¿De dónde sale tanta plata?

28 de febrero del 2015

¿Cómo es posible que haya tanto centro comercial lleno, tanta vivienda nueva?

En estos días hablando con un amigo banquero, le pregunté ¿de dónde sale tanta plata, cómo es posible que haya tanto centro comercial lleno, tanta vivienda nueva y tanta gente estrenando carro, teniendo en cuenta los salarios del colombiano promedio y los altos costos de vida?

Es evidente que el país está creciendo económicamente y eso podría explicar el asunto. Si hay más exportaciones y más inversión, habría más empleo y el ingreso de los colombianos incrementaría. Pero el Índice Gini, que mide la redistribución del ingreso de las personas de un país, indica que Colombia es el segundo más desigual de América Latina después de Honduras.

En otras palabras, el crecimiento económico de Colombia, que tanto celebramos, está concentrado en pocas manos y la plata que entra no logra redistribuirse de una manera equitativa. A partir de este escenario, ¿cómo explicar el alto ritmo de consumo?

La clave podría estar en identificar dónde están guardados los grandes capitales del país y dónde se invierten. En la mayoría de los casos, esa plata termina en los bancos, entidades que han experimentado un crecimiento significativo en los últimos años reflejando el buen momento económico del país.  Sin embargo, el negocio de los bancos está en prestar dinero, y entre más plata les entre, más plata tienen que poner en el mercado para evitar quedarse con ella quieta. El negocio está en la circulación, nada hacen dejándola guardada.

De esta necesidad que tienen las entidades financieras de colocar la plata y ponerla a circular, se explica el aumento en la oferta de crédito. De hecho, según cifras del Banco de la República, a diciembre de 2013, 34.1% de la cartera de las entidades financieras fue destinado a crédito para los hogares. “Niveles históricamente altos”, dice el Informe Especial de Estabilidad Financiera. “El endeudamiento de los hogares asciende a $131,1 billones de pesos, de los cuales el 69,4% corresponde a créditos de consumo y el 30,6% a cartera de vivienda. Como porcentaje del PIB la deuda de los hogares ascendió al 18,5% en diciembre de 2013”.  Más preocupante aún, el porcentaje del ingreso mensual que se destina al servicio de la deuda en los hogares colombianos es de 50.6 %. En otras palabras, la mitad del sueldo de los hogares se usa para pagar deudas de vivienda y consumo.

La competencia en el mercado crediticio por colocar esta plata hace que las entidades financieras adopten estrategias agresivas de colocación y los requisitos para acceder a créditos se hagan más flexible. Por más historia crediticia del cliente y matrices que se usen para verificar la capacidad de pago del deudor,  la fuerza del mercado y la necesidad renta termina imponiéndose sobre los requisitos que tienen que cumplir los bancos para prestar la plata.

Ahora, vale la pena aclarar que el problema no es el consumo como tal, al contrario, eso dinamiza la economía y genera empleo, entre otros. El problema radica en que el crédito se está usando para el consumo y la necesidad de prestar la plata prima sobre el riesgo que se corre al prestarla.

Se podría hablar entonces de una redistribución a través del crédito como para pensar que a todos nos está tocando el crecimiento del país. Pero es una redistribución que no es sostenible y que va calentando la economía al fomentar una deuda que no tiene cómo pagarse, un deuda que se paga con otra deuda hasta que termina reventando. Algo parecido a lo que pasó en Estados Unidos, donde los bancos, con el aval de las calificadoras de riesgo, se agarraron a prestarle a todo el mundo para vivienda saltándose los requisitos legales. La burbuja explotó porque la gente no pudo seguir pagando intereses y la crisis fue mundial. Afortunadamente el gobierno americano decidió asumir la deuda y evitar una catástrofe superior. En nuestro caso, ¿el gobierno colombiano tendría la capacidad de asumir una deuda privada de tal magnitud y hacerla pública, o sea poner a los colombianos a pagarla?

Otro ejemplo es el caso de Grecia. Los países de la Unión Europea que les estaba yendo bien decidieron prestar el exceso de ingresos que tenían sabiendo el riesgo que implicaba invertir en un país con las condiciones de Grecia. En su momento hubo un boom económico en el país, de repente muchos con carro, casa y consumiendo sin límite en centros comerciales, hasta que explotó y la gente no pudo volver a pagar intereses. El gobierno no tuvo la capacidad para resolver el problema y todos a la calle a protestar por las políticas de austeridad que se adoptaron para responder por los intereses de las deudas adquiridas. Tales medidas tendrían consecuencias de otro color en Colombia que seguramente irían más allá de las protestas.

¿Cuánto depende la política pública de los movimientos del mercado, hasta dónde hay que dejar que el mercado se encargue de la redistribución del ingreso? Son preguntas que vale la pena formularse dados los nuevos patrones de consumo del colombiano y el incremento significativo en la demanda de crédito de consumo.

Si no existen las condiciones económicas para asumir una deuda, las entidades financiera deberían ser más precavidas a la hora de ofrecer el crédito. Si las crisis financieras recientes se han dado por el exceso de crédito en el mercado, no podemos caer en la misma trampa y sufrir el mismo error.

Sin embargo, propongo que demos por sentado que los incentivos del mercado van por encima de las leyes de los gobiernos, y que los bancos siempre estarán ávidos de colocar la plata que les entra. Mejor asumamos la responsabilidad de sobre el tipo de consumo que hacemos y tratemos de entender qué es lo que nos lleva a querer consumir tanto y en muchas ocasiones sin necesidad. Identificar por qué ese deseo de consumo innecesario y tratar de resolverlo puede ser más efectivo y rentable que tratar de cambiar el sistema.

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@tobalvasquez

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