Reincide el escritor español Javier Moro en sorprendernos con un libro del género novela histórica: “A flor de piel”. La historia narrada inicia en el año 1803 en España, y se despliega por años en las islas Canarias, en las Filipinas, pero principalmente en América Latina, cuando se lanza la “Real expedición filantrópica de la vacuna”; su objetivo: aplacar la mortal epidemia de viruela que estaba infestando y diezmando la población del gran imperio español.
En el escrito prevalecen las fórmulas que el autor ha experimentado y conoce bastante bien: una grata factura narrativa, una prosa de fácil comprensión, un amplio alcance temático y geográfico, y una predominancia de la efectividad sobre cualquier manierismo; su interés es la obtención de claridad de la trama expuesta. Se aparta deliberadamente de enredos fraseológicos, evita cualquier brillantez u ornato en el lenguaje, la escritura lineal es su método, la abstracción no hace parte de sus convenciones. Así las cosas, el escritor se afinca en ese estilo propio, que buen resultado le ha dado: narrar una historia real con entusiasmo, con algo de suspense, y novelada para un mayor enganche; no hay, entonces, lugar para sutilezas idiomáticas sino un afán de acentuar la fuerza narrativa con la que logra atrapar al lector en las casi 500 páginas que dura el relato.
Es al mismo tiempo una historia de iniquidades, corrupción, desigualdades sociales y económicas, acaecidas duante la era de la colonia española en América Latina. Son notorias “las últimas patadas de ahogado” del imperio español de inicios del siglo XIX que bajo el reinado de Carlos IV naufragaba por la presión de Napoleón Bonaparte. Bien sabido es que la invasión napoleónica de la península ibérica fue un factor determinante en la emancipación de las tierras americanas; en anterior artículo (“Napoleón libertador de nuestras tierras”) hemos discutido ampliamente sobre este tema. La novela de Moro nos permite apreciar los últimos coletazos del imperio moribundo: virreyes y representantes del rey español sumidos en la corrupción, el maltrato a la población autóctona, la mala gestión y el desinterés por el bien colectivo; una visible desbandada en forma de desgobierno y desacato al lejano rey peninsular.
Isabel Zendal y Francisco Xavier Balmis protagonizan el relato central. Dos vidas, dos destinos, una misma aventura. Los vemos contraponerse, pero complementarse para, en definitivas, converger en la misión encomendada directamente por Carlos IV. Esta consiste en vacunar las poblaciones españolas de ultramar contra la terrible epidemia de viruela. Una misión que se presenta como altruista, y en buena parte lo es, pero que busca utilitariamente salvar las vidas humanas de los súbditos, a todas luces necesarias para mantener y poblar el imperio que se resquebrajaba.
Isabel fue una aguerrida mujer gallega nacida en medio de la miseria, del analfabetismo reinante, del hambre, la enfermedad y otras desgracias. Infortunios que logró superar convirtiéndose en gran viajera de vida útil a la sociedad. Sorteó una insufrible época en donde la mujer no era más que un adorno, un objeto sexual y una herramienta de reproducción; brava fémina que supo demostrar que al igual, o mejor, que muchos hombres su cerebro y acción tenían utilidad. Balmis fue el Director de la expedición; un hombre taciturno, solitario y dedicado al culto y estudio de la medicina, en detrimento de cualquier otro aspecto personal; “La gloria me llegó cuando dejó de interesarme”, decía a título de queja poco antes de morir.
Una vacuna es una: “Sustancia compuesta por una suspensión de microorganismos atenuados o muertos que se introduce en el organismo para prevenir y tratar determinadas enfermedades infecciosas; estimula la formación de anticuerpos con lo que se consigue una inmunización contra estas enfermedades”. Noción que comenzó a fraguarse en China hacia el 200 AC, y que tomó resonancia en la Inglaterra del siglo XVII con el médico Edward Jenner quien constató que la inoculación deliberada de un virus inmunizaba contra el contagio de la enfermedad que ocasionaba. Descubrió que se puede prevenir la viruela humana inoculando pus de las pústulas de ubres de vacas que padecían una enfermedad similar a la viruela. A este hallazgo lo llamó vacuna (de vacca, en latín). Pasteur habría de perfeccionar este procedimiento tiempo después.
El libro de Moro, es la historia de una tenacidad: vacunar un extenso imperio, el nuevo mundo, la Nueva España. Labor que implicaba técnica médica elaborada, altos costos, largos desplazamientos intercontinentales y de una logística por inventar. Esto narra el libro, siendo lo más interesante constatar los impedimentos ocasionados por los mismos humanos, ora por la iglesia católica que se oponía a tal práctica, ora por las intrigas y juegos de poder de los gobernantes del Nuevo Mundo, ora por las divergencias del cuerpo médico alrededor del concepto, ora por la ambición de algunos gobernantes/mercaderes que se lucraron económicamente. Mientras la especie humana estaba siendo asolada ferozmente por el virus, individuos de esa misma especie ponían trabas a su salvación.
El gran dilema fue cómo transportar el virus desde España a sus colonias. Llevar vacas infectadas para extraerles el virus no era plausible puesto que estas morían en la larga travesía marítima, el nuevo Mundo carecía de este tipo de vacas infectadas. La solución encontrada consistió en llevar niños portadores de pústulas de viruela, a partir de las cuales se inoculó preventivamente a la población sana.
La reticencia a la vacunación fue grande, por desconocimiento, por prejuicio, por miedo. La labor de Balmis y su expedición fue la de luchar contra estas trabas, en ello transcurre el tiempo del libro, que ilustra esta gran aventura del conocimiento y de la aún incipiente terapéutica medica. La historia narrada por Moro es real, la parte de ficción introducida no altera la historia, sino que la recrea agradablemente y la hace más humana, mejor configurada y de más entretenida lectura.
De colofón, no sin antes recomendar este aleccionador y ameno libro, recordar que la viruela fue erradicada completamente de nuestro planeta gracias a la vacuna, y que en la actualidad existe una gran variedad de vacunas preventivas de enfermedades mortales; trabaja la ciencia médica en casos complicados como las vacunas contra el cáncer y el Sida; esperamos ansiosamente los resultados satisfactorios del gran esfuerzo científico que se libra y de cuyos inicios masivos da parte el libro.
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PD: En anterior entrega hemos recomendado otro magnífico libro de Javier Moro: “El imperio eres tú”, la apasionante historia del nacimiento del Brasil.
En el escrito prevalecen las fórmulas que el autor ha experimentado y conoce bastante bien: una grata factura narrativa, una prosa de fácil comprensión, un amplio alcance temático y geográfico, y una predominancia de la efectividad sobre cualquier manierismo; su interés es la obtención de claridad de la trama expuesta. Se aparta deliberadamente de enredos fraseológicos, evita cualquier brillantez u ornato en el lenguaje, la escritura lineal es su método, la abstracción no hace parte de sus convenciones. Así las cosas, el escritor se afinca en ese estilo propio, que buen resultado le ha dado: narrar una historia real con entusiasmo, con algo de suspense, y novelada para un mayor enganche; no hay, entonces, lugar para sutilezas idiomáticas sino un afán de acentuar la fuerza narrativa con la que logra atrapar al lector en las casi 500 páginas que dura el relato.
Es al mismo tiempo una historia de iniquidades, corrupción, desigualdades sociales y económicas, acaecidas duante la era de la colonia española en América Latina. Son notorias “las últimas patadas de ahogado” del imperio español de inicios del siglo XIX que bajo el reinado de Carlos IV naufragaba por la presión de Napoleón Bonaparte. Bien sabido es que la invasión napoleónica de la península ibérica fue un factor determinante en la emancipación de las tierras americanas; en anterior artículo (“Napoleón libertador de nuestras tierras”) hemos discutido ampliamente sobre este tema. La novela de Moro nos permite apreciar los últimos coletazos del imperio moribundo: virreyes y representantes del rey español sumidos en la corrupción, el maltrato a la población autóctona, la mala gestión y el desinterés por el bien colectivo; una visible desbandada en forma de desgobierno y desacato al lejano rey peninsular.
Isabel Zendal y Francisco Xavier Balmis protagonizan el relato central. Dos vidas, dos destinos, una misma aventura. Los vemos contraponerse, pero complementarse para, en definitivas, converger en la misión encomendada directamente por Carlos IV. Esta consiste en vacunar las poblaciones españolas de ultramar contra la terrible epidemia de viruela. Una misión que se presenta como altruista, y en buena parte lo es, pero que busca utilitariamente salvar las vidas humanas de los súbditos, a todas luces necesarias para mantener y poblar el imperio que se resquebrajaba.
Isabel fue una aguerrida mujer gallega nacida en medio de la miseria, del analfabetismo reinante, del hambre, la enfermedad y otras desgracias. Infortunios que logró superar convirtiéndose en gran viajera de vida útil a la sociedad. Sorteó una insufrible época en donde la mujer no era más que un adorno, un objeto sexual y una herramienta de reproducción; brava fémina que supo demostrar que al igual, o mejor, que muchos hombres su cerebro y acción tenían utilidad. Balmis fue el Director de la expedición; un hombre taciturno, solitario y dedicado al culto y estudio de la medicina, en detrimento de cualquier otro aspecto personal; “La gloria me llegó cuando dejó de interesarme”, decía a título de queja poco antes de morir.
Una vacuna es una: “Sustancia compuesta por una suspensión de microorganismos atenuados o muertos que se introduce en el organismo para prevenir y tratar determinadas enfermedades infecciosas; estimula la formación de anticuerpos con lo que se consigue una inmunización contra estas enfermedades”. Noción que comenzó a fraguarse en China hacia el 200 AC, y que tomó resonancia en la Inglaterra del siglo XVII con el médico Edward Jenner quien constató que la inoculación deliberada de un virus inmunizaba contra el contagio de la enfermedad que ocasionaba. Descubrió que se puede prevenir la viruela humana inoculando pus de las pústulas de ubres de vacas que padecían una enfermedad similar a la viruela. A este hallazgo lo llamó vacuna (de vacca, en latín). Pasteur habría de perfeccionar este procedimiento tiempo después.
El libro de Moro, es la historia de una tenacidad: vacunar un extenso imperio, el nuevo mundo, la Nueva España. Labor que implicaba técnica médica elaborada, altos costos, largos desplazamientos intercontinentales y de una logística por inventar. Esto narra el libro, siendo lo más interesante constatar los impedimentos ocasionados por los mismos humanos, ora por la iglesia católica que se oponía a tal práctica, ora por las intrigas y juegos de poder de los gobernantes del Nuevo Mundo, ora por las divergencias del cuerpo médico alrededor del concepto, ora por la ambición de algunos gobernantes/mercaderes que se lucraron económicamente. Mientras la especie humana estaba siendo asolada ferozmente por el virus, individuos de esa misma especie ponían trabas a su salvación.
El gran dilema fue cómo transportar el virus desde España a sus colonias. Llevar vacas infectadas para extraerles el virus no era plausible puesto que estas morían en la larga travesía marítima, el nuevo Mundo carecía de este tipo de vacas infectadas. La solución encontrada consistió en llevar niños portadores de pústulas de viruela, a partir de las cuales se inoculó preventivamente a la población sana.
La reticencia a la vacunación fue grande, por desconocimiento, por prejuicio, por miedo. La labor de Balmis y su expedición fue la de luchar contra estas trabas, en ello transcurre el tiempo del libro, que ilustra esta gran aventura del conocimiento y de la aún incipiente terapéutica medica. La historia narrada por Moro es real, la parte de ficción introducida no altera la historia, sino que la recrea agradablemente y la hace más humana, mejor configurada y de más entretenida lectura.
De colofón, no sin antes recomendar este aleccionador y ameno libro, recordar que la viruela fue erradicada completamente de nuestro planeta gracias a la vacuna, y que en la actualidad existe una gran variedad de vacunas preventivas de enfermedades mortales; trabaja la ciencia médica en casos complicados como las vacunas contra el cáncer y el Sida; esperamos ansiosamente los resultados satisfactorios del gran esfuerzo científico que se libra y de cuyos inicios masivos da parte el libro.
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PD: En anterior entrega hemos recomendado otro magnífico libro de Javier Moro: “El imperio eres tú”, la apasionante historia del nacimiento del Brasil.
