Diana Turbay: una periodista imbatible

Publicado por: juan.sacristan el Dom, 24/01/2021 - 12:37
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Después de 30 años del fallecimiento de Diana Turbay, su recuerdo y objetivo de paz continúa vigente en el país.
Diana Turbay

Una madre amorosa, una periodista incansable y una entregada luchadora por la paz del país era Diana Turbay, de quien el tiempo ni las balas del narcotráfico han logrado borrar la memoria de su vida y trabajo.

Este 25 de enero se cumplen 30 años de la noticia que conmovió al país, Diana Turbay, directora del noticiero Criptón y la revista Hoy x Hoy, dos de los medios de comunicación más importantes del país en las últimas décadas del siglo XX, había fallecido a causa de los disparos de sus captores que la tenían secuestrada hacía cinco meses atrás.

“Básicamente, a ella le apasionaba el país, la política y lograr cosas importantes. Ella había hecho un papel destacado en el acercamiento y el proceso de desmovilización del M-19 y la paz con ese grupo guerrillero, entonces ella quería seguir con ese tema y ser parte importante para la paz del país, creo que ese era uno de sus anhelos más grandes, no solamente como periodista, sino como colombiana y conocedora del tema”, recuerda Azucena Liévano, reporte del noticiero Criptón y secuestrada junto a Diana Turbay, en diálogo con KienyKe.com.

Fue precisamente ese interés por la paz del país y el avance de diálogos con los grupos guerrilleros, de lo que se sirvieron los secuestradores del grupo narcotraficante conocido como Los Extraditables, para tenderle una trampa a Turbay y su grupo de periodistas.

Los captores, por orden de Pablo Escobar, siguieron a Diana y la contactaron como supuestos miembros del ELN para una entrevista exclusiva con el 'Cura Pérez', jefe del grupo guerrillero, en la que además podría establecer un puente con el gobierno nacional para unos futuros diálogos de paz.

A las 5:00 de la tarde del 30 de agosto de 1990 Azucena Liévano, Diana Turbay, Juan Vita, Hero Buss, Richard Becerra y Orlando Acevedo salieron confiados a realizarle una entrevista al cura Manuel Pérez, a bordo de una camioneta conducida por los emisarios de esa organización criminal.

Después de cerca de dos días de viajes hasta donde supuestamente se encontraba el líder del ELN, los captores le revelaron que no habría una entrevista y estaban secuestrados bajo el poder de Pablo Escobar. Eran parte de un numeroso grupo de secuestros, como el del director de El Tiempo Francisco Santos, con el que el capo buscaba presionar al gobierno para eliminar la extradición a Estados Unidos.

“Ella tenía una figuración importante, además de ser directora de dos de los medios más importantes en ese momento, ella tenía un papel preponderante dentro del periodismo colombiano, mucha credibilidad, y había un respeto grande por su trabajo, conocimiento, trayectoria, era una persona a la cual todo el mundo respetaba, no solo el sector de los medios, sino también político y económico que la conocían demasiado bien”, señala Liévano sobre Diana Turbay.

Esa posición, además de ser hija del expresidente Julio César Turbay Ayala, había hecho de Diana uno de los objetivos para secuestro en los planes de Escobar Gaviria. Según pudo conocer y revelar ella misma en una entrevista durante el cautiverio al jefe de sicarios y director del secuestro Ricardo Prisco, que fue publicada póstumamente un año después por la revista Hoy x Hoy.

El jefe de la banda ‘Los Priscos’, al servicio de Escobar, le dijo a Turbay: “Necesitamos que nos saque unos comunicados porque es una persona de alta alcurnia en la sociedad, una periodista muy fina como la llamamos nosotros, muy metódica, muy analista de la situación. Su detención es preventiva mientras se aclaran unos puntos”.

Ese tesón periodístico de Turbay era reconocido por todo el país. “La conocí como mi jefe, trabajando al lado de ella, era una persona que conocía mucho sobre el periodismo, la política y el país”, asegura Liévano quien había empezado su carrera de reportera en el noticiero Criptón.

“Para uno que apenas empezaba era muy importante y valeroso, fue significativa esa orientación. Además, en los pocos espacios que pudimos compartir, no de trabajo, encontré una mujer carismática, amorosa, que siempre estaba dispuesta para todo el mundo, con muchos sueños y muchos proyectos por delante”, agrega Azucena.

Tanta era su entrega a la profesión, que incluso en medio del dolor y la angustia del secuestro, sintió la responsabilidad de entrevistar al jefe del rapto, quien en esa conversación le aseguró que no los iban a agredir. “Como bandidos que somos, como inteligentes que somos, no podemos tocarles un pelo y la orden es buena comida, lo que quieran, lo que necesiten y no se les puede tratar mal, y aquel que los trate mal ya sabe que se muere. Esta es una cosa muy estricta y muy delicada, porque usted es una persona muy importante”, dijo Prisco.

Pero la orden se rompió el 25 de enero de 1991, cuando los captores escucharon el sobrevuelo de helicópteros de la Policía sobre el lugar de retención. En ese momento, obligaron a Diana y a Richard Becerra a vestir sombreros y sacos negros para internarse en el monte y pasar como campesinos. Pero cuando las autoridades descendieron, se inició un intercambio de disparos que terminó por herir a la periodista, quien cayó al piso malherida.

Horas después, en el Hospital General de Medellín, Diana Turbay falleció a causa del disparo que recibió en su espalda. El país entero se conmocionó con la noticia, la violencia exacerbada del narcotráfico y la guerra de Escobar contra el Estado había cobrado una nueva vida.

Ese día terminaron poco más de cinco meses en que su familia, sus hijos María Carolina Hoyos y Miguel Uribe Turbay, y el país entero esperaban su regreso a la libertad. Un tiempo doloroso que, pese a las circunstancias, le permitió a Azucena Liévano conocer a una Diana Trubay más íntima y personal, la imagen que aún recuerda de esa mujer que se volvió trascendente para su vida.

“Compartimos demasiado en medio de la dificultad. Era una mujer fuerte en las circunstancias en que nos encontrábamos. Era un momento duro para el país porque era todo el momento del narcotráfico y el narcoterrorismo y por supuesto eso daba miedo, pero Diana era una mujer valiente, valerosa, que en el caso mío me apoyó, me dio su mano, me puso su hombro para que llorara mil veces, una persona con unos sentimientos muy, muy grandes, muy hermosos, un madre amorosa, una hija adolorida por la situación de sus padres en ese momento, compañera, amiga; en fin se volvió todo para mí”, señala Liévano.

Azucena fue liberada el 13 de diciembre de 1990, y solo Becerra y Turbay continuaron en cautiverio. Ella, como reconstruye García Márquez en Noticia de un secuestro, no quería dejar a su jefa sola y había esperado volver juntas a la libertad. Pero Diana le dijo que se fuera tranquila porque pronto se iban a volver a encontrar. Una afirmación que no se cumplió por los acontecimientos posteriores.

“Cuando hay oportunidad de hablar sobre ella, en ese momento, siempre la recuerdo con mucho cariño, creo que es el mejor homenaje, no olvidarla. Para mí fue una persona muy importante que marcó muchas cosas en mi vida, porque de ella no solamente aprendí a sentir que tenía una mano amiga, prácticamente una madre que me acompañaba en ese momento, sino también una profesional de altas calidades y cualidades, pero digamos que todos los momentos que vivimos para mí fueron muy importantes. Recuerdo esos espacios en los que sentíamos que íbamos a salir en libertad y sentíamos que íbamos a volver pronto a casa, esos son los recuerdos bonitos que tengo de ella, alegre, poníamos música y cantábamos, esos momentos en que sonreía, pensaba en futuro, en proyectos y que siempre estaríamos juntas, eso siempre lo he tenido en mi vida”, concluye Liévano.

El recuerdo de una lucha incansable por la paz del país, por un periodismo atento de la situación nacional y reporteros imbatibles, es la imagen que dejó Diana Turbay, quien 30 años después de su fallecimiento, continúa vigente en la sociedad colombiana.