Claudia López llega a la primera vuelta presidencial como una candidata con trayectoria nacional, experiencia ejecutiva y alto reconocimiento público, pero también con el reto de abrirle espacio al centro en una campaña marcada por la polarización, la seguridad y la disputa entre bloques políticos más definidos.
Exsenadora, exalcaldesa de Bogotá y una de las voces más visibles de la lucha anticorrupción en Colombia, López aspira a la Presidencia por el movimiento Con Claudia Imparables, acompañada por Leonardo Huerta como fórmula vicepresidencial. La Registraduría la ubicó en la posición tres del tarjetón para la primera vuelta del 31 de mayo.
Su candidatura quedó formalizada después de ganar la llamada Consulta de las Soluciones, en la que derrotó a Huerta, su único contrincante, con 574.670 votos frente a 44.035. Aunque ese resultado le permitió entrar a la carrera presidencial, también dejó una alerta política: la participación fue baja frente a otras consultas y evidenció las dificultades del centro para movilizar electores en una campaña dominada por el pulso entre izquierda y derecha.
De la Séptima Papeleta a la parapolítica
Claudia Nayibe López Hernández nació en Bogotá el 9 de marzo de 1970. Creció en una familia de clase media y su infancia estuvo marcada por la muerte accidental de su hermana menor, Martica, cuando ambas eran niñas y jugaban en la terraza de su casa en el barrio Prado Veraniego. López ha relatado ese episodio en entrevistas como uno de los hechos personales más duros de su vida.
Su trayectoria pública comenzó años después, en el movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta, que impulsó la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Desde entonces, su carrera se fue consolidando entre la academia, el periodismo de opinión, la investigación política y el servicio público.
Estudió Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado de Colombia, hizo una maestría en Administración Pública y Política Urbana en la Universidad de Columbia y obtuvo un doctorado en Ciencia Política en Northwestern University. También ha estado vinculada a espacios académicos internacionales como Yale y Harvard.
En su vida personal, López está casada con Angélica Lozano, excongresista de la Alianza Verde y una de sus principales aliadas políticas. Según han contado ambas, se conocieron en 2007 y su relación comenzó años después, cuando Lozano la acompañó durante una ruptura sentimental. Más tarde mantuvieron la relación mientras López continuaba sus estudios en Chicago y se casaron en diciembre de 2019. (El Tiempo)
Antes de llegar a cargos de elección popular, López ganó notoriedad por sus investigaciones sobre la parapolítica. Desde la Corporación Nuevo Arco Iris y la Misión de Observación Electoral documentó alianzas entre estructuras paramilitares y sectores políticos regionales, un trabajo que la convirtió en una figura incómoda para parte del establecimiento tradicional.
Anticorrupción, Senado y Alcaldía de Bogotá
En 2014 llegó al Senado por la Alianza Verde, desde donde impulsó una agenda centrada en anticorrupción, educación, medioambiente, inclusión social y paz. Su mayor capital político nacional llegó con la Consulta Anticorrupción, una iniciativa ciudadana que obtuvo cerca de 12 millones de votos, aunque no alcanzó el umbral necesario para ser vinculante.
En 2018 fue fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo en la Coalición Colombia. Un año después ganó la Alcaldía de Bogotá y se convirtió en la primera mujer elegida por voto popular para gobernar la capital. Su administración estuvo marcada por la pandemia, la continuidad de la primera línea del Metro, la creación del Sistema Distrital de Cuidado y una agenda de movilidad, educación e infraestructura social.
Ese paso por Bogotá es, al mismo tiempo, su principal carta de presentación y uno de sus mayores flancos. Para sus defensores, le permite mostrarse como una dirigente con experiencia ejecutiva en la ciudad más grande del país. Para sus críticos, su alcaldía dejó tensiones en seguridad, movilidad, manejo de protestas y relación con distintos sectores políticos y ciudadanos.
Esa ambivalencia pesa sobre su campaña. López intenta convertir su gestión en argumento nacional, pero esa gestión no genera consenso y sigue siendo uno de los puntos sobre los que más se disputa su perfil político.
Una fórmula poco tradicional
López escogió como fórmula vicepresidencial a Leonardo Huerta, abogado, licenciado en Filosofía, docente universitario, exsecretario de Educación de Pereira y exdefensor del Pueblo Delegado para el Derecho a la Salud.
La decisión fue presentada como una apuesta por una campaña alejada de las maquinarias tradicionales. Huerta no es una figura de alto reconocimiento nacional y obtuvo una votación reducida en la consulta, pero su perfil le permite a López reforzar un mensaje asociado a educación, ciudadanía, salud y regiones.
Sin embargo, esa fórmula también tiene un límite evidente: refuerza el relato de independencia, aunque no necesariamente amplía la base electoral. En una campaña presidencial donde pesan los apoyos territoriales, los partidos y la capacidad de movilización, la elección de Huerta puede leerse más como un gesto de coherencia política que como una jugada de expansión electoral.
Seguridad, salud y cuidado
El programa de López se organiza alrededor de seguridad, salud, cuidado, empleo, educación e inversión regional. Su campaña plantea que Colombia enfrenta tres crisis urgentes: la inseguridad, la parálisis del sistema de salud y la corrupción en el manejo de los recursos públicos.
En seguridad, propone una línea de “seguridad sin impunidad”, con fortalecimiento de la fuerza pública, control territorial, penas efectivas para delitos como atraco, extorsión y corrupción, y una Fiscalía Antimafia para enfrentar organizaciones criminales. Con ese eje busca disputar uno de los temas centrales de la campaña, en el que la derecha ha logrado instalar buena parte de la conversación pública.
En salud, plantea mantener un sistema mixto, pero con mayores controles contra la corrupción y los abusos. Su propuesta incluye garantizar medicamentos y tratamientos con apoyo tecnológico, además de integrar droguerías de barrio para acercar la entrega de medicamentos y reducir filas. Con esa postura intenta diferenciarse tanto de una ruptura total del sistema como de una defensa sin cambios del modelo actual.
Otro eje central es el Sistema de Cuidado y Protección Social, una bandera que retoma de su paso por la Alcaldía de Bogotá. La propuesta busca ofrecer servicios públicos y gratuitos de cuidado para niños, adultos mayores y personas con discapacidad, con el objetivo de liberar tiempo para que mujeres cuidadoras puedan estudiar, trabajar o generar ingresos.
Además, su programa incluye apoyo a pequeñas y medianas empresas con crédito barato y asistencia técnica; un millón de becas para educación universitaria, tecnológica y formación para el trabajo; y alianzas regionales para agua, energía, vivienda y transporte.
