Al Gore: “Thinking Green”

24 de marzo del 2011

El premio Nobel de Paz y ex vice presidente de los Estados Unidos, Al Gore, dejó a los asistentes de su conferencia en Bogotá un mensaje claro y contundente. Lo antecedió el presidente Juan Manuel Santos con una excelente alocución sobre su preocupación por el desarrollo responsable unido a una de las locomotoras de la prosperidad democrática, la minera, que plantea políticas públicas claras.

No es posible que quiénes expidan licencias ambientales para explotación minera sean simples profesionales con contratos irrisorios y sin un nivel de experticia mínimo. A esto Santos le dio alcance y señaló la posibilidad de sustraerse de autorizar la explotación minera por parte de la canadiense Greystar en el páramo de Santurbán, 400 km al noreste de Bogotá a 3.600 m de altura y que podría producir anualmente 511.000 onzas, alrededor de 16 toneladas de oro.

Santos dejó claridad que una cosa es el título minero y otra la licencia ambiental. La duda es si en la legislación minera es clara la prohibición de explotar minerales en zonas de páramo porque se expidió tal título. Si el presidente Santos fue contundente, Gore fue más allá al sentar su preocupación por Japón. Los nipones nunca estuvieron preparados para una crisis nuclear, simplemente porque algo así jamás había pasado en el mundo, expresó el ex vicepresidente estadounidense.

Al Gore es un líder carismático, con gran manejo del auditorio y un fuerte discurso en Pro de un sistema de vida ecológico que encarna bastantes preocupaciones y acciones a emprender, en su intento de bajar las emisiones de carbono y mitigar el efecto invernadero. Un planeta habitado por cerca de siete mil millones de personas, con un aumento demográfico muy alto, traduciría en un futuro a emisiones de CO2, cerca de noventa millones de toneladas en el mundo.

Gore propende porque la humanidad despierte frente al fenómeno del calentamiento global, el desafío de innovación y protección de la biodiversidad, que los gobiernos entiendan que los asuntos ambientales son también de seguridad nacional, seguridad ambiental y un compromiso moral.

En los últimos diez años, la tierra ha registrado las temperaturas más calientes. El 2005 fue el pico más alto, con 53 grados en Pakistán. El planteamiento es claro, la posibilidad de crear un impuesto al carbono, reducir los gases efecto invernadero, cambiar las fórmulas de manejo ambiental, alejarnos de los combustibles fósiles, y la necesidad de aunar esfuerzos para crear nuevas fuentes renovables.

De no ser así, el mundo estará condenado a más fuertes y frecuentes precipitaciones, sequías, incrementos en los precios de los alimentos. Solo basta ver las precipitaciones de Teresopolis Brasil, que en nada se compadecen con la ola invernal que vivimos en Colombia el año pasado y las altas temperaturas que enfrentó Rusia en los últimos meses, que dejaron incendios forestales y sequías.

Pensar en nuestro planeta, educar las próximas generaciones, el amor por el mundo que habitamos y entender que no hay otro parecido, si no queremos ser refugiados climáticos. Es hora de actuar.

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