Cambio y fuera

14 de diciembre del 2010

Colombia está más preparada para la bonanza minera que para el Cambio Climático Global. Mientras tanto, el POT organiza, pero los desastres y la gente más pobre del país siguen estando “en el lugar equivocado”.

En otras palabras, la naturaleza empezó a tributar antes que Santos y cada vez que se desvía un río se desvía la atención, porque, por ejemplo, el Fondo Nacional de Calamidades no tiene recursos para las calamidades y la Defensa Civil no está pensada para prevenir una crisis humanitaria como la que estamos viviendo.

Por eso el Plan de Desarrollo debe tener en cuenta al Cambio Climático Global, la política de subsidios de vivienda debe reinventarse, porque históricamente ha sido un fracaso y es necesario modificar el presupuesto para el año 2011, porque cuando las catástrofes naturales se convierten en tragedias humanas, el problema es estructural.

Es decir, Colombia necesita macro proyectos y obras de infraestructura pero que se relacionen de manera armónica con la naturaleza y el medio ambiente, porque la competitividad del país también depende en que no sigamos copiando modelos de desarrollo; que son los responsables por haber alterado la vida en el planeta en los últimos 100 años

En otras palabras, la naturaleza está respondiendo a los desastres naturales que provocamos nosotros los seres humanos y en este caso los responsables directos por acción u omisión son las corporaciones autónomas regionales, los terratenientes, las alcaldías, el gobierno nacional y la indiferencia de la gente común y corriente.

Por lo tanto, las corporaciones autónomas regionales deberían rendirle cuentas a algún órgano de control o de lo contrario, el gobierno debería intervenirlas o liquidarlas para que no sigan proliferándose como zonas francas en manos de bandidos y politiqueros, que se les hace agua la boca cuando piensan en el presupuesto que van a manejar.

Y ni para qué hablar de los alcaldes, que son los que permiten las invasiones, la minería pirata y las construcciones de viviendas en lugares vulnerables o de los terratenientes, que pastorean sobre la tierra que le pertenece al agua cargando una tabla de multiplicar.

Lo que no podemos desconocer es que el discurso ambiental es una posibilidad política para formar seres humanos conscientes de su ´huella ecológica´, que poco a poco ha ido calando en las transnacionales. Por ejemplo, el negocio de la Coca Cola ya no es la Coca Cola sino el agua y así sucesivamente existen muchos casos relatados en el libro “La Revolución Necesaria”.

Por eso quisiera que el discurso ambiental dejara de ser apocalíptico y se convirtiera en un ejercicio pedagógico en las escuelas y en la manera como los medios masivos de comunicación abordan el problema, porque las donaciones, los decretos, los Estados de Excepción y las tributaciones alivian la crisis humanitaria pero no le hace ni cosquillas al Cambio Climático Global.

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