Vagabundeando los pasillos

13 de febrero del 2011

Relajado con el parche deambulo por las calles solitarias de esta universidad. Adentro los alumnos expanden sus conocimientos aumentado la creatividad, ellos son buenos muchachos, obedecen al maltrato calificativo que de tres para abajo pues pailas está acabado. El juez que determina la sentencia, nuestro sudor y esfuerzo se reduce a cenizas causada sin remordimiento ni conciencia. Yo me quedo acá afuera alejado de la sabiduría y la condena, a mí no me molesta pues mi universidad está en la cruda calle de la diversidad donde cada error o papaya te la cobra caro pues la maldad asecha la ciudad y cada espacio es perfecto para actuar. Mis padres, los quiero pero no me obliguen a una carrera donde elección no cuenta y que pereza trabajar con obligación que camellar con pasión.

Clase de 10:30 am, a clase pelados el profe ya va a revisar la asistencia y por tarde me falta te anotaran. Acá con los panas relajaos en la cafetería de esta gran universidad. Salimos a dar un borondo, ya tu sabes de esos que terminas muerto de la risa y esos ojos estallados como dos rubís escarlatas. Regresamos 20 minutos después, cansados pero parchados donde empezamos recorriendo esta calurosa institución. Vamos solo cuatro, los mismos con que fuimos a dar la vuelta en las nubes llenas de risa. Deambulando por los pasillos vamos en conjunto, gritos y risas se mezclan en armonía. Yo acá en mi mundo estoy contento, que jartera mamarse a un maestro cucho dando regaño mejor es pegarse un tiro. Vacíos estos senderos pero dentro de cada bloque la población aumenta cada semestre que pasa. Lo bacano del paseo es que la gente se interese estudiando lo que a uno le apasiona donde Cali sale poco apoco de la marginalidad produciendo  así,  más y más profesionales educando este rumbo. Flotamos por los corredores hostigando rabia en esta vida sin precedentes. Cada esquina o espacio tiene su propia historia por contar así sea la que sea, las memorias son plasmadas y recordadas como nuestros antepasados vagabundeando sin parar recorriendo a milímetro el campus de lujo con historias por contar.

Ya se acaba la clase ahora sí que me abro de este chuzo, tengo retortijones en la barriga, el cuerpo demanda comida. Otro día que pasa, relatado por un vago sin rumbo, pensativo pero determinado. Con los pantalones bien ajustados llenos de sabiduría callejera con temor a un futuro incierto.

“Dedicado al vago donde pasea por los largos caminos que dan la vida.”

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