Los cambios de planes a última hora en los itinerarios o en los medios de transporte de los papas no son frecuentes, pero a veces ocurren, como le sucedió este viernes a León XIV.
El papa León XIV tuvo que volver a Roma en el avión oficial Falcon que le ofreció el rey de España, Felipe VI, luego de una avería técnica que impidió despegar al avión de Iberia que debía llevarlo de regreso a la capital italiana desde el aeropuerto de Tenerife Norte.
Juan Pablo II y los cambios por mal tiempo
Durante una gira por varios países del sur de África en septiembre de 1988, el avión del papa Juan Pablo II tuvo que desviarse y aterrizar de emergencia en Johannesburgo, Sudáfrica. La decisión se tomó debido a una fuerte tormenta que impedía llegar a su destino. Finalmente, el pontífice continuó su viaje hacia Lesoto por carretera, en un vehículo escoltado.
Antes de ese imprevisto, Juan Pablo II ya había enfrentado al menos siete contratiempos, la mayoría relacionados con el mal tiempo. Esos episodios obligaron a anular actividades, provocaron retrasos o llevaron a modificar el medio de transporte previsto.
Uno de esos casos ocurrió el 10 de febrero de 1986, cuando regresaba de su viaje a la India. Debido a una fuerte nevada que colapsó Roma, el avión tuvo que aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Nápoles. Desde allí, el papa tomó un tren nocturno para volver a la capital italiana.
Benedicto XVI y Francisco también cambiaron sus planes
El 21 de agosto de 2005, el papa Benedicto XVI sobrevoló su Baviera natal durante el regreso a Roma y envió un saludo “desde las alturas” a su pueblo, Marktl am Inn. Para hacerlo, el piloto del Airbus de Lufthansa en el que viajaba redujo la altura de vuelo.
Ese ajuste supuso un desvío frente a la ruta aérea inicialmente prevista. Además de Marktl am Inn, el trayecto permitió que Benedicto XVI sobrevolara Altötting, Frisinga y Múnich, ciudades vinculadas con su infancia y juventud.
En el caso de Francisco, el vuelo papal no sufrió un retraso, sino que tuvo que adelantarse. El 17 de enero de 2015, durante su visita a Filipinas, el pontífice anticipó cuatro horas su salida por la amenaza de una tormenta tropical.
Francisco partió antes de lo previsto desde la ciudad de Tacloban, arrasada por el tifón Haiyan en noviembre de 2013. La decisión se tomó ante la cercanía de la tormenta tropical Mekkhala, que se aproximaba al país con vientos de hasta 130 kilómetros por hora.
Tres años después, el 22 de enero de 2018, un incidente de seguridad obligó al papa Francisco a permanecer en la base aérea Las Palmas, en Perú, donde había presidido una misa ante aproximadamente un millón de personas. Según el reporte, un hombre se cruzó en la ruta del papamóvil e intentó hacerle llegar algo al pontífice.
