Sobrevivirán los filósofos en la del Norte?) Byung-Chul Han, en su libro “El aroma del tiempo”, plantea que en un mundo que ya no es el de la modernidad, en donde el acontecimiento ha muerto y no existe un sentido lineal del tiempo al que el hombre, proyectado al futuro con un pasado como referente, le otorgaba sentido histórico a la existencia, en un mundo en el que ya no hay un orden en los sucesos, el tiempo ha perdido su duración y permanencia. Ante esto propone recobrar el aroma del tiempo a partir de un retorno a la vida contemplativa cuando es la vida activa la que rige nuestra existencia en lo que llama la sociedad del cansancio. Byung-Chul Han recibió su formación filosófica en Alemania y sus referentes son Heidegger, Nietzsche, Derrida, Foucault, Baudrillard y Gadamer, entre otros, en quienes se apoya para tratar de descifrar el enigma de la existencia en el siglo XXI. Todos sus numerosos y cortos libros los ha escrito en el presente siglo, es un escritor de nuestro tiempo y su condición de oriental con formación occidental le ha permitido una visión renovada de la filosofía con gran acogida entre el público que encuentra cercanía con las reflexiones de Han explicadas de una manera sencilla sin las dificultades propias al lenguaje filosófico tradicional. En un tiempo atomizado opuesto al lineal, donde nada concluye porque no hay un inicio, según Han, pasamos de un instante a otro instante y perdemos el sentido existencial cuando la vida se transforma en rendimiento y abandonamos la contemplación. Es fácil estar de acuerdo con Han ya que en la era digital se puede generalizar y hablar del hombre por encima de sus condiciones geográficas y culturales, la nueva topografía sería la de las redes. Desde la perspectiva de Han se puede entender esa percepción veloz del paso del tiempo ¿pero es valida para todos? ¿para los niños y los ancianos a quienes se les escucha, tanto a unos como a otros, expresiones de asombro frente a lo rápido que se va el tiempo? ¿para un americano en plena prosperidad como para un venezolano sobreviviendo apenas? ¿para un individuo libre como para otro encerrado entre cuatro paredes? ¿para alguien que sufre la soledad como para otro que disfruta de grata compañía? Considero que en un mundo que se pretende global se cae con demasiada frecuencia en generalizaciones. Al estar en contacto, a través de las redes, con otros nos convierte aparentemente en iguales pero no significa que lo seamos. Este mes de enero está plagado de acontecimientos que se suceden con tal rapidez que se empiezan a desvanecer antes de conocer sus consecuencias. Lo pasado en las semanas transcurridas durante 2020 podrían ser lo que en el pasado requería meses o años. Somos testigos privilegiados del acontecer mundial y a la vez nos sentimos confinados en nuestro propio mundo digital auto explotándonos hasta el cansancio, con muy poca capacidad de influir sobre los hechos que nos afectan como individuos en sociedad y con escaso tiempo para la contemplación.