En la mente de James Bond, el agente 007

Publicado por: felipe.lopez el Mar, 03/11/2020 - 09:15
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Creado Por
Armando Martí
Fusionando los rasgos de personalidad del novelista Ian Fleming y su personaje James Bond, el agente secreto 007, se puede observar que son muy parecidos tanto en sus cualidades como en sus defectos.
James Bond
Créditos:
Cortesía elo7
In memoriam a Sir Thomas Sean Connery

“¿Por qué llevas siempre una pistola? ¡Eh, tengo un ligero complejo de inferioridad!

Sean Connery

Algunas corrientes del psicoanálisis plantean la hipótesis de que los grandes superhéroes de la historia, son el reflejo de aquellas fantasías que no hemos podido realizar y otras muy oscuras que ocultamos. 

Los escritores sabemos que eso es cierto, pues cuando nuestro lóbulo cerebral izquierdo (lógica y razón) interactúa con el lóbulo cerebral derecho (creatividad e imaginación), construimos personajes de múltiples características que se relacionan entre sí y actúan dentro del contexto que hemos diseñado capítulo por capítulo hasta desarrollar la obra. El género se podría clasificar como novela o biografía de ficción.

 Entre mis héroes favoritos está James Bond, el agente 007, quien pertenece al Servicio Secreto de la inteligencia británica. Su creador Ian Fleming, a su vez fue miembro del Servicio de Inteligencia inglés en el Royal Navy por más de 11 años, participó en la Segunda Guerra Mundial y fue periodista, escritor y actor.

Murió a los 56 años el 12 de Agosto de 1964 y alcanzó a ver en la pantalla de cine, el debut de su personaje Bond… James Bond, en la película “El Satánico Dr. No” dirigida por Terence Young y protagonizada por el gran actor escocés Sir Thomas Sean Connery, quien, en días pasados falleció después de cumplir 90 años y que, en mi opinión, es el mejor agente secreto 007 de todos los tiempos.

También Ian Fleming, vio en la pantalla grande su segunda novela “Desde Rusia con amor” y a tres meses del estrenó de Goldfinger, falleció de un infarto agudo al miocardio. 

La otra cara de James Bond
James Bond
Créditos:
Cortesía Design Tumpike

Siempre me ha cautivado la personalidad de James Bond, el agente 007, un hombre elegante, de gustos refinados, humor irónico, tranquilo e impasible que se movía entre ambientes aristocráticos, casinos y coches de lujo. Además, permanecía rodeado de inteligentes y hermosas mujeres que lo desafiaban, lo traicionaban, lo odiaban y algunas veces, lo amaban. 

Su capacidad para enfrentarse a enemigos peligrosos, astutos y adoradores del poder mundial era sorprendente, pero el rasgo más llamativo fue el de exponer su vida e integridad física por sacar adelante muchas de las peligrosas misiones que le encomendaba su Reina a través del Servicio Secreto británico. 

Por esta razón me preguntaba: ¿qué móvil tenía este hombre para convertirse en un agente secreto con “licencia para matar”? ¿Qué quería alcanzar realmente al sacrificar su propia existencia en pos de esta sobrehumana meta? 

Fusionando los rasgos de personalidad del novelista Ian Fleming y su personaje James Bond, el agente secreto 007, se puede observar que son muy parecidos tanto en sus cualidades como en sus defectos. 

Análisis psicológico del escritor y su personaje
James Bond
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Cortesía The Ian Fleming Estate

Hipotéticamente podríamos afirmar que, en su infancia James Bond fue abandonado en un orfanato por su madre, quien debió a su vez, ser dejada de lado por su pareja. Allí creció sobreviviendo y aprendiendo a defenderse del ambiente hostil, sintiendo un gran dolor por aquel “niño exilado” que creció con un vacío existencial, el cual nunca pudo ser llenado por nada ni por nadie. 

Posteriormente se alistó en la marina inglesa, convirtiéndose en un soldado profesional hasta ascender a Oficial Naval en el grado de Comandante. 

Gracias a sus logros fue reclutado por el Servicio Secreto inglés, que le ayudó a potencializar sus habilidades de espía, venciendo el miedo a la muerte, dominando la angustia y la ansiedad ante el peligro. 

Quizás, esta podría ser una explicación de su desinterés por llevar una vida tranquila y “normal”, pues Bond nunca supo lo que aquello significaba. 

En oportunidades su temor al rechazo le impedía enamorarse, pues todo lo que lo hiciera sentir vulnerable o expuesto en sus sentimientos no era permitido. De modo que sus relaciones afectivas no duraban mucho, pero era capaz de tener relaciones sexuales e intimidad con docenas de mujeres. 

Para él, no existía la posibilidad de expresar sus emociones ni tampoco dar y recibir amor. Por eso, se refugiaba en el alcohol ante la frustración de no saber demostrar sus sentimientos. Es importante tener en cuenta,  que uno de los trastorno tanto de los adictos como de los codependientes es la alexitimia, es decir, la incapacidad de identificar sus emociones.

En realidad, el mayor desafío de Bond era conquistar a las mujeres que se distinguían por ser bellas, agresivas, manipuladoras y crueles, pues ellas eran su reflejo interior y las sacrificaba como él mismo se sacrificaba y exponía con la excusa de servir incondicionalmente a su país. 

Debido a los rasgos de su personalidad narcisista, James Bond necesitaba del reconocimiento y el aplauso público, ya que nunca tuvo el amor de sus padres. Por eso, se convirtió en “héroe”. 

Recordemos que detrás de algunos “héroes”, existe una niñez disfuncional que los llevó a rechazar la vida “pacífica y normal” para forjarse una “vida extraordinaria” diferente a los demás. Su modelo distorsionado de la realidad fue el de ser un ganador exitoso en todo y por encima de todos. 

Sin duda, James Bond era un hombre con su niño interior herido que requería afirmar su masculinidad a través de muchas mujeres y enemigos perversos a quienes vencer, mediante su aguda inteligencia y con su inconfundible actitud irónica para aniquilarnos y desapegarse de cualquier persona o cosa por muy valiosa que fuera. 

Sin embargo, lo más paradójico e increíble de todo, es que la mayoría de nosotros, inconscientemente somos atraídos por esa extraña personalidad y carisma soñando ser como el propio agente 007. 

Este misterio es muy cautivador para el ego, pues al parecer despierta nuestra oscuridad reprimida en el inconsciente y que al ser socialmente aceptada y transmutada en un “héroe nacional”, nos invita a imitarlo.  De allí el éxito taquillero de este tipo de películas de conspiraciones, espías, lujos, mentes criminales y desbordada acción. 

Incluso, en su especial de navidad la revista científica British Medical Journal, publicó un estudio psicológico sobre las 14 novelas escritas por Ian Fleming, en donde se afirmaba: el nivel de funcionamiento físico, mental y sexual que llevaba James Bond de acuerdo con las novelas, es incompatible con el nivel de alcohol que consumía”

De ahí que, su tradicional vodka Martini “agitado, no revuelto” se volvió en el coctel más famoso del cine y se considera un elemento icónico dentro y fuera de la trama. 

Por esta y otras razones, la investigación concluye que por muy audaz que haya sido el agente inglés, “no es el hombre al que se le confiaría la desactivación de una bomba nuclear”. No obstante, por más estudios o explicaciones que le queramos dar, la mente de James Bond nunca dejará de ser impredecible. 

¿Por qué convertirse en un espía?
James Bond
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Cortesía Reader

Pero, despertando de este mundo de novela, fantasía y drama, nos encontramos de cara con la cruda realidad de los espías (término proveniente del vocablo alemán späphen: ver a distancia) que eligen tan peligrosa profesión e indudablemente es mucho más fría y solitaria que la protagonizada por el agente 007. 

Ahora bien, el espía es un experto en escuchar y observar lo que sucede para tener información y conocimientos, con el fin de trasmitirlos a quienes tienen interés sobre el tema. 

De modo que la obtención de datos a través de técnicas y metodologías se le puede calificar de “espionaje”. Estos profesionales trabajan para gobiernos, empresas, corporaciones y personas que los contratan a un nivel más privado.  

Al momento de conseguir estos datos secretos, a través de la historia se ha recurrido a la infiltración y la penetración. En ambas es posible el uso del soborno y el chantaje, aunque es una actividad con límites legales y a veces está fuera de la ley de cada nación. 

La mente encubierta de los espías reales es uno de los mayores misterios de nuestra época. Sus instintos agudizados por el dolor, su lógica deductiva junto con su capacidad de observación y reacción inmediata, al igual que la adaptación a cualquier contingencia, ataque o prueba que le suceda en sus enigmáticas vidas, los convierte en sujetos dignos de estudios científicos para develar sus intrincados móviles internos. 

Una profesión exclusiva para seres especiales que adoran el riesgo y el peligro, como fue el caso de Ian Fleming, padre del inmortal James Bond, el increíble agente 007.