De un tiempo para acá, cuando veo la realidad bogotana, se me viene a la cabeza una pregunta sobre si los causantes de esta crisis, además de ser irresponsables, carecen del sentimiento de la culpa. No en vano, a veces pienso que este sentimiento se necesita de vez en cuando para que las cosas funcionen.
Y es que eso puede ser el civismo: una mezcla perfecta entre culpa y responsabilidad. Sin duda, los ciudadanos aprendemos a ser ciudadanos en la calle, en el andén, en un parque, en el espacio público…En estos lugares en donde nos encontramos cotidianamente, aprendemos el sentido de no hacer ruido, de no botar basura o de respetar las señales de tránsito.
Sin embargo, cada vez soy más convencido de que hay factores más personales, que hacen que algunos seamos más propensos al civismo que otros. No nos basta con aprendernos la ley. Tampoco con que un policía o una campaña cívica nos diga que no debemos hacer. Creo que una especie de culpa, bien entendida, puede ser un factor que ayude a la convivencia.
Explico este argumento existencial con ejemplos concretos: ¿ustedes pueden creer que Iván Moreno tenga el factor de la culpa ‘activado’? ¿No creen que si él y otros lo hubieran tenido, se habrían sentido mal de hacerle tanto daño a la ciudad? ¿A los políticos que roban, no les dará estrés que por cada peso que se echan al bolsillo hay un niño que se deja de atender en un hospital? ¿Alguien puede pensar que mientras los Nule negociaban la plata de la 26, se sentían culpables de los trancones que iban a generar?
Es evidente que ese sentimiento de culpabilidad no lo tienen quienes roban. Ellos no piensan que robar no es cristiano. Pero tampoco, en un sentir pagano, que tanto mal se les puede devolver algún día. O que la justicia cojea, pero casi siempre llega.
Quiero citar dos nuevos escándalos que destapé con mi equipo de trabajo esta semana y que refuerzan el argumento de que hay gente a la que no le da culpa nada. El primero: los embrollos en la licitación del Sistema Integrado de Transporte, en el que algunos transportadores son jueces y partes de la contratación. El segundo: un contrato para dar becas a estudiantes de tres colegios públicos que terminó beneficiando a niños de familias con recursos: el Agro Ingreso del Distrito, le pusimos. Y cito esos dos casos para insistir en que estoy seguro que a los funcionarios que le dan gabelas a algunos transportadores no les da pena torcer elementos del negocio más grande de la historia bogotana. Así mismo, creo que quienes se roban las becas de los pobres para hacer poliquería no tienen vergüenza.
Lo mismo pasa en la vida diaria. Quienes aceptan bolsas plásticas al hacer mercado, así hayan estudiado en los mejores colegios, no se estresan por contaminar el ambiente durante 15 años de degradación de la bolsa. Y quienes maltratan a un animal, no sienten misericordia por una especie que no tiene voz para defenderse.
Creo profundamente en la educación cívica. También en la cultura ciudadana. Pero en las sociedades con mayores niveles de civismo –laicas, incluso—la ‘culpa social’ siempre está asociada a la responsabilidad racional. Así lo creo.
¿Será que no tienen culpa?
Vie, 15/07/2011 - 00:00
De un tiempo para acá, cuando veo la realidad bogotana, se me viene a la cabeza una pregunta sobre si los causantes de esta crisis, además de ser irresponsables, carecen del sentimiento de la culpa.
