Hace poco más de una semana asistí a Campus Party y me gocé la experiencia minuto a minuto. Primero, descubrí que no soy tan joven como dicen algunos de mis contradictores. Sentí que la tecnología va a tiempos que ya no coinciden con la edad y que tendría que dedicarle años a desatrasarme. Pero la sensación fue paradójica. También comprendí que, a diferencia de los protagonistas de la política del pasado, yo crecí en los setentas y ochentas, dos décadas marcadas por la innovación, el aprendizaje y la ambición humana por tocar el futuro.
Creo que la tecnología es el nuevo parámetro para mirar qué tan cerca está una sociedad de la democracia y representa la clave para escuchar e interpretar sus necesidades y deseos. Los individuos no llegan a convertirse en ciudadanos si no perciben integralmente cómo es su entorno y cómo evoluciona, y en la medida que lo logren, poder participar e influir para moldearlo. Por ello, identificar cuáles son los perfiles y propuestas de quienes aspiran a gobernarlos es asunto importante. La interlocución entre gobernantes y gobernados, en grandes metrópolis como Bogotá, está mediada por la virtualidad, las redes sociales y la tecnología. A eso tienen que tener acceso todos los bogotanos. No en vano, “Internet no es una red de ordenadores, Internet es una red de personas”, fue el lema de Campus Party. Y este lema refleja el impacto de la tecnología en lo humano y de lo humano en la tecnología.
Sería estupendo implementar iniciativas como Campus Party en cada una de las localidades de Bogotá. El acceso a la tecnología no debe ser para los más privilegiados. Al fin y al cabo, los ciudadanos de menos estrato tienen más posibilidades de ascender en la escala social a través de las nuevas herramientas para el conocimiento, la información y el ocio digital. La calle debe ser un espacio de integración virtual: como en las grandes ciudades del mundo. En Bogotá debe haber parques públicos con WI-FI, e internet gratuito para quienes necesiten estudiar, trabajar, socializar, divertirse y especialmente para aquellos que quieren participar, cooperar y construir oportunidades en los múltiples campos que las nuevas tecnologías permiten.
Lo global hace renacer lo local. Cada vez es más claro que el ejercicio de la ciudadanía retorna al barrio, a la calle cotidiana, a la localidad. De ahí que crea que los salones comunales deben ser espacios fundamentales en las distintas localidades de Bogotá, no en vano contamos con más de 1200 salones comunales, los cuales deben ser lugares de encuentro y salones gratuitos para que todos puedan tener acceso a internet y a la formación básica en tecnologías de una manera responsable y efectiva, deben ser verdaderos semilleros de mentes de donde nuestra ciudad coseche talentos para impulsar su desarrollo.
Rescato el Campus Party porque allí viví la importancia de la tecnología para nuestros jóvenes, Colombia debe apostarle a ser una potencia mundial en innovación y creación, junto con el apoyo del gobierno nacional y de todas las universidades tanto públicas como privadas del país. Es grato saber que, en Bogotá, los espacios en los que cientos de ciudadanos se atreven a innovar son cada vez más apreciados. No obstante, es mucho el campo de acción en donde debemos trabajar para alcanzar una verdadera masa crítica que impulse definitivamente nuestra ciudad por la senda del desarrollo sostenible con altos estándares de vida, y es por ello que me siento vocero de esta nueva generación de bogotanos.
Tecnología democrática
Vie, 08/07/2011 - 00:00
Hace poco más de una semana asistí a Campus Party y me gocé la experiencia minuto a minuto. Primero, descubrí que no soy tan joven como dicen algunos de mis contradictores. Sentí que la
