Aunque hace un par de temporadas los amantes de la ópera tenemos la gran fortuna de ver las funciones del Metropolitan Opera de Nueva York desde las salas de Cine Colombia, (mientras irreverentemente comemos crispetas) nada supera el estar en la Gran Manzana viendo y sintiendo todo en vivo y en directo.
Es inevitable la encharcada del ojo en el momento en que suben la gran araña que ilumina el recinto y la orquesta comienza los primeros acordes de la obertura. De igual manera es inolvidable la solemnidad con la cual los asistentes asumen el momento, la fastuosidad de los escenarios, los sándwiches de salmón con té en el intermedio y por supuesto, ver las grandes estrellas de la ópera. Entre ellas claro está, el deslumbrante y brillante conductor, James Levine quien en acción, es una experiencia en sí.
Infortunadamente, para esta temporada que comenzó el lunes 26 de septiembre con la presentación de Anna Bolena del compositor Gaetano Donizzetti, el hombre que ha dirigido la orquesta del Met durante los últimos 38 años, no estará presente por graves quebrantos físicos. No obstante su inigualable capacidad como conductor, su cuerpo le está fallando y, como dice un reciente artículo al respecto en el New York Times, se ha convertido en el “director musical ausente”, cosa grave para una casa como el Met en plena temporada.
James Levine tiene actualmente 68 años. Es uno de tantos personajes célebres egresados de la Juilliard School of Music de Nueva York y tal como muchos de los grandes de la música –entre ellos Giuseppe Verdi- toca el piano desde la niñez. Su debut en el Met fue en 1971 como conductor invitado de una función de Tosca, de Giacomo Puccini. Posterior a eso hizo algunas otras apariciones hasta lograr ser nombrado en 1973 como conductor principal, ascendió a Director Musical en 1975 y en 1986 llegó a ser el primer Director Artístico en la historia del Met.
De su mano la afamada casa de la ópera estadounidense ha vivido una era de oro, y ha establecido para quienes le sucedan en el cargo unos estándares muy altos. El desarrollo y reconocimiento sin precedentes tanto de la orquesta como del coro, se debe en gran medida a que pasa con la Compañía más de siete meses al año, lo cual no es algo común en el gremio de los conductores. Es por eso que ahora que ha anunciado su retiro temporal, el mundo de la música culta se encuentra en estado de shock y según informa el New York Times, el gerente general del Met –Peter Gelb- está por su parte en una gran disyuntiva.
Le llaman “El dilema de Peter” porque sin duda una cosa son las necesidades reales de una Casa cuyo presupuesto anual es de 300 millones de dólares, y otras las consecuencias que se podrían presentar si se despide a quien -según el diario- es un dios para sus fans. Como afirma en el artículo en mención el Director General del San Francisco Opera, “los dioses toman sus decisiones cuando les provoca” y así es en el caso de Levine. Para resolver el dilema y darle un compás de espera al director titular, Gelb nombró como conductor invitado al italiano Fabio Luisi, quien tiene ante sí un inmenso reto, porque si tiene éxito en el transcurso de la temporada 2011-2012, y el dios efectivamente resuelve en enero retirarse del todo, será el sucesor natural.
Entretanto, ya sea desde una sala de cine, o frente al majestuoso escenario del Met, estaremos deseándole a Levine una franca recuperación y a Luisi la mejor de las suertes, porque lo único que no puede pasar mientras Gelb resuelve su dilema es que no veamos la calidad a la cual estamos acostumbrados.
