Veinticinco lugares capaces de contar la historia de civilizaciones, paisajes y transformaciones humanas fueron incorporados a la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Entre las nuevas inscripciones aparecen las playas del Desembarco de Normandía, la zona del Monte Olimpo en Grecia y las obras del arquitecto finlandés Alvar Aalto. La selección se realizó durante la reunión número 48 del Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Busan, Corea del Sur.
Con estas incorporaciones, el listado llegó a 1.273 propiedades en 173 países: 991 culturales, 240 naturales y 42 mixtas.
¿Qué significa entrar al Patrimonio Mundial?
No se trata únicamente de obtener reconocimiento internacional o atraer turistas. La Unesco incluye lugares cuyo valor cultural o natural considera excepcional para toda la humanidad, más allá del país donde se encuentren.
Para ingresar, cada candidatura debe demostrar un “valor universal excepcional”, cumplir al menos uno de diez criterios de selección y contar con condiciones de protección, conservación y manejo.
Los países presentan inicialmente los lugares en una lista tentativa. Después elaboran un expediente técnico, reciben evaluaciones de organismos especializados y someten la candidatura a la decisión del Comité del Patrimonio Mundial.
¿Por qué se creó la lista?
El origen de este sistema de protección está relacionado con la campaña internacional para salvar los monumentos de Nubia, amenazados por la construcción de la presa de Asuán, en Egipto.
La movilización permitió desmontar y trasladar templos como los de Abu Simbel antes de que fueran cubiertos por las aguas. La operación demostró que la conservación del patrimonio podía convertirse en una responsabilidad compartida entre países.
Esa experiencia impulsó la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, adoptada por la Unesco en 1972.
¿Qué beneficios obtiene un sitio reconocido?
La inscripción aumenta la visibilidad internacional y compromete al Estado responsable a conservar el lugar para las futuras generaciones.
Los países también pueden solicitar asistencia técnica y financiera para proteger sitios amenazados, enfrentar emergencias, capacitar especialistas o fortalecer los planes de conservación. El Fondo del Patrimonio Mundial tiene un presupuesto de USD 7,3 millones para el periodo 2026-2027, además de recursos destinados a emergencias.
Sin embargo, recibir el sello no significa que la Unesco asuma directamente el cuidado del lugar. La responsabilidad principal continúa en manos del país que presentó la candidatura.
Los grandes símbolos del listado
La lista reúne algunos de los lugares más reconocidos del planeta: las Pirámides de Guiza, la Gran Muralla China, Venecia, Machu Picchu, el Taj Mahal, los templos de Angkor, las islas Galápagos, la Alhambra, Chichén Itzá y el Parque Nacional de Yosemite.
Italia continúa como el país con más sitios inscritos, seguida por China y España, tres naciones con una fuerte presencia de monumentos, centros históricos, paisajes culturales y espacios naturales protegidos.
El reconocimiento también genera tensiones
Convertirse en Patrimonio Mundial puede multiplicar el turismo, aumentar el valor simbólico de un territorio y atraer inversiones. Pero también puede generar problemas para sus habitantes.
Algunas comunidades temen restricciones sobre actividades agrícolas, reformas de viviendas o instalación de tecnologías como paneles solares. Otras enfrentan un aumento de visitantes que desborda la capacidad de pequeños pueblos o ecosistemas frágiles.
El verdadero desafío comienza después de la inscripción: proteger el lugar sin convertirlo en un escenario congelado, expulsar a sus habitantes o permitir que el turismo termine deteriorando aquello que se buscaba conservar.
Los 25 nuevos integrantes entran a una lista prestigiosa, pero también asumen una responsabilidad: demostrar que el patrimonio puede sobrevivir al paso del tiempo, al cambio climático, a la presión urbana y a la popularidad que acompaña el reconocimiento mundial.
