El escritor que trajo un tesoro en su maleta de viaje

El escritor que trajo un tesoro en su maleta de viaje

24 de octubre del 2013

1.

En 1950 Álvaro Cepeda Samudio regresaba de Estados Unidos a Barranquilla con las novedades literarias y periodísticas de autores angloamericanos que revolucionaron la ciudad. Varios oyeron por primera vez el nombre de Faulkner, Hemingway, Mailer, Fitzgerald o Saroyan cuando Cepeda pronunció sus nombres.

Fue el primero que trabajó en el país la mezcla de periodismo y literatura, basada más en la reportería que en la filosofía o los conocimientos previos. Más que saber, lo importante para Cepeda era averiguar. Así nació “Una calle”, un relato sobre la ciudad oculta de Barranquilla, que apareció en El Nacional, varias semanas después comenzó su columna ‘En el margen de la ruta’, en el mismo diario.

Su llegada, después de estudiar periodismo en la Universidad de Columbia abrió un camino entre las dos culturas (caribe y anglosajona), que sería clave para sus compadres y compañeros de parrandas del Grupo de Barranquilla, para su familia y para el periodismo que hizo junto a ellos.

Toda una novedad en la oscura y represiva Colombia de aquellos años.

ALVARO CEPEDA SAMUDIO, kienyke

Perteneció al grupo de Barranquilla que se formó en 1946, sin ningún plan definido, alrededor del Catalán Ramón Vinyes en compañía de Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez, Germán Vargas y Alfonso Fuenmayor.

2.

Una de las facetas del Nene Cepeda fue su afición al cine. En 1954, cuando publicó su libro de cuentos, Todos estábamos a la espera, un libro con una atmósfera marginal de sus días en Norteamérica, García Márquez escribió un artículo sobre su compadre, “Quienes conocen a Álvaro Cepeda Samudio apenas superficialmente no entienden cómo hace para escribir sus cuentos. Quienes lo conocen más a fondo, lo entienden menos”, y concluye con una frase certera: “Es el mejor libro de cuentos que se ha publicado en Colombia”.

De sus 27 años, Cepeda había pasado por lo menos diez en salas de cine, que alternaba con las parrandas y el periodismo. Más que un pasatiempo, el cine era para él un nuevo arte, desde que cuando estudiaba Bachillerato en el Colegio Americano de Barranquilla, o cuando regresó a Barranquilla para trabajar como corresponsal de The Sporting News, lo hizo parte de su día a día.

En 1951 comenzó su columna en la página editorial de El Heraldo, titulada “La brújula de la cultura”; y fue director del Diario del Caribe. Participó, como guionista y actor, en el cortometraje La langosta Azul (junto con todo el Grupo de Barranquilla), al igual que en otras películas cortas y en un noticiero de cine, y organizó el primer  Cine Club de Barranquilla, el primero del Colombia.

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‘La Langosta Azul’, producida en 1954, fue una película experimental surrealista en la que un agente secreto extranjero, llamado El gringo, investiga la presencia de radioactividad en unas langostas capturadas en un pueblo de pescadores del caribe.

3.

Álvaro Cepeda Samudio murió en un hospital de Nueva York en 1972, al que lo llevaron tres meses antes a regañadientes mientras filmaba un documental sobre el río Magdalena. Una de las últimas personas en verlo con vida fue Alejandro Obregón, quien no lo veía desde mediados de aquel año, cuando la enfermera le dijo que podía pasar a la unidad de cuidados medios, un frío le recorría el pecho y el corazón empezó a latir más rápido, entró a la sala y se acercó a Cepeda que dormía de espaldas, cuando éste se volteó Obregón se quedó pálido por el impacto y se desmayó.

Cepeda pidió que lo enterraran en Barranquilla, según Daniel Samper Pizano, “sus amigos le hicieron caso, mientras evocaban tomando ron y llorando vallenatos, sus carcajadas estrepitosas y sus afirmaciones contundentes”. Algo similar ocurrió con su hija Patricia Cepeda Manotas, quien murió muy joven, al igual que su padre, en su entierro estaba prohibido llevar luto o llorar, por órdenes de ella misma.

Es el sino trágico de la familia Cepeda, morir jóvenes en una imagen opuesta a su dinamismo y afán de vivir cotidianos.

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