Un momento triste para la Antártida

7 de noviembre del 2018

Por Estefanía González, coordinadora de la campaña de océanos de Greenpeace Andino.

Un momento triste para la Antártida

Finalmente, la semana pasada se conoció la decisión de la Comisión del Océano Antártico que le dio la espalda a la Antártida y rechazó la propuesta de crear el santuario más grande del mundo, con un tamaño de 1.8 millones de km2. Tres de los países que la integran, China, Rusia y Noruega, bloquearon la propuesta que pretendía avanzar con la protección del continente blanco.

Esta resolución no hizo más que hacer oídos sordos a las casi 3 millones de personas que se unieron en todo el mundo para reclamar por la creación de esta zona protegida.

Con este resultado, no tendremos una Antártida resguardada de la industria pesquera, que está depredando el krill, crustáceo del que se sustenta la cadena alimentaria antártica. Además, el rechazo plantea un escenario aún más oscuro, ya que implicará que cualquier industria extractiva (como también la petrolera y la minera), pueda saquear el hogar de las especies marinas de la región, así como dejar sin alimento a los pingüinos, ballenas y focas, que ya se encuentran sufriendo los efectos del cambio climático.

A pesar de las innumerables pruebas científicas presentadas que sustentaban la urgencia de crear este santuario en el Mar de Weddell, una de las regiones del Océano Antártico, la negativa de sólo tres países miembros de la comisión fue contundente. Es que los gobiernos de China, Noruega y Rusia le dieron más peso al lobby corporativo, atrasando la discusión del acuerdo.

A diferencia de estos países, Latinoamérica dio un buen ejemplo, con las intenciones de Argentina y Chile que se destacaron por lo positivo. Ambos países apoyaron la creación del Santuario Antártico en Mar de Weddell. A su vez, presentaron una propuesta sólida, para crear un área marina protegida en la península antártica, en una zona conocida como “dominio 1”, que representa un paso significativo para la protección esta zona, una de las más afectadas por el cambio climático. Ambas delegaciones han reflejado sus intenciones de conservar y resguardar la fauna de la Antártida.

Un paso positivo fue la aprobación de la protección de los pequeños ecosistemas marinos vulnerables que fueron identificados por Greenpeace en su última expedición a la Antártida, entre enero y marzo de este año. Si bien es una buena noticia, no es suficiente. El trabajo de la Comisión debe estar alineado con su propósito, siendo parte de la solución y no del problema. Hoy no existen argumentos que impidan no avanzar en la aprobación del santuario.

Es que la única forma de proteger la vida silvestre, garantizar la seguridad alimentaria de miles de millones y ayudar a combatir el cambio climático, es que al menos el 30% de los océanos estén protegidos para 2030, y entre ellos el Antártico.

Pareciera que la Comisión no coincide con esta necesidad urgente, ya que este año decidió darle la espalda a la creación de un Santuario Antártico. Sin embargo, la voz de las casi 3 millones de personas que piden por la protección de la Antártida no va a silenciarse, y seguiremos defendiendo sin descanso al continente blanco, su biodiversidad y a todos los océanos del mundo.

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