Aram Khachaurian

1 de mayo del 2011

En 1948, el Comité Central del Partido Comunista Soviético emitió un decreto llamado Zhdanov, en el que condenaba de anti-populares a tres de los más grandes compositores soviéticos de la época: Dimitri Shostakovich, Sergei Prokofiev y Aram Khachaturian. En el caso de los dos primeros, la sentencia, aunque injusta, no era del todo injustificada, pues […]

Aram Khachaurian

En 1948, el Comité Central del Partido Comunista Soviético emitió un decreto llamado Zhdanov, en el que condenaba de anti-populares a tres de los más grandes compositores soviéticos de la época: Dimitri Shostakovich, Sergei Prokofiev y Aram Khachaturian. En el caso de los dos primeros, la sentencia, aunque injusta, no era del todo injustificada, pues varias habían sido las ocasiones en que estos compositores habían manifestado su oposición a varios aspectos del régimen estalinista. Khachaturian, sin embargo, era ya entonces, y siguió siéndolo después del decreto, uno de los artistas más simpatizantes con la Revolución, que creía honestamente en su éxito y en su importancia futura. La razón por la cual Khachaturian terminó en el decreto Zhdenov fue su Tercera Sinfonía, entonces llamado Poema Sinfónico, en el que intentó expresar la felicidad del pueblo soviético: era un canto al comunismo. Sin embargo, Khachaturian lo presentó sin programa, y las autoridades encargadas de la censura cultural, cuyo juicio, a falta de conocimientos musicales, dependía del grado de adulación con que el programa estuviera escrito. Entonces supusieron que Khachaturian se rebelaba, y juzgaron la sinfonía como formalista, pecado mortal en la Rusia de Stalin.
Las autoridades, en realidad, estaban predispuestas a que un autor como Khachaturian terminara por rebelarse, y por tratar de insinuar su posición en sus obras. Khachaturian había nacido en el pueblo de Tiflis, entonces parte de la Rusia Imperial, soviética desde la Revolución del 17 y hoy llamada Tibilisi y capital de Georgia, pero durante siglos anteriores perteneciente a Armenia. Por eso a Khachaturian se lo considera armenio, pues su familia era armenia y en Armenia fue enterrado. Como con tantos otros artistas y pensadores del Cáucaso con que el gobierno soviético había tenido problemas a causa de su oposición a formar parte de la Unión, motivada en gran parte por la hostilidad de los rusos respecto a ellos y por la naturaleza rusa que el Cáucaso siempre atribuyó a la Unión, con Khachaturian se pensaba que no sería diferente. Pero él, que jamás habría podido estudiar en el Conservatorio de Moscú con los compositores y orquestadores más importantes de Rusia de no haber sido por la iniciativa de Lenin, era un fiel creyente en la promesa del socialismo. Toda su obra, incluso la correspondiente al periodo del decreto Zhdenov, en que recibió más desfavor por parte del Comité, está destinada a la celebración de esa promesa que a él mismo, ya de joven, le habían empezado a cumplir.
Pero esa interpretación, en ese momento y estado de cosas particular, no era fácil de entender. Varios de los compositores contemporáneos a Khachaturian habían tomado la vía de la investigación antropológica y la consigna del nacionalismo. En todos los países periféricos a Rusia, sometidos voluntaria o involuntariamente a la Unión Soviética, había compositores que se dedicaron a rescatar las raíces musicales de su tierra para hacer composiciones que no siguieran los cánones impuestos por la música de Moscú. En Hungría, Béla Bartók lo hizo con la música de Moravia, y Zoltan Kódaly con la música magiar. Perendecki y Lutoslawski con la música polaca, Mussorgsky y Rimsky-Korsakov con la de Siberia, Smetana con la checoslovaca. En ese mapa de la nueva expresión musical, Khachaturian cubría el Cáucaso, y Armenia en particular, cuya música investigó a fondo, usando las técnicas de sus colegas, viajando por el país. Pero sus intenciones eran del todo diferentes, pues lo que le interesaba reivindicar no era la individualidad armenia, sino la amistad de los pueblos soviétcos, en que la música de todas las regiones confluía para hacer una gran oda al comunismo.
De todos los compositores de su época, Khachaturian fue sin duda el mejor hijo del régimen, y al que el régimen trató como el más insolente de todos.

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