Valencia Cossio habla de las decisiones de los poderosos

Publicado por: admin el Mié, 31/07/2013 - 10:06
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“O Cambiamos o nos cambian” es una antología de anécdotas que relatan lo que hubo detrás del telón en momentos decisivos no solo para la vida de su autor, el excongresista y exministro del Int
“O Cambiamos o nos cambian” es una antología de anécdotas que relatan lo que hubo detrás del telón en momentos decisivos no solo para la vida de su autor, el excongresista y exministro del Interior Fabio Valencia Cossio, sino de los más poderosos del país. Hoy será el lanzamiento del libro en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, con un conversatorio en el que participará también el expresidente de Colombia Álvaro Uribe, quien escribió el prólogo, y Adriana Bernal Salgado, presidente de KienesKien Casa Editorial Digital, a la que pertenece Kienyke.com. A continuación podrá leer extractos de seis capítulos de “O Cambiamos o nos Cambian”, en los que conocerá las dudas que sortearon los poderosos y recordará instantes claves en la vida política, como el episodio de “La silla Vacía” y cuando Álvaro Uribe decidió que quería un tercer periodo como mandatario. ¿Por qué vuelve Uribe? Uribe vuelve porque se ha sentido desengañado y también por vocación política. El expresidente Uribe apoyó e impulsó al hoy presidente, Juan Manuel Santos. Lo llevó al triunfo gracias al éxito de su gobierno, del que Santos fue partícipe. Nunca un presidente terminó su mandato con un índice de popularidad tan alto como Álvaro Uribe. La gente lo quería, deseaba otro período y, con toda certeza, si hubiera podido presentarse, habría arrasado por tercera vez.  Hay que recordar, de igual modo, que el actual mandatario, cuando se presentó como candidato, se comprometió a continuar con sus políticas de seguridad democrática. Pero parte de esas promesas quedó en el camino, enterradas por el manto del olvido. Uribe va a volver a la arena política. Por eso regresa como cabeza de lista al Senado. Su irrupción supone un hecho completamente nuevo en la política nacional. Devolverá al Congreso un poder real de control político. Es indudable que la presencia de Uribe en el Senado planteará algo muy importante para el maltrecho sistema de contrapesos del poder en Colombia: hará que el Legislativo recupere la independencia y, sobre todo, convertirá las Cámaras en un verdadero instrumento para el ejercicio del control al Gobierno. Una propuesta inesperada La entrada al cuartel de campaña de Uribe, aquel jueves primero de junio a las 5 de la tarde, no fue fácil para mí. No tenía claro qué era lo que Uribe tenía para decirme. Pero todo mi entorno me animaba a colaborar con él: el propio presidente Andrés Pastrana, con quien había comentado la propuesta, me había aconsejado decir que sí al nuevo gobierno. Minutos después, Uribe entró en la sala. Me preguntó por toda mi familia, sabía los nombres de cada uno de mis hijos. Las palabras que me dijo a continuación me convencieron: —Voy a sanear el país y voy a comenzar un nuevo proceso. Yo soy amigo del diálogo, así que el que quiera acogerse, será bienvenido. El que no, va a ser combatido. Mi gobierno va a ser de autoridad. Le aseguro que voy a combatir por igual a la guerrilla y al paramilitarismo. Lo sustancial estaba resuelto. Pero Uribe siguió hablando: —Para que usted esté más tranquilo, lo dejo en Italia. Cualquier proceso de diálogo en Europa pasará por usted. A partir de entonces, nuestra relación fue excelente. Sé que Uribe se preocupó de mí porque yo tenía una figuración política muy importante. Por eso, el movimiento político al que yo pertenecía en Antioquia, el Partido del Coraje, firmó un acuerdo con su gobierno después de nuestra conversación. La reconciliación ya era oficial. Pablo Escobar Nuestro presentimiento era cierto, las sospechas se confirmaron cuando un juez me llamó a declarar tras el allanamiento a la finca “El Bizcocho”, de Pablo Escobar. Me mostró una libreta en la que, en una página, había dibujada una cruz y debajo varios nombres: William Jaramillo Gómez (entonces alcalde de Medellín). Jaime Sanín Echeverri (periodista y papá de Noemí Sanín, excandidata presidencial). Valencia Cossio, R, S, F. Poco tiempo después, en la cárcel de Itagüí, un sicario confesó que, efectivamente, Pablo Escobar había ordenado asesinar a los tres hermanos Valencia Cossio (Ramiro, Sonia y Fabio), pero la orden no se cumplió por intervención de su mamá, doña Hermilda Gaviria. Inicialmente, ni mis hermanos ni yo creímos aquel cuento: nadie en mi familia tenía relación con Pablo Escobar, ni mucho menos con su mamá. Pero eso no era del todo cierto, y mi papá nos explicó el porqué. Nos contó algo que nunca habíamos sabido: Cuando él era visitador escolar, recorría los centros educativos de los pueblos y las veredas, y en una de esas veredas del suroeste era maestra la mamá de Pablo Escobar. Embarazada y enferma, le pidió a mi papá el favor de que la trasladara a un lugar más cercano a Medellín, ya que le costaba mucho desplazarse cada día hasta la escuela. Mi papá, que la vio realmente mal, le hizo el favor y la trasladó a El Tablazo, en Rionegro. Era el año 1949, y allí nació uno de sus siete hijos. Posiblemente Pablo Emilio. En el Caguán de tiempo completo El presidente Pastrana no sabía qué hacer. La ausencia del jefe de la guerrilla, Manuel Marulanda Vélez, también conocido como “Tirofijo”, en la fotografía oficial era un golpe muy duro. Una descortesía muy grande hacia un gobierno que le ofrecía todo. El presidente nos consultó si subía o no. Los que estábamos allí le aconsejamos que lo hiciera. Todos coincidimos en que, frente a la opinión pública, era mejor que la silla vacía fuese la de Marulanda, y no la del Gobierno. Él tenía dudas... pero finalmente subió. Y aquella imagen del presidente Pastrana en soledad inmortalizó el momento que ha pasado a la historia como “la silla vacía”. Entonces no fuimos capaces de interpretarlo, pero aquel era un augurio del poco compromiso de la guerrilla con el proceso. Hubo toda clase de excusas por parte de las FARC para justificar la ausencia de Marulanda en la mesa de negociación: que había francotiradores, que no estaba garantizada su seguridad... después nos dijeron que había sido un ataque de pánico escénico. Lo que pasó siempre ha sido un enigma para mí. Creo que, en parte, fue una estrategia publicitaria. La guerrilla quería demostrar que estaba fuerte y aquel desaire fue un gran golpe ante la opinión internacional. Andrés Pastrana en el Caguán, Kienyke El 7 de enero de 1997 se instalaba en el Caguán la mesa de conversaciones entre gobierno y Farc. El jefe de la guerrilla, Manuel Marulanda, no llegó al evento. Valencia recuerda qué sintió el entonces presidente Andrés Pastrana. El fin de un sueño Muchas cosas se habrían podido negociar en el Caguán. Y el Estado estaba dispuesto a ello. Sus representantes teníamos la disposición de llegar a acuerdos amplios y generosos. Se habría podido integrar la guerrilla a la sociedad civil y en la estructura productiva del país. Se habría podido pactar una Constituyente que reformara la Carta Magna, habrían tenido la oportunidad de tener representación política, como ya había ocurrido en el pasado. Pero la ceguera de las  FARC les hizo desaprovechar una oportunidad histórica. El Gobierno tenía previstos indultos para los miembros de la guerrilla, igual que los había habido para el desmovilizado M-19. Ese fue el motivo por el que Colombia demoró su adhesión a la Corte Penal Internacional. Se creyó que podríamos llegar a un acuerdo previo. Pero ello no fue posible. El día que Uribe dijo sí Le dije: “Presidente, si no sacamos hoy de la Cámara el referendo, se nos hunde el proyecto y obviamente la posibilidad de una segunda reelección”. Él me respondió: “Tengo muchas dudas, ministro”. A las 22:30 p. m., se seguía dilatando el debate, sabía que la no aprobación del proyecto ese día daría al traste con la reelección de Uribe. Porque ya no daría tiempo a que pasara las dos vueltas que todavía faltaban en el Senado, además de todo el trámite en la Corte Constitucional y la convocatoria de referéndum. Todo eso tenía que suceder antes de la convocatoria de elecciones en el 2010. A esa hora de la noche volví a llamar al presidente Uribe y le insistí, en el sentido de que si no citamos a extras ese mismo día, se daría muerte de trámite al referendo. Uribe me reiteró: “Tengo muchas dudas, ministro”, y le agregué: es imprescindible expedir el decreto ya, para publicarlo hoy en el Diario Oficial, requisito esencial para la convocatoria del Congreso a partir de las 00:00 horas del 17 de diciembre del 2008. El presidente guardó silencio por unos minutos y, a renglón seguido, manifestó: “Ya le paso a Edmundo del Castillo –en ese entonces secretario jurídico de la Presidencia– para que tramite el decreto”. A las 11:00 p. m., anuncié al Congreso la convocatoria de extras, a partir de las 00:05 a. m.  del 17 de diciembre del 2008. Así pudimos continuar el debate de forma extraordinaria. Este hecho fue considerado por los analistas una jugada maestra, no esperada por nadie. El proyecto fue aprobado en la madrugada de ese 17. Uribe, por fin, había dicho sí a la posibilidad de una segunda reelección. La iniciativa popular había superado así el segundo debate legislativo y pasaba a los dos últimos en el Senado de la República. Finalmente, el Senado, en el primer semestre del 2009, aprobó el referendo y pasó a examen de la Corte Constitucional, que lo declaró inexequible. El presidente Uribe, como demócrata integral, acató el fallo y el país vio así frustrada la posibilidad de continuar con su exitosa política de Seguridad Democrática, que le devolvió a Colombia su viabilidad como país democrático y le recuperó la confianza en su desarrollo económico y social. Lea También “No me he arrodillado a nadie, jamás lo haré”: Fabio Valencia Cossio