Especial Sánitas para Kienyke.com
En Colombia hay cerca de 1.500.000 personas con diabetes y la mayoría de ellas conviven con diabetes del tipo 2, la cual se presenta más en personas adultas, con sobrepeso y sedentarias.
Aunque se considera que existe un importante componente genético, los factores ambientales del estilo de vida actual, que conducen al sobrepeso, son los que precipitan la aparición de la enfermedad. Se ha comprobado que también hay un fenómeno de agotamiento paulatino de las células beta (las que producen la insulina), puesto que a medida que se envejece aumenta la probabilidad de tener diabetes. Por esto el número de personas con diabetes es más alto en la población adulta y anciana. Además, como la gente ahora vive más años y con el tiempo existirán proporcionalmente más personas adultas que niños y jóvenes, se espera que en próximas décadas haya un incremento marcado de la prevalencia de esta enfermedad.
Cuando a una persona se le diagnostica diabetes siente gran ansiedad y temor, pues lo primero que se le viene a la cabeza son las complicaciones padecidas por familiares o amigos que han sufrido la enfermedad, como son amputaciones, daños en los ojos y los riñones. Sin embargo, existe una gran verdad: el buen control de la diabetes, realizado desde el mismo momento en que aparece la enfermedad, puede prevenir o retardar la aparición o la progresión de las complicaciones de la diabetes. Se reconoce que la mitad de las personas al momento del diagnóstico de la patología ya presenta algún tipo de complicación crónica y que una tercera parte de la población diabética aún no sabe que tiene la enfermedad y, por tanto, en ellos se pueden estar produciendo cambios que los llevarán en un futuro a padecer las complicaciones crónicas de este mal.
Hay que considerar que no es solo el azúcar elevado en la sangre (hiperglucemia) lo que produce las complicaciones crónicas de la diabetes. Hay factores genéticos que hacen que a un mismo índice de glucemias una persona pueda no tener complicaciones y otra sí. También hay que tener en cuenta que otros agentes pueden agravar o acelerar la aparición de las complicaciones como son las dislipidemias (colesterol malo y triglicéridos elevados en sangre, y colesterol bueno bajo), la hipertensión arterial y el tabaquismo. A continuación se hace un repaso de las principales complicaciones crónicas de la diabetes.
Ya que la hipertensión y las dislipidemias son los dos principales factores de riesgo cardiovascular que incrementan la posibilidad de la ECV en el diabético, hay que anotar que más de la mitad de las personas con diabetes tienen hipertensión arterial. Es muy probable que cuando se les hace el diagnóstico de diabetes muchos de ellos ya sean hipertensos. Por eso, es indispensable que en cada visita médica se mida la presión arterial, ya sea para hacer control de los que están en tratamiento o para vigilar a quienes aún no tienen la enfermedad. En estos últimos, si en alguna ocasión la presión arterial sistólica es mayor o igual a 130 mmHg o la presión arterial diastólica es mayor o igual a 80 mmHg, es necesario repetir la medición de la presión arterial en otra consulta para confirmar la hipertensión. Se debe tener en cuenta que las cifras para diagnosticar hipertensión arterial son menores en pacientes con diabetes (≥ 130/80).
Puede que el tratamiento implique solo cambios en el estilo de vida o que requiera añadir uno o varios medicamentos antihipertensivos. Se debe reducir la ingesta de sal, bajar de peso, dejar de fumar, evitar el consumo de alcohol, hacer ejercicio y llevar una alimentación saludable, rica en frutas, verduras, vegetales, granos enteros y productos bajos en grasas.
Al igual que la población general, las personas con diabetes tipo 2 suelen tener hipercolesterolemia (aumento del colesterol en sangre) o dislipidemia mixta (aumento de colesterol y triglicéridos en sangre), pero lo característico es que tengan la “dislipidemia del diabético”, que consiste en tener triglicéridos altos y colesterol HDL (bueno) bajo.
Se recomienda que al menos una vez al año la persona con diabetes se realice un estudio lipídico completo (análisis de colesterol total, triglicéridos, colesterol HDL y colesterol LDL), ya que por el mayor riesgo cardiovascular, se busca que las metas en lípidos sean más bajas que en las personas no diabéticas. Pero más importante que la medición, son las medidas que se adopten para controlar estas cifras. El tratamiento se centra en la reducción del consumo de grasas saturadas y de colesterol y en medicamentos.
Debido a que en su estado inicial no hay síntomas evidentes, se requiere que todo diabético tipo 2 tenga una valoración oftalmológica desde el momento que recibe el diagnóstico de la diabetes.
Enfermedad cardiovascular (ECV)
Es la principal causa de muerte en personas con diabetes. La ECV comprende obstrucción de las arterias coronarias (ocasiona enfermedad coronaria e infarto del miocardio), de las arterias cerebrales (produce el “derrame” o la trombosis cerebral) y de las arterias periféricas, que si se tapan pueden producir gangrena en la extremidad comprometida. Numerosos estudios han demostrado que con un adecuado control de la glucemia desde los primeros años de tener la enfermedad y de los otros factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, dislipidemia, tabaquismo, sobrepeso) se puede prevenir o retardar la aparición de la ECV en personas con diabetes. El paciente debe esforzarse por mantener un nivel de glucemias lo más cercano a lo normal (el médico dirá cual es la meta apropiada), mantener el peso adecuado para su contextura, controlar las cifras de presión arterial, colesterol y triglicéridos, dejar de fumar, evitar las bebidas alcohólicas, llevar una adecuada alimentación y hacer ejercicio regularmente.
Ya que la hipertensión y las dislipidemias son los dos principales factores de riesgo cardiovascular que incrementan la posibilidad de la ECV en el diabético, hay que anotar que más de la mitad de las personas con diabetes tienen hipertensión arterial. Es muy probable que cuando se les hace el diagnóstico de diabetes muchos de ellos ya sean hipertensos. Por eso, es indispensable que en cada visita médica se mida la presión arterial, ya sea para hacer control de los que están en tratamiento o para vigilar a quienes aún no tienen la enfermedad. En estos últimos, si en alguna ocasión la presión arterial sistólica es mayor o igual a 130 mmHg o la presión arterial diastólica es mayor o igual a 80 mmHg, es necesario repetir la medición de la presión arterial en otra consulta para confirmar la hipertensión. Se debe tener en cuenta que las cifras para diagnosticar hipertensión arterial son menores en pacientes con diabetes (≥ 130/80).
Puede que el tratamiento implique solo cambios en el estilo de vida o que requiera añadir uno o varios medicamentos antihipertensivos. Se debe reducir la ingesta de sal, bajar de peso, dejar de fumar, evitar el consumo de alcohol, hacer ejercicio y llevar una alimentación saludable, rica en frutas, verduras, vegetales, granos enteros y productos bajos en grasas.
Al igual que la población general, las personas con diabetes tipo 2 suelen tener hipercolesterolemia (aumento del colesterol en sangre) o dislipidemia mixta (aumento de colesterol y triglicéridos en sangre), pero lo característico es que tengan la “dislipidemia del diabético”, que consiste en tener triglicéridos altos y colesterol HDL (bueno) bajo.
Se recomienda que al menos una vez al año la persona con diabetes se realice un estudio lipídico completo (análisis de colesterol total, triglicéridos, colesterol HDL y colesterol LDL), ya que por el mayor riesgo cardiovascular, se busca que las metas en lípidos sean más bajas que en las personas no diabéticas. Pero más importante que la medición, son las medidas que se adopten para controlar estas cifras. El tratamiento se centra en la reducción del consumo de grasas saturadas y de colesterol y en medicamentos.
Nefropatía diabética (daño de los riñones causado por la diabetes)
En la actualidad la principal causa de daño en los riñones (que requiere diálisis o trasplante) es la diabetes. Entre el 20 y 40 por ciento de los pacientes presentan daño renal. Múltiples estudios han demostrado que un óptimo control de la glucemia y de la presión arterial puede reducir el riesgo o retardar la progresión de la nefropatía diabética. La persona generalmente no presenta síntomas por muchos años y la única manera de detectarla en su fase inicial es a través de un examen que se llama microalbuminuria, el cual determina si los riñones están dejando escapar proteínas a la orina, lo que se considera evidencia de daño renal. Existen otros exámenes complementarios que ordena el médico ante la sospecha de esta complicación. El tratamiento de la nefropatía diabética se basa en el adecuado control de la diabetes y de la hipertensión arterial, y en un manejo nutricional y farmacológico específicos. Cuando la persona presenta un daño renal moderado o severo debe pasar a valoración y tratamiento con el grupo interdisciplinario especialista de los riñones.Retinopatía diabética
Es la causa más importante de ceguera en personas adultas. Tal y como sucede con la nefropatía, la hipertensión arterial mal controlada es un factor agravante para la aparición de la retinopatía diabética y, de igual forma, múltiples estudios han demostrado que un buen control de la glucemia y de la presión arterial puede reducir el riesgo de tener esta complicación.
Debido a que en su estado inicial no hay síntomas evidentes, se requiere que todo diabético tipo 2 tenga una valoración oftalmológica desde el momento que recibe el diagnóstico de la diabetes.
