José Santos Chocano

13 de diciembre del 2010

José Santos Chocano fue un poeta de versos revolucionarios. Estuvo preso a los veinte años porque publicó un poema con críticas al régimen del general Andrés Avelino Cáceres, con el seudónimo de Juvenal. Sin embargo, fue allí donde escribió sus dos primeras series de versos En la aldea e Iras Santas. Nunca abandonó sus ideales. […]

José Santos Chocano

José Santos Chocano fue un poeta de versos revolucionarios. Estuvo preso a los veinte años porque publicó un poema con críticas al régimen del general Andrés Avelino Cáceres, con el seudónimo de Juvenal. Sin embargo, fue allí donde escribió sus dos primeras series de versos En la aldea e Iras Santas.

Nunca abandonó sus ideales. Se desempeñó como secretario de Pancho Villa y asesor de Manuel Estrada Cabrera, dictador guatemalteco. Con el tiempo ganó importancia en el terreno político, fue diplomático en Colombia y España. En 1922 el gobierno peruano lo nombró poeta laureado, encargado de escribir poemas sobre hechos relacionados con el Estado.

Dirigió la revista cultural El Perú Ilustrado a los quince años, su participación le permitió darse a conocer en los círculos literarios, políticos y sociales más importantes de su país. Un año después, sin terminar el bachillerato, fue certificado para ingresar a la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, donde fue reconocido por su talento con las letras y pasión por la política.

Chocano perteneció al modernismo, fue de la misma época de José Asunción Silva. Sus dos influencias fueron Parra del Riego y Alberto Hidalgo, poetas peruanos. Entre sus obras están Azahares, Selva virgen, La selva virgen, La epopeya del morro, El derrumbe, El idilio de los volcanes, El nuevo Hamlet, entre otros.

Decidió abandonar su país en 1927, en un intento de olvidar su pasado. Llegó a la capital chilena y escribió  Primicias de oro de lndias y Poemas del amor doliente.

Sus versos fueron su sentencia de muerte. Mientras recorría el centro de Santiago de Chile fue apuñaleado, el 13 de diciembre de 1934. Se dice que el responsable fue un obrero desilusionado, que se creyó víctima del poema La búsqueda de tesoros ocultos, al creerle su afirmación frente a la existencia de una fortuna bajo la tierra.

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