Mitslav Rostropovich

Mitslav Rostropovich

27 de abril del 2011

La historia de Mitslav Rostropovich es la historia del auge y caída de la Unión Soviética, de cómo empezó por educar a algunos de los artistas más deslumbrantes del siglo XX y de cómo, poco a poco, los fue alienando y marginando hasta condenarlos al olvido en sus propias ciudades o a obligarlos a exiliarse a Europa y Estados Unidos, donde varios se volverían artistas de fama mundial. Los gobiernos posteriores a la Unión Soviética se dedicaron a convencer a esos artistas de regresar, o a pelearse sus cuerpos para poder enterrarlos en su país natal, último intento de compensar o de tapar lo mal que los habían tratado durante más de sesenta años.

Rostropovich nació en la actual Azerbaiyán, entonces parte de la Unión Soviética, y estudió música en el conservatorio de Moscú, después de haber estudiado piano con su madre desde pequeño, pero habiendo preferido el cello como su instrumento principal. Entre sus profesores estuvieron Shostakovich, y Prokofiev, dos de los compositores más renombrados de la época, y dos de los tantos compositores que posteriormente habrían de escribir piezas para cello dedicadas a él. Rostropovich ha sido en efecto uno de los intérpretes clásicos que más ha recibido conciertos de compositores, una costumbre común en el mundo de la música clásica, pues los compositores escriben ya con un intérprete particular en mente. Khachaturian, el compositor armenio, el inglés Benjamin Britten, el gringo Leonard Bernstein, el francés Messiaen, el polaco Lutoslawski, e incluso el argentino Astor Piazzolla.  Pero la lista de encargos y dedicaciones, que no hizo otra cosa que crecen a lo largo de su carrera, no concuerda con la lista de sus premios, por lo menos mientras vivió en Rusia, porque ya para entonces el gobierno soviético había empezado su tradicional juego de elevar a los artistas sólo para dejarlos caer. En 1947 se ganó el premio de Praga, y en el 49 el de Budapest, dos de los más importantes de Europa Oriental. En el 50, con sólo 23 años, se ganó el premio Stalin, pero entonces ya había empezado su reputación a decaer frente al totalitario mandamás. Aún en el conservatorio, el gobierno despidió a Shostakovich de todos sus cargos debido a sus posiciones políticas, y Rostropovich dejó el conservatorio en protesta. Durante muchos años Rostropovich usó la protección que su fama nacional le proveía para alojar disidentes, hablar en favor de los opositores y criticar el modo en que Stalin trataba las artes y los artistas de Rusia. En 1970 resguardó y defendió al escritor Solzhenitsyn, fiero opositor del gobierno, y entonces Rostropovich quemó todas sus estrellas. El gobierno le quitó el pasaporte y lo obligó a dar una larga gira por los pueblos más remotos de Siberia, dando conciertos con su Stradivarius de miles de dólares.

Mientras en el resto del mundo Rostropovich era uno de los más prometedores intérpretes, y los compositores escribían obras en su honor, en su país no era más que un músico de pueblo. Que su carrera en Rusia haya empezado con el premio Stalin y haya terminado dando conciertos en las ferias y fiestas de los pueblos siberianos es la imagen más clara del destino de los artistas con opiniones en la Rusia Soviética, un destino no carente de cierto humor negro, pero del todo injustificado.

Pero a diferencia de muchos otros que no quisieron o no encontraron la oportunidad, Rostropovich pudo huir a Estados Unidos con su esposa. Allí se convirtió en el Rostropovich que todos conocen, el viejo sonriente que parece no esforzarse en lo más mínimo al ejecutar las acrobacias más atrevidas y las melodías más líricas en su cello. Cuando Rostropovich murió, de vuelta en Rusia, ya entonces una república democrática, el gobierno le había devuelto la nacionalidad que le habían quitado, e invitó a su familia a reintegrarse a la vida de Moscú. Pero sus hijos ya habían nacido gringos, y ya era demasiado tarde para tapar los errores del pasado.

http://www.youtube.com/watch?v=gR9lCa23kzo

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