Un contralor excentrico

20 de diciembre del 2010

Estoy por creer la versión de Guido Nule, en su reciente diligencia ante la Procuraduría General de la nación, según la cual el Contralor de Bogotá llegó en una motocicleta BMW tipo Harley a una cita hace un año en un hotel cercano a la Universidad Javeriana con él y el ex representante Germán Olano. Cita en la que el funcionario, según el controvertido empresario, presionó el pago de comisiones.

Y estoy por creerlo porque si algún personaje de la vida pública no deja de sorprenderme por sus excentricidades, ese es el Contralor de la Capital. Empecemos por su apellido. Dicen que por homenaje a su señora madre cambió sus apellidos de pila, Morales Russi, por el  “Moralesrussi Russi”, replicando dos veces su segundo apellido.  Luego, a su llegada a la Contraloría adoptó dos decisiones indelicadas : celebró millonarios convenios con la OEI, entidad con  la que meses antes había tenido relaciones contractuales; y destinó un chofer y una camioneta blindada recién comprada por el organismos de control para el uso de su esposa, aduciendo amenazas contra su vida que nunca fueron comprobadas.

Después conocimos su afición por las motos. Dicen que importó una desde Estados Unidos y que en unas de sus vacaciones la trasladó por avión hasta Chile para realizar un paseo por todo el continente como el más gomoso de los Harlistas. Nos hemos enterado también de su vinculación a la firma Consulcontaf a través de la cual participó en contratos de asesoría contable a entidades de la red hospitalaria de Bogotá y en el  fallido y cuestionado inventario de bienes de la mafia con el consorcio Summa y la Dirección Nacional de Estupefacientes.

En medio de la mención de su nombre en grabaciones en las que hace uso de “santo y señas”, de la curiosa solicitud, como garantía de “transparencia” al Instituto de Desarrollo Urbano para que arrendara el piso de un Hotel, suspendiendo el uso del internet y celulares en la adjudicación de los polémicos contratos de mantenimiento de malla vial de la ciudad, de las visitas a su despacho de los contratistas involucrados en el “cartel de la contratación”, se evidenció el sobrecosto de más de 1.500 millones de pesos en el arriendo del Edificio donde tuvo que trasladarse la contraloría por las reparaciones de sus oficinas originales, obras que también presentan demoras y sobrecostos.

Me cuentan que el Contralor tiene en la música clásica otra pasión. No estaría mal sino fuera porque en su último cumpleaños permitió o promovió que funcionarios cercanos a su despacho, como Gladys Amalia Gómez Russi  amiga de Germán Olano, realizaran una colecta entre los directivos del ente de control para regalarle un piano de cola. Obsequio que no pudo concretarse cuando esta violación del Código Disciplinario Único se conoció en un medio de comunicación.

Tan excéntrico nos ha resultado este personaje que en algunos círculos políticos lo apodan “Morrales Gucci” como alusión a sus refinados gustos. Lo cuestionable es que use su puesto para satisfacerlos.

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