Día del profesor: gemelas idénticas se dedicaron a educar

Publicado por: Erika Mesa Díaz el Sáb, 15/05/2021 - 15:33
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Erika Mesa Díaz
Las gemelas Padilla estuvieron siempre juntas. Al terminar el colegio, descubrieron que les apasionaban las lenguas extranjeras y la posibilidad de cambiar al mundo con ellas. Entonces, eligieron dedicarse a la enseñanza. Esta es su historia.

El 14 de mayo de 2021, Melissa Padilla asistió a un matrimonio y un funeral durante su jornada laboral. Un grupo de pequeños niños del Colegio Hispanoamericano, uno de los más prestigiosos de Bogotá, encontraron dos cucarrones en el jardín. Decidieron que eran cucarrón y cucarrona y decidieron casarlos, así que invitaron a la 'miss' a la ceremonia. 

Los niños tuvieron que volver al salón después del descanso y dejaron a los cucarrones afuera. Cuando regresaron al patio, la cucarrona había muerto por el sofocante sol del mediodía bogotano. La 'miss' fue invitada a acompañar a los niños y al cucarrón, ahora viudo, en su dolor. Un día más de trabajo como su titular de curso y su profesora de inglés. De cada año escolar podría escribirse una enciclopedia y cada día sería un largo fascículo.

Los profesores eligen una profesión de heroísmo anónimo, arduos sacrificios y gratas satisfacciones, pero esa no es toda su vida. Antes de ser profesora, Melissa fue niña y hermana de otra niña, Stephanie, quien estudió lo mismo que ella. Kienyke.com cuenta su historia.

La gran decisión

Cuando les dieron la oportunidad de preparar una exposición con tema libre para la clase de español de su colegio, Melissa y Stephanie Padilla eligieron hablar de gemelos idénticos: la condición en la que surgen dos hijos a partir de un solo par de gametos y un solo cigoto, cuyas características físicas pueden ser muy parecidas entre sí.

Decidieron hablar de eso porque así llegaron al mundo el 19 de mayo del 94: juntas. En efecto, físicamente son parecidas. En alguna oportunidad aprovecharon esa similitud para hacer una travesura adolescente: como una de ellas era mejor que la otra para hacer repeticiones de antebrazos con el balón de voleibol, se cambiaron las moñas para que el profesor no se diera cuenta de que la misma gemela hizo las pruebas de las dos.

El voleibol definitivamente no era su fuerte, pero estas gemelas supieron desde siempre que les apasionaban las lenguas extranjeras. Sus profesores de inglés, en su mayoría, lograron interesarlas en ese aprendizaje. También se mostraron como personas con muchas cosas para contar.

"Había profes que en ese colegio habían tenido mucha experiencia internacional. Entonces, uno les preguntaba y decían cosas como 'estas vacaciones estuve en Boston'; viajaban mucho y nos contaban cosas que veían ahí, y yo decía '¡guau, tan chévere uno poder hacer eso!'", recuerda Stephanie.

Por otro lado, a Melissa le gustaba la responsabilidad y la calidez del contacto con los niños pequeños. Lo supo desde cuando ambas tuvieron que prestar sus horas de servicio social. Las asignaron para cuidar a un grupo de niñas pequeñas mientras sus profesoras salían a almorzar.

"No sabíamos qué hacer con ellas. Entonces, uno de adolescente piensa 'pues, vamos a jugar' y jugamos; pero pero yo me sentí niña otra vez cuando estaba jugando con ellos: es es reírse de las cosas, espontaneidad. Entonces, ahí yo dije '¡eso me gusta!'", recuerda Melissa.

Cuando llegó la hora de elegir una carrera y una universidad, Stephanie, la gemela que nació primero, se dedicó a buscar con juicio carreras y universidades. Ella ya había elegido la licenciatura en lenguas extranjeras de la Universidad de La Salle, mientras Melissa no había escogido nada aún. Sin embargo, sabía que le gustaba el inglés y quería vivir de eso.

Al revisar el pénsum de la carrera que había elegido Stephanie, Melissa eligió "copiarse" de la elección de su hermana. Eso ocurrió en 2010 y ambas tenían 16 años.

Aprender a enseñar

A las gemelas Padilla les inculcaron todo el tiempo que estaban aprendiendo para enseñar luego, pero veían las aulas muy lejos del panorama. De todos modos el estudio de las lenguas les apasionaba: como su proceso educativo fue muy parecido hasta sexto semestre y coincidían en algunas clases, podían practicar lo aprendido en casa e intercambiaban series y canciones de su interés.

Se tomaban muy en serio su educación por varios motivos: para valorar el esfuerzo de sus padres por tener a dos hijas estudiando al mismo tiempo, porque les apasionaban los temas y para no defraudar a sus futuros estudiantes. También disfrutaban del acompañamiento de los asistentes: profesores enviados de intercambio para pulir los temas conversacionales y culturales con los futuros profesionales "que no tienen una gemela con quien practicar".

Creatividad en escasez y abundancia

El término 'gemelos idénticos' se usa para definir las condiciones de nacimiento, pero los gemelos comienzan a adquirir identidad por muchos factores. Por ejemplo, los cambios hormonales comienzan a dibujar rasgos únicos en sus rostros. Las experiencias de vida los hacen cambiar de intereses y actitudes. 

A partir de sexto semestre tuvieron que decidir los énfasis de sus carreras: inglés o francés. Como Melissa siempre había estado interesada en vivir del inglés, su decisión fue fácil. Stephanie, en cambio, decidió que estudiaría francés para no olvidar lo que ya había aprendido, al considerar que su inglés ya era lo suficientemente fuerte para comunicarse. Después de mucho tiempo juntas, las gemelas comenzaron a tomar caminos diferentes.

Cuando llegaron las prácticas, que les correspondieron en colegios del Distrito Capital, cayeron en la cuenta de lo que significaba la decisión que tomaron. "Uno se siente estudiante hasta el momento en que ya le dicen 'bueno estos son sus estudiantes y su salón", recuerda Melissa con una expresión de impacto, tal vez parecida a la que puso cuando se enfrentó a la situación.

Melissa también recuerda sus charlas con sus pequeños estudiantes durante la práctica y comenzó a sentir mucha empatía con ellos al saber que llegaban al colegio con hambre: "Yo los veía a ellos llegar a clase a las 8, porque obviamente uno llega antes, y los niños me decían 'miss, tengo hambre, tengo hambre, tengo hambre'. Yo preguntaba '¿por qué tienes hambre?' 'No, es que no desayuné porque mi mamá no me alcanza a hacer el desayuno, porque se tenía que ir al trabajo'. ¿Uno cómo está en una clase cuando sabe que los niños tienen hambre? O sea, ¿cómo van a concentrarse ellos si tienen hambre? ¡Porque son niños!".

En el caso de Stephanie, tuvo que enfrentarse por primera vez a un salón atiborrado de estudiantes de cuarto año en condiciones socioeconómicas vulnerables. Su reto era convencer a esos niños, que coexistían con pandillas, no tenían grandes proyecciones y cuyas edades oscilaban entre los ocho y once años, que aprender francés era divertido y valía la pena. 

"Es complejo, pero al mismo tiempo se sitúa como esa pequeña intriga. Tal vez, mientras estén más grandes, pueden continuar este tipo de proyectos de bilingüismo y puede haber un cambio en la sociedad también", recuerda.

Además de las realidades que enfrentan en casa los estudiantes de los colegios públicos, ellas identificaron otros problemas administrativos y metodológicos que posiblemente minan el proceso educativo de esos beneficiarios. "Vas a pedir 30 hojas y te dan 29", recuerda Stephanie con algo de frustración. 

"Los profesores allá se dedican más a cuidar a los niños, o sea, cómo ocuparlos. Piensan 'tengo que darles material para que estén ocupados durante una hora'", recuerda Melissa, quien cree que en el sistema distrital hay tanto profesores brillantes e innovadores como personas que improvisan a diario mientras llega la pensión. "Creo que ese tipo de profesores son los que más hacen daño a los niños y a la misma educación, porque finalmente es un conocimiento que los niños no van a adquirir no van a consolidar", opina.

Melissa se enganchó aún más con la idea de enseñar a niños durante sus prácticas. Stephanie, en cambio, disfrutaba más del contacto con adolescentes y adultos —y, a la vez, no estar siempre alerta ante "el niño que que le está apuntando con las tijeras al otro"—. Por otro lado, Melissa disfrutaba pasar horas preparando clases y buscando estrategias nuevas para que sus pequeños estudiantes se engancharan con los temas. Stephanie, en cambio, quería el privilegio que tienen algunas personas no docentes: tiempo libre.

Esas primeras diferencias comenzaron a construir una distancia física que antes era de unos metros, creció a cientos de kilómetros y hoy interpone un océano entre las dos hermanas.

El avión

Stephanie Padilla cambió su vida gracias a un viaje

Durante los semestres que cursó su énfasis en francés, creció el interés de Stephanie en postularse para ser asistente de español en Francia. Para ella, era "la oportunidad que tienes para viajar sin que te cueste tanto y que tengas una enriquecimiento académico y cultural enorme". 

El Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (Icetex) ofrece los cupos para ese programa, en el cual los futuros profesores de francés pueden llevar algo de la cultura latinoamericana a los niños franceses a cambio de una experiencia inmersiva total en Francia. Cientos de personas de las mejores universidades del país sueñan con conseguir un lugar y se postulan para ganarlo.

Con toda su fe puesta, Stephanie envió los documentos para postularse y se ganó el cupo. Era la primera vez que las gemelas pasaban tanto tiempo separadas, ya que siempre compartieron el mismo cuarto y sus cosas, pero valía la pena aventurarse a explorar el mundo.

Le asignaron una escuela pública y rural en Francia, donde comprobó que las carencias en la ruralidad eran notorias pero no dolorosamente profundas, como lo que ya había experimentado antes como practicante del distrito. Por ejemplo, los estudiantes recibían muchas ayudas y aquellos con necesidades especiales eran bien atendidos. 

Como parte del convenio con el Icetex exige entregar una carta de compromiso para volver al país, Stephanie regresó a Bogotá. Con la experiencia y libertad que ya había ganado, no le costó tanto la decisión de irse a Pereira para trabajar en el Liceo Francés. Su rol allí era ayudar a los niños que presentaban dificultades para ponerse al día con su francés.

La experiencia de enseñar en ese colegio fue muy distinta a la de ser profesora en un colegio distrital bogotano o una escuela rural francesa. El Gobierno francés financia esas instituciones y la disponibilidad de recursos cambia de cielo a tierra.

"En el Liceo Francés yo decía '¡necesito marcadores, necesito esto, una tableta para cada niño!' y todo es posible porque todo está en pro de que las condiciones de los estudiantes se mejoren. Ya depende del profesor que sepa hacer buen uso para que todo avance; que haya objetivos pedagógicos detrás de cada herramienta", afirma Stephanie.

También tuvo la oportunidad de trabajar en la Alianza Francesa, donde conoció las historias de vida de muchas personas que querían aprender francés para cumplir un sueño, como el de una vida nueva, una carrera o una maestría. "Su proyecto profesional depende de ti, de cómo le vas a aportar a esa persona", dice con entusiasmo. Recuerda el caso de un chef cuya motivación para aprender francés era la de irse a aprender más en Francia. "El sueño los profes, a la final, es que los estudiantes sean felices y que sus sueños se realicen también", asegura.

Ella opina que su vida cambió por completo gracias a la experiencia en Francia. "Pude trabajar en el Liceo Francés [de Pereira] por haber tenido una experiencia en un colegio francés. Habiendo vivido en Francia, habiendo conocido gente, habiendo conocido la cultura, habiendo conocido todo el sistema, habiendo trabajado también después en la Alianza Francesa, las puertas se sigan abriendo", recuerda con satisfacción. 

Stephanie alcanzó a reunir cuatro años de experiencia docente. Sin embargo, por la cuestión del tiempo libre y de los problemas de comportamiento de algunos involucrados en el ambiente escolar, a ella le causaba fatiga la idea de ser docente para toda la vida. Eso sí, no quería despegarse del todo de la enseñanza. "Cuando los estudiantes preguntan '¿ya se acabó el tiempo? ¿Tan rápido?' y yo decía 'sí, ya se acabó', yo creo que esa es una de las frases mas lindas que le pueden decir a uno. Piensa uno '¡no se aburrió, le gustó, quiere más!'", recuerda.

El secreto de ese éxito era su pasión por el tema y los recursos novedosos, generalmente tecnológicos, que encontraba para apoyar sus clases. Entonces, se le ocurrió la idea de aprender a desarrollar esa tecnología que hace de la educación algo más amable y divertido para docentes y alumnos.

Gracias a su experiencia con el sistema de educación francés, Stephanie se postuló a la Maestría en Didáctica, con énfasis en ingeniería pedagógica, de la Universidad Grenoble Alpes. En este momento, Stephanie está haciendo sus prácticas en una empresa francesa dedicada a crear material educativo para capacitaciones empresariales. "Ahora soy una profe detrás de cámaras", dice entre risas.

El cohete espacial

Melissa disfruta trabajar para sus niños

El hogar de Melissa y Stephanie también incluye a sus padres y a una pequeña hermana, Sofía. Durante los años en los que  Stephanie ha estado lejos de casa para explorar el mundo y las diversas maneras de ser profe, Melissa se convirtió en la indiscutible hermana mayor y la consentida de sus padres.

Luego de su paso como practicante en dos colegios del distrito, Melissa empezó a trabajar en importantes colegios privados de la ciudad. Su dulce voz y su infinita paciencia ayudaron a que le confíen a ella los primeros años de la básica primaria.

A diferencia de los colegios públicos, donde los profesores gozan de estabilidad laboral y solo son despedidos cuando cometen una infracción gravísima, es costumbre en los colegios privados que se ofrezcan contratos a término fijo: "son contratos a término de 10 meses —este año tuve suerte y estoy con 11 meses— y luego te terminan contrato sí o sí. Todos los años te liquidan y te dan tus cesantías, y al final de año tienes esa ansiedad de decir '¿será que me dejan o será que me dan continuidad?'", cuenta Melissa.

Ella, con el optimismo que la caracteriza, trata de ver el lado bueno de esta situación que taladra en la salud mental y financiera de muchos docentes colombianos que trabajan en el sector privado. Melissa prefiere verlo como la oportunidad de innovar cada día con más y mejores estrategias para enseñar a sus pequeños. De ese modo, al mostrar todo lo que es capaz de hacer por el progreso de ellos, la gerencia la tendrá en cuenta para el año siguiente.

El optimismo de Melissa parece desvanecerse a veces, cuando ella ha hecho todo lo necesario para apoyar a estudiantes que tienen grandes vacíos —a veces heredados del sistema de promoción automática— pero no lo consigue. También tambalea cuando los padres de familia la abordan con peticiones irrealizables o expectativas difíciles de cumplir; por ejemplo, que los útiles comprados en enero todavía estén completos en mayo o que los colegios suplan los valores que no enseñan los padres. De todos modos, ella se llena de paciencia para educar y educarse.

Por supuesto, ni Melissa ni Stephanie tuvieron que crecer en medio de una pandemia ni educarse en casa. Lo que hoy viven los pequeños estudiantes de Melissa es insólito y difícil de explicar: un día los niños pueden ver a sus amiguitos y recibir la ayuda de su profesora; al siguiente día declaran cuarentena estricta, se quedan solos en casa —porque sus padres deben trabajar— y la 'miss' está al otro lado de la pantalla, haciendo lo que puede para apoyarlos con el trabajo, sus emociones y el desarrollo de su independencia.

Eso sí, el amor por la labor docente le brota por los poros a Melissa y se nota en su forma de expresarse sobre su trabajo. Los años al frente de los más pequeños le han traído muchas alegrías, como ver a sus niños crecer y que todavía recuerden las actividades que hicieron junto con ella, incluso cuando ella ya cambió de colegio y los años ya pasaron.

"Alguien decía que un estudiante siempre va a olvidar lo que tú le enseñas académico, porque tarde o temprano la memoria borra lo que no usa, pero nunca se va a cuidar de cómo se sentía cuando estaba contigo, cómo se sentía cuando estaba en tus clases. Eso me parece muy importante, porque mientras un niño esté cómodo en la clase hay oportunidad de que él aprenda, de que se sienta mejor, de que pueda crecer, que finalmente es el objetivo de la educación", confiesa Melissa.

Ella muestra con orgullo el proyecto interdisciplinario que adelanta con los niños de su curso: 'si yo fuera un astronauta'. Imaginarán su nave espacial y relatarán las aventuras que vivirían si fueran astronautas. "Al final del bimestre van a imprimirlo en las impresoras 3D del colegio. Entonces, eso que ellos diseñaron y trabajaron todo el año, el cohete que nosotros tenemos aquí en la portada de nuestro libro, del que escribimos y demás, lo van a poder tener en físico. Eso marca a los niños", cuenta.

Aunque valora el trabajo actual de su hermana, Melissa dice que no podría vivir sin la acción que implica trabajar con los niños y acompañarlos en su proceso de convertirse en grandes personas. 

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