Tríptico de la infamia

4 de enero del 2016

Este libro es merecedor sin duda del premio Rómulo Gallegos.

El laureado escritor y profesor de literatura de la Universidad de Antioquia, Pablo Montoya,  se consolida como una de las plumas más selectas de la literatura colombiana y española de este siglo.

En este libro, merecedor sin duda del premio Rómulo Gallegos, uno de los más prestigiosos en lengua castellana, nos muestra su revitalizada capacidad investigativa, llevada al umbral de la erudición, así como una prosa que enriquece y va entrelazando círculos, en donde los relatos se confunden en primera, segunda o tercera persona, o todas al tiempo, o en tiempo pasado o en la actualidad.

Nos sumerge en la historia de tres pintores provenientes de la época en donde las luchas religiosas y la Tolerancia van y vienen. Es el irrumpir de nuevas visiones del mundo que reconoce que hay otro Nuevo Mundo allende los mares y que también en el Viejo Mundo hay cosas nuevas por redescubrir y analizar de nuevo.

Tres pintores protestantes narran sus vicisitudes. LE MOYNE zarpa de Diepa con una expedición protestante francesa a la Costa Florida donde se establece la primera colonia hugonote de América. Pinta sus experiencias, como cronista escribano, e incluso usa su propia piel, al igual que los nativos, para estar inmerso en su mundo. Toda su lucha se va a pique cuando los españoles católicos retoman el control de la Península. Regresa a Europa, a Francia primero y luego de las masacres religiosas se refugia en Inglaterra en donde su arte se dedica a pintar insectos y hojas y flores con precisión asombrosa. DUBOIS está en Paris, ha convivido con el viejo amor de Le Moyne (sin saberlo) y es testigo horrorizado de los idus de San Bartolomé, donde por virtud de su fe reformada son masacrados muchos compañeros de faena y conversión; huye a Suiza y después de un letargo deja para la posteridad la Tabla de la Masacre de San Bartolomé que sirve de telón para la portada de este libro. DE BRY es uno de los más importantes artífices del grabado en Europa, recogiendo y admirando la obra de Durero (el más grande); la lectura del libro del Padre de Las Casas en donde denuncia el atropello conquistador y encomendero en las Indias lo apasiona y busca reproducir el libro con grabados que muestren las realidades indianas y europeas en plena contradicción; para lograr sus grabados se reune y dialoga con actores de primera línea que han estado en dichas latitudes y conocen los secretos y los arcanos de las injusticias. Cuando termina de editar el libro del padre de Las Casas con sus grabados es una imagen viviente del horror y de la crueldad de aquella época.

Montoya en su prosa relata la vivencia de cada pintor y los va entrecruzando. A su vez también a manera de ensayo potente comenta su propia visión de lo que los pintores otrora han querido significar y mostrar; es un llamado a reanalizar este mundo nuestro americano desde sus orígenes, sus metamorfosis y sus futuros: “O tal vez en ese terreno resbaladizo de las intuiciones, en el que los seres del pasado, el presente y el futuro estamos mezclando permanentemente nuestros itinerarios por los agujeros del tiempo”.

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