Stéphane Grappelli

26 de enero del 2011

El jazz sólo llegó a Europa cuando ya era la música insigne de Estados Unidos, o por los menos de la mayoría de sus estados, a finales de los años veintes, en la llamada dorada época del swing. En general, el público de todos los países lo recibió muy bien, haciendo de las giras europeas […]

Stéphane Grappelli

El jazz sólo llegó a Europa cuando ya era la música insigne de Estados Unidos, o por los menos de la mayoría de sus estados, a finales de los años veintes, en la llamada dorada época del swing. En general, el público de todos los países lo recibió muy bien, haciendo de las giras europeas una excelente fuente de ingreso para los jazzistas menos populares en su propio país. Sin embargo, el único país en que el jazz no sólo se consumió sino que se adaptó a la música popular y se empezó a producir fue Francia, y en el centro de esa evolución del jazz francés está sin duda Stéphane Grappelli.

Grappelli nació en París y estudió violín desde pequeño, primero en un conservatorio juvenil, donde conoció la música de los compositores impresionistas, y después en las calles de la ciudad, donde conoció la música de los gitanos. Estas dos influencias marcaron para siempre su estilo, extraña mezcla de música magiar y Debussy. Grappelli tocaba para los transeúntes en las calles en busca de dinero para pagarse las clases de violín, actividad que alternaba con el acompañamiento musical para películas mudas.

En los años treinta, sin embargo, Grappelli conoció al legendario Django Reinhardt, guitarrista gitano francés que ya había empezado a incorporar el indomable lenguaje del jazz a sus propias composiciones. Reinhardt tocaba regularmente para los melómanos del Hot Club de France, un bar por donde solían pasar los jazzistas americanos en sus giras europeas. En ese bar, con Grappelli y otros tres músicos, iniciaron el Quintette du Hot Club, quinteto de cuerdas (cosa jamás vista en el jazz americano) en que el que nació la síntesis maravillosa de la guitarra gitana de Reinhardt y el violín debussiano de Grappelli con el jazz como lenguaje común. El quinteto fue un éxito inmediato que les significó giras por el país y numerosas grabaciones. El estilo en que tocaban pasó a llamarse gypsy jazz, y a formar una tendencia independiente de las más importantes del momento  en Estados Unidos, como el swing de Goodman y Basie, el be-bop de Parker y Gillespie, y el cool jazz de Miles Davis.

Pero los Nazis llegaron a Francia, y el Quintette du Hot Club no tuvo otra opción que desintegrarse, y sus miembros correr por sus vidas. Django y sus hermanos  eran gitanos, cosa poco recomendable en los cuarenta, y el origen italiano de Grappelli bien podía condenarlo al servicio militar junto al ejército de Mussolini.

Pero por suerte todos sobrevivieron, y ya en los cincuenta Grappelli pudo reunirse con Django a tocar, ahora en gira por el mundo entero, y a grabar una de las obras más memorables del jazz universal.

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