WikiLeaks: mejor no ilusionarnos

10 de enero del 2011

No resulta factible, como se quisiera, que la crispación mundial causada por la publicación masiva de documentos originales comprometedores de gobiernos de todo el planeta, llevada a cabo  por WikiLeaks, vaya a cambiar las prácticas de dichos gobiernos.

La razón es sencilla. La hipocresía y la doble moral con que el hombre a través de la historia ha manejado las cosas de gobierno, las relaciones internacionales y las mismas personales, siempre han tenido esas constantes. Aún más, hacen parte de la naturaleza humana.

Aunque muchos no estemos de acuerdo con que las cosas sean así, mientras el ser humano en cualquier rol que desempeñe, y mucho más en los relacionados con el ejercicio del poder, caiga en desvaríos o tenga que ocultar decisiones o acciones, que muchas veces resultan mezquinas, acudirá a las mentiras, a la falsedad e inclusive a las fechorías.

Lo que ha ido logrando WikiLeaks, y que seguramente se irá reafirmando a medida que se van dando a conocer los 250 mil documentos que entregó a la prensa mundial, es poner en evidencia lo que ya se sabe de antemano. El carácter disfrazado de las relaciones entre países y la falsedad en que suelen incurrir varios gobernantes para con sus gobernados. Por tanto, resulta saludable dimensionar el alcance de sus revelaciones.

Si bien éstas constituyen un logro (gracias, en este caso, a un portal de internet, cuyo objetivo es sacar a la luz pública información secreta u oculta de gobiernos, organizaciones privadas  y medios de  comunicación) de quienes luchan por la información libre, en un mundo mediático donde, cada vez más, sin rubor de directores ni de periodistas, la información oficial pública y privada tiende a reinar, no es dable que las voces que en todos los rincones de la Tierra se han pronunciado a favor, otorguen el carácter de triunfo al alboroto causado.

Un verdadero triunfo consistiría en que el fondo de cómo se comportan los gobiernos, cambiara. Pero, eso no va a suceder. Por mucho, WikiLeaks  logrará obligar a esos gobiernos, de ahora en adelante,  a tomar precauciones y a ser más cuidadosos en la escogencia de los medios a través de los cuales ponen a circular la información confidencial, a la hora de defender posiciones, intereses (que en muchos casos son de los gobernantes en contravía con los de sus mismos países) o perseguir objetivos.

Así tengan que volver al uso de medios más rudimentarios, en procura de asegurar para sí mismos el control sobre la información (forzados por las debilidades de seguridad del sistema Internet, ratificadas como nunca por WikiLeaks), pues lo harán.

Como no pueden abandonar sus prácticas, así mismo están obligados a adoptar otros métodos que les minimicen el riesgo de perder el control sobre dicha información, ya que tendrán que seguir generándola y comunicándola.

Es la desencantadora realidad. La historia nos obliga a convencernos de que los países no se pueden gobernar con la verdad. La mentira es connatural con la actividad de los gobiernos. Es por ello que lo más recomendable es no ilusionarnos.

Mis mejores deseos para ustedes en el año 2011.

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