Una gira decepcionante… por fortuna

18 de febrero del 2015

“Una actividad inocua y decepcionante.”

La gira realizada por el ex Presidente y ahora Senador, Álvaro Uribe, en cabeza del Centro Democrático resultó una actividad inocua y decepcionante, principalmente para los involucrados.

El hombre que se ha creído destinado a salvar el país del comunismo acaba de recibir una lección de realismo político: la política internacional del país solo tiene relevancia en cabeza de la cancillería colombiana y sus días de gloria como líder internacional han quedado abatidos como consecuencia de su propia actitud. Cuando Uribe era Presidente y gozaba de un 70% de popularidad era un líder respetado y respaldado en su cruzada por devolver la seguridad a Colombia. En el exterior, la recuperación de la capacidad del Estado para enfrentar la acción de grupos armados ilegales se vio como un paso fundamental para que Colombia consiguiera la paz.

El problema es que ese mismo hombre, ahora sin el poder del ejecutivo y con una popularidad menguada, quiere ir al exterior a convencer a los demás de que Colombia no necesita la paz, sino continuar con la guerra. Porque el problema con las falacias del uribismo es que son fáciles de vender en Colombia, dado el odio y resentimiento que muchos tienen contra las FARC por el dolor y violencia que la guerrilla le han inflingido a tantos miles de compatriotas.

Pero enfrente de interlocutores racionales, como son los actores internacionales, carentes de las pasiones y polarizaciones que tanto funcionan dentro del país, ¿cómo se puede defender que el objetivo de la política de seguridad democrática no era llegar a una negociación de paz? ¿Cómo argumentar que la paz se debe basar en unos inamovibles que el propio Senador Uribe estuvo dispuesto a remover? ¿Cómo sustentar que es mejor que Colombia siga varios lustros más en guerra para conseguir la derrota militar de la guerrilla? ¿Cómo convencer a alguien de que el cese al fuego unilateral por parte de las Farc no es una muestra contundente de su voluntad de paz?

El uribismo con sus sofismas y malinterpretaciones encuentra en Colombia una audiencia para sus proclamas, pero afuera no sólo no tiene eco… tampoco tiene a quien hablarle. Porque el ex todopoderoso, que aspiró a quedarse al menos 12 años en el poder, ahora no tiene quien lo reciba. Debe ser un gran golpe a su ego que ningún jefe de partido político, ningún centro de pensamiento relevante, ningún funcionario del gobierno que un día lo aupó ahora tenga tiempo en su agenda para recibirlo. Por el contrario, pocas personas importantes se atreverían a tener una conversación con alguien cuyo gobierno se encuentra infestado de escándalos de corrupción. Su jefe de seguridad personal preso en una cárcel norteamericana, uno de sus jefes de la agencia de seguridad e inteligencia condenado por acciones criminales, otra pendiente de recibir una condena por acciones también delictivas. Su aspirante a heredero escondido en la Florida huyendo de pagar una condena en Colombia. Su candidato presidencial enfrentando un proceso por contratar un hacker para actividades ilegales en la última campaña presidencial. Nadie aconsejaría a Mitt Romney, John Mc Cain, John Boehner ni mucho menos a Hillary Clinton reunirse con un personaje con dichas características.

La gira del Centro Democrático ha sido una gran decepción, afortunadamente, y ojalá los líderes objetivos y serenos de ese partido entiendan que posiciones que no pueden ser defendidas en el exterior no deben ser las banderas de una organización que aspira a contar con el respeto y la confianza que le dieron sus seguidores en las urnas.

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